Noticias Universitaria
Minuto a Minuto

16 de noviembre de 2020

Pequeñas estructuras porosas hechas de materiales como colágeno, hueso de bovino y biopolímeros se elaboran en la UNAM para ayudar en la regeneración de huesos y tejidos del organismo humano.

Se llaman andamios moleculares, son biomateriales de tercera generación que se insertan en estas partes del cuerpo en los que se desarrollan de nuevo las células del paciente; pertenecen a la ingeniería de tejidos.

“La ingeniería de tejidos, también conocida como medicina regenerativa o terapia celular, es la rama de la bioingeniería que emplea la combinación de células, métodos de ciencia e ingeniería de materiales, bioquímica y fisicoquímica para mejorar o reemplazar funciones biológicas”, explicó María Cristina Piña Barba, investigadora del Instituto de Investigaciones en Materiales (IIM) de la UNAM, dedicada a la investigación y producción de estas estructuras.

Agregó que en la práctica está relacionada con las aplicaciones de reparar o reemplazar, parcial o totalmente, hueso, cartílago, válvulas cardiacas y vejiga. También se ha probado en tráquea, hígado y corazón.

Estos andamios -que se producen en laboratorio y ya se prueban experimentalmente en pacientes-, son diseñados para estar en contacto con tejidos vivos tomando en cuenta que sus propiedades superficiales son fundamentales para lograr una respuesta positiva.

Por ello, un biomaterial debe ser biocompatible (el organismo debe aceptarlo), estable químicamente (no debe degradarse con el paso del tiempo), resistente mecánicamente (no debe fracturarse) y no tóxico (no debe dañar otras partes del cuerpo).

En los biomateriales de tercera generación, comentó Piña Barba, se transitó de utilizar materiales inertes para sustitución de tejidos vivos, al diseño de bioactivos y biodegradables para la reparación de tejidos. “Así se ha pasado de sustituir a reparar y ahora a regenerar tejidos vivos”, señaló.

Los andamios moleculares se desarrollan, por ejemplo, de colágeno, y en ellos no existe ninguna célula viva, solo la estructura porosa. En el laboratorio se le añaden células del área a regenerar del paciente, factores de crecimiento y medios de cultivo, detalló Piña Barba.

Una vez transcurrido el periodo de cultivo -ya con las células de la persona-, éstas crecen dentro del biomaterial y se pueden introducir al cuerpo en el área a regenerar. “Lo más sencillo es implantar directamente el andamio con los únicos requisitos de ser biocompatible, poroso, biodegradable o reabsorbible y con unas propiedades mecánicas mínimas”, explicó.

Otra opción es colocarlo en el que previamente se hayan sembrado células del paciente, que es lo que se conoce como ingeniería de tejidos.

La especialista informó que existen otras dos opciones: implantar el andamio funcionalizado con señales, o en un área del cuerpo donde estén incluidas señales y células.

“Estos andamios tridimensionales deben tener una porosidad que permita la entrada de células, a las que debe alojar. Si se implanta directamente in vivo, las células del paciente deberán poder entrar y alojarse en todos sus poros. Y si previamente se hace un sembrado de células in vitro, las células progenitoras deberán colonizar todo el andamio para posteriormente implantarlo”, comentó.

Hasta ahora, la investigadora y su grupo de trabajo del Laboratorio de Biomateriales del IIM desarrollan “esponjas de colágeno” provenientes de hueso de bovino para sustituir hígado, vías biliares, vías urinarias, piel y para uso como andamios celulares.

Piña Barba colabora con médicos de los institutos nacionales de Rehabilitación (INR) y de Enfermedades Respiratorias (INER) para probar los andamios en humanos. Con apoyo de sus alumnos elaboran andamios moleculares en 3D.

Boletín UNAM-DGCS-995/2020

16 de noviembre de 2020

La evidencia indica que las personas diabéticas tienen un riesgo de desarrollar COVID-19 de forma grave, por lo cual, un cuadro por SARS-CoV-2 puede dañar el páncreas de la gente o provocarles una diabetes transitoria o indefinida; este nuevo proceso patológico descrito por sobrevivientes infectados, significa otro reto para el manejo clínico y es una secuela seria de esta enfermedad, aseguró la científica del Instituto Politécnico Nacional (IPN), Ma. Isabel Salazar Sánchez en el marco del Día Mundial del Diabetes.

Al respecto, el Secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán, ha señalado que la Nueva Escuela Mexicana impulsa una vida saludable, que modifique los hábitos negativos y propicie en las comunidades educativas una mejor nutrición, la activación física y el deporte, además de prácticas que contribuyan al bienestar de los estudiantes y profesores.

El Director General del IPN, Mario Alberto Rodríguez Casas, ha mencionado que los estudiantes, docentes, investigadores y egresados politécnicos, particularmente los del área de la salud, se esfuerzan por apoyar a nuestro país y a las instituciones que afrontan los retos inherentes a la pandemia por COVID-19.

En el marco del Día Mundial de la Diabetes, la investigadora de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (ENCB) detalló que de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) 8.7 millones de mexicanos sufren diabetes, pero a este número se debe agregar los que se encuentran en un estado prediabético y los no diagnosticados, lo que sumaría cerca de 12 millones de personas. “Este subregistro aunado a la falta de control del padecimiento puede tener relación directa con la alta tasa de casos graves por COVID-19 en nuestro país”.

Explicó que la diabetes es una enfermedad crónica que aparece cuando el páncreas no produce insulina suficiente (tipo 1 o juvenil) o cuando el organismo no utiliza eficazmente la hormona que produce (tipo 2 o mellitus). “Los altos niveles de glucosa en sangre causan una alteración en el sistema inmunológico y, como consecuencia, se afectan sus mecanismos de defensa”.

Indicó que una persona con diabetes tipo 2 puede vivir algún tiempo sin mostrar síntomas, pero en ese lapso en que desconoce su padecimiento, el exceso de glucosa en la sangre daña el cuerpo de manera silenciosa. Ante esa situación, la especialista del IPN hizo un llamado a la población para adquirir hábitos de vida realmente saludables e iniciar una cultura de la prevención, al realizarse periódicamente un estudio de laboratorio que determine su índice de glucosa en la sangre, con el propósito de contar con un diagnóstico temprano para evitar complicaciones en muchas otras enfermedades, entre ellas el COVID-19.

Finalmente, la doctora Salazar Sánchez refirió que en México la diabetes y la obesidad constituyen un serio problema de salud pública. “A este escenario se sumó la pandemia por COVID-19, lo cual incrementa la vulnerabilidad de la población mexicana, como lo indican las tasas de mortalidad observadas. Por ello, es necesario un cambio de los estilos de vida, para modificar el régimen alimentario (reducir ingesta de alimentos con alta carga calórica) y adoptar la disciplina de una actividad física regular, a fin de reducir el impacto del COVID-19 y otras afecciones”.

Fuente: ipn.mx

13 de noviembre de 2020

Científicos del Centro de Biotecnología Genómica (CBG), del Instituto Politécnico Nacional (IPN), descubrieron bacterias capaces de degradar hidrocarburos en suelos, cuyo potencial biológico abre la posibilidad de emplearlos en la biorremediación para la recuperación de superficies altamente contaminadas.

El Secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán, ha mencionado que el Gobierno de México trabaja para cimentar la educación ambiental en todos los niveles de enseñanza, como pilar del bienestar humano y la sustentabilidad. A su vez, el Director General del IPN, Mario Alberto Rodríguez Casas, ha destacado que con la Educación 4.0 los egresados del Politécnico son capaces de generar soluciones sistémicas a los retos asociados con las necesidades del país y la conservación de los ecosistemas naturales. El proyecto de investigación lo dirige la doctora María Antonia Cruz Hernández, quien explicó que cuenta con una colección de cepas aisladas de suelos contaminados, pero sobresale la actividad de la bacteria Sphingobium yanoikuyae, que ha mostrado su potencial en procesos de degradación de hidrocarburos como: Tolueno, naftaleno, fenantreno y xileno, mientras que la bacteria Microbacterium petrolearium degrada petróleo crudo ligero.

La especialista del Laboratorio de Interacción Ambiente Microorganismo del CBG precisó que las cepas encontradas fueron aisladas de suelos contaminados y aunque hasta ahora han observado la capacidad de degradación que tienen ambas, aún hace falta evaluar a estas cepas en consorcio, a fin de comprobar si su actividad se potencializa. Añadió que también estudian otros microorganismos para conformar consorcios que mejoren el proceso de degradación.

La doctora Cruz Hernández comentó que su equipo de trabajo cuenta con una colección de cepas aisladas de zonas áridas de una Rizobacteria promotora del crecimiento vegetal denominada Azospirillum brasilense, y al secuenciar el genoma de una de ellas encontraron genes relacionados con degradación de xenobióticos (pesticidas, hidrocarburos y detergentes). Por ello, indicó, se intensificarán estos estudios y más adelante los investigadores podrían considerar incorporarla a los ensayos de biorremediación.

Fuente: ipn.mx

13 de noviembre de 2020

Especialistas de la Universidad Nacional consideraron alentador el número de vacunas contra la COVID-19 y los resultados que algunas han arrojado; sin embargo, estimaron necesario esperar a la conclusión de los actuales procesos de estudio para su aprobación y aplicación.

Samuel Ponce de León Rosales, coordinador de la Comisión Universitaria para la Atención de la Emergencia del Coronavirus, y Mauricio Rodríguez Álvarez, profesor de la Facultad de Medicina (FM) y vocero de dicha Comisión, previeron que en la segunda mitad de 2021 podrían implementarse campañas de vacunación, una vez que estén listas las que actualmente están en fase 3; es decir, en investigación en grandes poblaciones.

Ponce de León Rosales sugirió que en este momento, sin tratamientos precisos y sin vacunas, es indispensable mantener el uso permanente de cubrebocas al salir a la calle, evitar reunirse en grupos grandes, así como preservar las medidas de higiene: lavado de manos y uso de gel, además de sana distancia.

En la conferencia de prensa virtual “Vacunas para COVID-19, la ciencia en acción”, Mauricio Rodríguez detalló que actualmente existen en el mundo 38 vacunas en fase uno; 14 en fase dos (en más de 30 países incluido México); y 11 en fase tres (estudios en grandes poblaciones, decenas de miles). De ellas, seis recibieron autorización para uso de emergencia, en Rusia y China, las cuales se pueden usar de forma limitada.

“El desarrollo de los productos para la salud tiene una normatividad estricta y bien establecida, se deben cumplir muchos pasos regulatorios en cada etapa, en particular en los estudios de fase tres, que determinan si la vacuna es segura y efectiva”, comentó.

Ponce de León explicó que una vacuna óptima tiene que ser segura, con el menor número de efectos colaterales; eficaz, con respuesta positiva en más del 80 por ciento de los casos; evitar cualquier infección, de una o pocas dosis y su producción no debe ser compleja desde el punto de vista industrial.

Destacó el desarrollo de docenas de propuestas de vacunas que se trabajan en el mundo. “Tenemos diez meses de conocer el virus SARS-CoV-2, y esto es una muestra de lo que la ciencia es capaz de hacer por el bienestar de la población”, agregó el también coordinador del Programa Universitario de Investigación en Salud (PUIS) de la UNAM.

Hasta ahora, aclaró, ninguna ha completado su trayecto, aunque hay avances considerables de laboratorios como Astra Zéneca con la Universidad de Oxford, cuya producción local se probará en México y Argentina.

Al referirse a la trascendencia de las vacunas en la humanidad, los expertos señalaron la necesidad de desarrollarlas en el país. “El Estado debería hacer consorcios y participar como socio de instituciones. Es un asunto de la mayor importancia”, consideró Ponce de León.

Los investigadores universitarios comentaron que en México se debe aumentar el presupuesto para la producción de vacunas, así como aportaciones cuantiosas y apoyos en infraestructura.

Rodríguez Álvarez acotó que las vacunas son unas de las herramientas más reguladas en el campo médico. “Son seguras, efectivas y necesarias”.

En ese sentido, Ponce de León añadió que son de prevención individual, aunque tienen efectos colectivos en la población. “La eficiencia de vacunar debería estar en los libros de texto”.

Boletín UNAM-DGCS-985/2020

MANIZALES, 12 de noviembre de 2020 — Agencia de Noticias UN-

Para ello, el Laboratorio de Propiedades Ópticas de Materiales, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, trabaja en el desarrollo de nanopartículas que pueden reconocer, detectar y atacar selectivamente células con diferentes patologías.

“Estas nanopartículas metálicas, que funcionan como sensores’ en el cuerpo humano, pueden diagnosticar enfermedades que, por encontrarse en pequeñas concentraciones, son difíciles de detectar a través de métodos convencionales”, explicó el profesor Carlos Vargas Hernández.

Los investigadores experimentan a pequeña escala para ofrecer nuevas maneras de luchar contra el cáncer, sanar heridas y hacer llegar medicamentos a las células.

En la actualidad, la quimioterapia constituye el objetivo principal de la nanomedicina. Se están generando fármacos tan pequeños que pueden penetrar en aquellos tumores en los que los medicamentos tradicionales no surtían efecto.

Según el profesor Vargas, “la metodología para crear estas nanopartículas es muy simple, rápida y bastante económica. Solo requiere sintetizar unos pocos reactivos químicos en el laboratorio mediante la técnica de microondas, similar a lo que sucede con la preparación de alimentos en un horno casero. Así se obtiene un material con una constitución muy uniforme y con un gran potencial para la medicina”.

Tratamiento de enfermedades

Agrega que “los principales esfuerzos de la nanociencia se centran en elaborar fármacos inteligentes capaces de dirigirse a la zona del cuerpo que necesita un tratamiento antiinflamatiorio, y no a todo el cuerpo, como ocurre ahora”.

Estos fármacos inteligentes tienen un suministro localizado, lo que disminuye los efectos adversos y las lesiones que ocurren con frecuencia en tratamientos agresivos como la quimioterapia.

“Con un suministro localizado en la región del tumor, el tratamiento será más efectivo porque también se podrán administrar más dosis e ir directamente a la zona afectada”, afirmó el profesor Vargas.

Estos avances que se están produciendo en los laboratorios llegarán en un futuro no muy lejano a los hospitales y centros de salud, donde la nanociencia será un pilar fundamental de la práctica médica habitual, destacó el docente.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co