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05 de mayo de 2020

En México, sólo 20 por ciento de las empresas tienen acceso al desarrollo tecnológico, a la investigación y la globalización, características que les permitirán enfrentar las consecuencias de la COVID-19; el resto debe iniciar el proceso para convertirse en una organización resiliente y poder reducir los costos que representa la emergencia sanitaria, afirmó Erika Villavicencio-Ayub, coordinadora e investigadora de Psicología Organizacional de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM.

Características como el elevado índice de rotación de personal, la falta de compromiso, baja productividad y continuidad, ambientes tóxicos y liderazgos negativos, son algunos elementos psicosociales que impiden la toma de decisiones de las direcciones y en la gestión de recursos, incluido el humano, explicó la investigadora.

En el país, 80 por ciento de las empresas son consideradas tóxicas, por liderazgos negativos, acoso laboral, jornadas laborales extenuantes, interferencia en la relación trabajo-familia y cargas de estrés, que provocan trastornos de ansiedad; esto se deriva de la naturaleza de las funciones del puesto, del tipo de jornada y la exposición a sucesos traumáticos severos o a actos de agresión laboral contra el trabajador, resaltó la académica, que por más de 10 años se ha dedicado a investigar las culturas de trabajo en diferentes organizaciones de nuestro territorio.

“Para evitar multas, la mayoría de las empresas aparentan cumplir con la norma NOM-035-STPS-2018, cuyo fin es identificar, analizar y prevenir factores de riesgo psicosocial en las organizaciones, y eso repercute en los equipos de trabajo, en el desempeño, provoca fugas de talento y costos exponenciales. Si realmente queremos generar compromiso, es necesario apostarle a un buen desarrollo, y que los trabajadores se sientan importantes”, subrayó.

“Lo ideal sería un programa de contención donde se incluya su salud mental, para que cuando regresen laboren en óptimas condiciones. El buen empresario sabe que la inversión que haga en su gente impactará positivamente en los resultados”.

En el contexto normativo de las reformas laborales que se han realizado en los últimos años y que rigen el actuar de las organizaciones en el país, han surgido el Reglamento Federal de Seguridad y Salud en el Trabajo (2014) y la NOM-035-STPS-2018 (2019), entre otros.

Cómo lograr empresas resilientes

De acuerdo con un modelo funcional desarrollado por Villavicencio-Ayub, existen 11 etapas para que las empresas sean resilientes. La primera es “Actuar”, en la que se requiere de una guía definida que permita a la organización salir a flote. Otra, “Tomar decisiones”, en la que el equipo directivo analiza los escenarios y decide qué es lo más conveniente para fortalecerse, sobre todo durante esta contingencia.

“Afianzar las condiciones”. Como resultado de semanas de trabajo en una nueva modalidad derivada del confinamiento, se llegará a la fase de readaptación, que abre la puerta a la innovación, al incremento del desempeño y a un mayor control de los objetivos. En la etapa de “Planeación” se define hacia dónde ir, qué hacer, qué se debe adecuar para ser sostenibles a pesar de la pandemia y los impactos económicos.

En “Operaciones” se establecen planes de continuidad que garanticen liquidez, cadena de suministro, contacto con clientes, funciones adaptables y eficientes; se incluyen políticas del trabajo en casa, salud y salud mental, así como seguridad de los empleados. La “Innovación” es la habilidad para encontrar nuevas perspectivas y aplicarlas de forma estratégica para crear distintas oportunidades de negocio.

En el “Liderazgo adaptativo”, el líder es perfilado como altamente funcional y adaptable, capaz de manejar los procesos de cambio con inteligencia, estrategia y gestión de crisis; es el responsable de generar lazos de confianza con los equipos, y de recuperar y difundir una cultura laboral sana. Las empresas mejor preparadas tienen un “Comité de Gestión en Crisis”, que realiza simulacros y define procesos de actuación, como planes de continuidad, recuperación ante desastres y estrategia de comunicación.

‘“Home office” es la etapa en la que se establecen protocolos de actuación para administrar equipos de manera remota y desarrollar competencias en el manejo efectivo de reuniones y comunicación. El 70 por ciento de los puestos pueden hacerse a distancia, pero la cultura laboral de muchos directores no es madura para asumir esta modalidad”, enfatizó la experta.

Indicó que el “No retorno a la normalidad” significa que cambiará la forma en que las empresas se mueven, construyen, relacionan, aprenden y se conectan, por lo que deben diseñar estrategias que guiarán la sostenibilidad, la generación de ingresos y reactivación económica.

También es importante la “Salud de la gente”, que implica proteger y cobijar al trabajador, mediante acciones que impliquen temas del capital humano para brindarles tranquilidad, transparencia y seguridad.

“El mensaje es claro, basta con voltear a las empresas que ya han avanzado hacia el bienestar de sus colaboradores. Es necesaria la trasformación de raíz en el cuidado y prevención de cada factor de riesgo psicosocial para fortalecer a los equipos de trabajo y que adquieran la capacidad de ser flexibles y resilientes para sobreponerse a cualquier crisis”, concluyó.

Boletín UNAM-DGCS-399/2020

BOGOTÁ D. C., 04 de mayo de 2020 — Agencia de Noticias UN-

Estas personas deben optar por una alimentación saludable, que satisface las necesidades de energía y nutrientes en todas las etapas de la vida proporcionando una dieta completa, equilibrada, suficiente y adecuada (CESA).

En Colombia se ha establecido que el plato con una alimentación saludable debe contener seis grupos de alimentos (cereales, raíces y tubérculos, frutas y verduras, leche y lácteos, carnes huevos y leguminosas, grasas y azúcares). Igualmente, se debe tener muy presente el consumo de proteína y micronutrientes, dos nutrientes directamente relacionados con el sistema inmune.

Así lo afirma la nutricionista y dietista, Yolanda Quintero, experta en nutrición de pacientes con VIH, egresada del Departamento de Nutrición Humana, de la Facultad de Medicina, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien dictó la charla virtual “VIH/Sida y confinamiento ¿Qué hacer desde la nutrición?”.

Las personas infectadas con el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) presentan un descontrol de su sistema inmunológico, el cual se desborda en sus respuestas y empieza a producir células que se atacan entre sí, causando inflamación en los órganos. Es por eso que tanto el tratamiento de la enfermedad como todo lo que mantenga y refuerce el sistema inmunológico es de vital importancia para retardar su avance.

Según la experta, cuando el sistema inmune de las personas se encuentra comprometido cualquier germen puede tomar ventaja; para el caso de VIH, la presencia de esos agentes es conocida como enfermedades oportunistas y está relacionada con la salud de la persona, con su estado nutricional y con la adherencia al tratamiento antirretroviral.

De la desnutrición a la obesidad

Entre la nutrición y el virus del VIH existe una relación muy estrecha, que pasa por cuatro episodios: El primero de ellos es la desnutrición, en la cual se afecta negativamente el sistema inmune y las tasas de mortalidad tienden a ser mayores; el segundo es el sobrepeso y obesidad, que ha aumentado de manera importante en pacientes con VIH y altera su perfil cardio-metabólico, pues se asocia más con enfermedades crónicas.

Un tercer episodio lo constituyen, precisamente, estas enfermedades -hipertensión, diabetes, osteoporosis y deterioro cognitivo- las cuales se relacionan con el estado nutricional de las personas.

Finalmente, está la inseguridad alimentaria, conocida como la falta de acceso físico y económico a los alimentos que permiten satisfacer las capacidades nutricionales de cualquier individuo. Para las personas que viven con VIH, la inseguridad alimentaria oscila entre el 24 y el 54 %, según la docente.

Esa situación se complica aún más, cuando también padecen de enfermedades mentales, abusan de sustancias psicoactivas y viven en situación de pobreza.

Es por esto que muchos factores influyen en los requerimientos nutricionales de estas personas y que el profesional en nutrición debe tener en cuenta.

Entre estos se debe evaluar el estado nutricional del paciente, si hay alteraciones metabólicas, presencia de infecciones o enfermedades oportunistas, vigilar el tipo de tratamiento antirretroviral y la tolerancia ante algunos alimentos, además de considerar los recursos económicos de los pacientes relacionada con la soberanía alimentaria, si hace o no actividad física, y cuál es la población afectada (niño, mujer gestante o adulto mayor).

Mejorar respuesta inmune

La proteína es un nutriente fundamental para el desarrollo de la respuesta inmune dado que a través de ella se forman anticuerpos; se recomienda ingerir en cada comida de 20 a 30 gramos de proteína para mantener la inmunidad y la salud muscular.

Los micronutrientes, por su parte, representan un grupo muy importante para el sistema inmune, compuestos principalmente por las vitaminas A, C y E, que, además del Selenio, el Zinc y el Hierro, cumplen funciones antioxidantes, que son importantes en personas con VIH, porque combaten los radicales libres, moléculas que se producen cada día en el organismo y que al multiplicarse pueden causar daños en las células.

La especialista recomienda que no solo tener presente el contenido nutricional de los alimentos, sino un estilo de vida saludable, evitando el alcohol, el tabaquismo y el sedentarismo, ya que son factores que influyen en el riesgo cardiovascular.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

04 de mayo de 2020

Las pérdidas de cosechas de maíz, sorgo y algodón que se registran anualmente en México podrían disminuir gracias a un biofungicida desarrollado por científicos del Instituto Politécnico Nacional (IPN), quienes mediante un protocolo de investigación comprobaron la acción del natural producto elaborado a partir de bacterias y hongos benéficos, el cual combate a los patógenos Fusarium sp, Aspergillus y Macrophomina sp.

En ese sentido, el Secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán ha indicado que la educación de calidad es un compromiso de la Nueva Escuela Mexicana para impulsar la formación de profesionistas con responsabilidad social, aptos para desarrollar investigaciones en beneficio de los mexicanos.

A su vez, el Director General del Instituto Politécnico Nacional, Mario Alberto Rodríguez Casas, destacó que estos avances son producto de la sólida formación de los investigadores politécnicos y del sentido social que guía su desempeño.

El doctor Jesús Gerardo García Olivares, investigador del Centro de Biotecnología Genómica (CBG) y titular del protocolo señaló que tal es la gravedad del daño que causan estos hongos, que cultivos enteros de maíz blanco, sorgo y algodón se pierden o se dificulta su comercialización o cosecha en tierras agrícolas de diversos puntos del territorio nacional y acotó que específicamente en la región noreste de Tamaulipas se ha dejado de sembrar maíz blanco debido a la afectación que generan.

Para hacer frente a esta situación, el especialista politécnico aplica los conocimientos y experiencia adquiridos por más de 40 años como ingeniero agrónomo y experto en producción agrícola para formular un fungicida biológico a partir de bacterias para combatir a dichos patógenos, ya que muchas veces se usan agroquímicos como fungicidas y pesticidas que causan degradación de las tierras agrícolas y afectación al medio ambiente.

Explicó que el principal problema es que Fusarium sp y Aspergillus producen aflatoxinas (toxinas que, de acuerdo con la Norma Oficial Mexicana no son permisibles para el consumo humano por ser sustancias hepatotóxicas, carcinogénicas, teratogénicas y mutagénicas), en tanto que Macrophomina sp genera pudrición carbonosa que ataca al cultivo de sorgo y maíz, lo cual provoca pudriciones radiculares que generan pérdidas de rendimiento y dificultad de realizar la cosecha.

Detalló que los estudios han comprobado la eficacia de bacterias del género Bacillus, las cuales esporulan y pueden tener una vida de anaquel adecuada para combatir a los hongos patógenos, así como hongos del género Trichoderma.

En la primera etapa del proyecto se hizo la caracterización morfológica molecular de los microorganismos nativos del suelo de la región, se efectuaron pruebas de antagonismo con los hongos blanco Fusarium sp (que afecta al maíz) y Macrophomina (que daña al sorgo).

Posteriormente mediante estudios por Cromatografía de Líquidos de Alto Rendimiento (HPLC), se concluyó que las bacterias del género Bacillus tienen una función dual, ya que combaten al hongo y además favorecen el crecimiento de la planta mediante la producción de la hormona vegetal llamada ácido indolacético, que estimula el crecimiento radicular y mejora la asimilación de macronutrientes (fósforo y nitrógeno), los cuales inciden en el aumento del rendimiento y calidad de los cultivos de maíz, sorgo y algodón.

Para favorecer el cultivo de las bacterias Bacillus, el doctor García Olivares generó un “medio de cultivo biológico”, –cuya patente está en proceso– potenciado por una fuente energética de melaza y ajustado con sulfato de amonio para conseguir el rango ideal de pH y de esa manera optimizar el crecimiento de colonias bacterianas.

“Con este medio de cultivo hemos producido en un fermentador de 80 litros una importante cantidad de Bacillus y se ha probado su eficacia en hongos Fusarium sp (daña al maíz), Macrophomina (afecta al sorgo) y Damping off (perjudica al algodón), que son los principales problemas fitosanitarios de la zona noroeste y de Tamaulipas”, apuntó.

Además refirió que en cultivos de invernadero han corroborado que se controla la presencia de Fusarium sp, “no hay efectos del hongo en las primeras etapas de desarrollo del maíz, en el sorgo Macrophomina mostró control de 90 por ciento, en tanto que el biofungicida tuvo control de Damping off en las primeras etapas de pudrición”, puntualizó.

Fuente: ipn.mx

04 de mayo de 2020

Las medidas de confinamiento son necesarias para prevenir la propagación la COVID-19, pero han incrementado el riesgo de niñas y mujeres de ser víctimas de violencia psicológica, física, sexual, económica y feminicida por parte de parejas, padres, hermanos e hijos, entre otros integrantes de la esfera familiar, afirmó Aimeé Vega Montiel, del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la UNAM.

La universitaria destacó que de acuerdo con la Red Nacional de Refugios A.C., las llamadas atendidas por ese organismo durante el mes de marzo por violencia de género, fueron 155 mil 614, un promedio diario de tres mil 729 mujeres que pidieron auxilio.

Esta situación deriva de la cultura machista, que asociada a la inestabilidad económica que representa la emergencia sanitaria, incrementa la tensión en los hogares y maximiza la vulnerabilidad de ellas, explicó.

Además, el riesgo de violencia se agrava por la suspensión de labores en algunas áreas del Poder Judicial; “eso nos ha alertado por la ausencia de un plan de contingencia para las autoridades, enfocado particularmente a niñas y mujeres”.

“A estos problemas se aúna la pobreza; según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, 32 millones de mujeres tienen ingresos inferiores a la línea de pobreza, y 27 millones se encuentran en esa situación”, refirió Vega Montiel.

Tras resaltar que 92 por ciento de las personas que trabajan en la informalidad en México son mujeres, la universitaria señaló que el llamado para quedarse en casa no ha considerado a quienes dependen de su salida al espacio público para comercializar sus productos u ofrecer sus servicios.

Otro aspecto es la inseguridad alimentaria, pues la pérdida de empleos ha dejado a muchas mujeres sin recursos para adquirir comida; además, algunas carecen de acceso al agua para la limpieza diaria.

Asimismo, expuso que otra violencia a la que están expuestas las mujeres, en México y diversas partes del mundo, es la fragilidad de las condiciones en que operan si son personal médico en hospitales públicos.

En estos momentos más que nunca es evidente la vigencia de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, “hoja de ruta desde 1995 para impulsar la igualdad de género. Es urgente que los gobiernos garanticen los recursos para un plan integral que ponga al centro a niñas y mujeres.

“Este plan debe fortalecer las medidas de prevención, atención, sanción y erradicación de la violencia contra ellas, lo que incluye transferir a la brevedad recursos financieros para la operación de refugios, bajo la responsabilidad de organismos de la sociedad civil”.

Además, concluyó Aimeé Vega Montiel, se les debe garantizar una vida digna en el marco de esta contingencia sanitaria, asegurando su acceso a servicios sanitarios, ingresos económicos, alimentación, agua, y educación, entre otros rubros.

Boletín UNAM-DGCS-394/2020

29 de abril de 2020

El insomnio es otra de las consecuencias de la contingencia sanitaria por COVID-19 y el distanciamiento social. Las personas no se levantan a la hora acostumbrada para llegar a la escuela o al trabajo, han disminuido su actividad física, toman siestas durante el día y pasan más tiempo con dispositivos electrónicos que emiten luz brillante y afectan el sueño, afirmó Ulises Jiménez Correa, investigador de la Clínica de Trastornos del Sueño, de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM.

Dormir bien es importante para estar tranquilos durante el día, pero ahora se está desfasando nuestro ciclo de sueño; además, no ver a los amigos y disminuir las actividades psicosociales –escuela, trabajo, deporte– genera estrés, y ver en exceso noticias sobre la pandemia hace que nos sintamos ansiosos, lo cual contribuye al insomnio, agregó.

A ello se suman otros trastornos como las parasomnias: sonambulismo, rechinar de dientes u orinarse dormidos, que se exacerban poco a poco al estar ansiosos, como ocurre en este periodo de cuarentena, expuso.

Para evitarlo, es necesario procurar seguir con nuestros hábitos: acostarnos y levantarnos a la hora acostumbrada y cubrir las siete horas promedio de sueño, en el caso de adultos sanos; en cuanto a los niños, se debe vigilar que duerman bien para evitar que al día siguiente estén irritables y alteren la convivencia familiar, recomendó.

También sugirió hacer actividad física por la mañana, mantener los horarios de alimentación, y si se toma una siesta, que sea temprano y no por más de 20 minutos.

Para llevar de la mejor manera la permanencia en casa, el también integrante de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Sueño, recomendó limitar la exposición a las noticias para no tener una carga emocional negativa.

Asimismo, evitar la estimulación luminosa brillante de los dispositivos electrónicos antes de ir a la cama, pues no permiten que produzcamos melatonina, sustancia necesaria para empezar a dormir.

Otra sugerencia es tener contacto social virtual para disminuir el estrés. “Si bien no podemos visitar a nuestros seres queridos, sí se pueden hacer videollamadas o videoconferencias para saber cómo están y conversar”.

De igual manera, pidió evitar el consumo de tabaco, más cuando la epidemia por la que atravesamos es por una enfermedad respiratoria.

A quienes presentaban problemas de insomnio antes de la contingencia, el universitario sugirió ver la posibilidad de acudir a consultas psiquiátricas para que los apoyen con fármacos para dormir, “pero de ninguna manera automedicarse, incrementar las dosis de medicamentos o combinarlos con bebidas alcohólicas”.

“Todos estamos un poco estresados por el confinamiento, pero tarde o temprano regresaremos a nuestra vida normal y por ahora hacemos mucho cuidándonos, alimentándonos bien e hidratándonos”, concluyó el académico de la UNAM.

Boletín UNAM-DGCS-373/2020