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02 de abril de 2019
Investigadores de la UNAM descubrieron que derivados del árnica mexicana, planta con propiedades antiinflamatorias, tienen un alto efecto tóxico sobre las células del cáncer de colon.
Daniela Araiza, del Departamento de Biomacromoléculas, y Guillermo Delgado, del Departamento de Productos Naturales del Instituto de Química (IQ), trabajan con moléculas que son derivados de la Heterotheca inuloides para tratar el cuarto cáncer más frecuente en México y el mundo, y que a nivel global ocasiona cerca de 700 mil muertes al año.
“Tomando en cuenta que este mal puede ser promovido por la inflamación crónica del intestino, buscamos moléculas que eviten la inflamación. Estudiamos su efecto a nivel transduccional y metabólico sobre las células del adenocarcinoma rectal”, expuso Araiza.
Además, se busca que estas moléculas tengan como blanco específico las células tumorales, pues los actuales tratamientos a partir de cirugías, radiaciones y quimioterapia tienen efectos secundarios, debido a que matan tanto células sanas como cancerígenas.
En el marco del Día Mundial contra el Cáncer de Colon, que se conmemora este 31 de marzo, la doctora en Ciencias Biomédicas explicó que este padecimiento se caracteriza por el crecimiento descontrolado de células en cualquiera de las porciones del colon o en el recto. La acumulación puede empezar como un tumor benigno conocido como pólipo adenomatoso, y con el tiempo puede volverse canceroso.
De acuerdo con los institutos nacionales de Cancerología y de Salud Pública, 95 por ciento de estos cánceres comienzan en las glándulas productoras del moco que protege el interior del colon y del recto. Es lo que se conoce como adenocarcinoma.
“No se sabe con certeza qué lo provoca, pero está muy relacionado con el estilo de vida, con mutaciones genéticas o alteraciones en el metabolismo. Los errores genéticos y metabólicos promueven que proliferen estas células poco diferenciadas y se genere cáncer”, agregó Araiza.
Se presenta por igual en hombres y mujeres, principalmente mayores de 50 años; entre quienes tienen poca actividad física, una dieta baja en fibra y alta en grasas, carnes y carbohidratos procesados; así como en personas con sobrepeso u obesidad.
Otros factores de riesgo son padecer diabetes, consumir tabaco y alcohol, pues generan inflamación de los tejidos.
Algunos de los síntomas de esta enfermedad son: cambios en la defecación por varios días –diarreas, estreñimiento y heces más delgadas–, sangrado rectal, heces oscuras, cólicos o dolor abdominal, debilidad y cansancio, sensación persistente de necesidad de defecar, pérdida inexplicable de peso.
También se debe tener en cuenta si los pacientes presentan enfermedades inflamatorias del intestino –como la de Crohn o colitis ulcerativa crónica inespecífica (CUCI)-, si tienen algún familiar con cáncer colorrectal o pólipos colorrectales, entre otros.
Araiza indicó que las personas mayores de 50 años con sintomatología o antecedentes deben hacerse pruebas periódicas para detectar este padecimiento, como son: de sangre oculta en heces; inmunoquímica fecal por medio de anticuerpos o con análisis de ADN. También pueden practicarse colonoscopías, rectosigmoidoscopía o tomografías axiales computarizadas.
“Si los pacientes son diagnosticados en etapa temprana, el porcentaje de recuperación es muy alto. Es importante la atención oportuna porque si el tumor crece puede afectar otros tejidos, vasos sanguíneos y linfáticos; es lo que se conoce como metástasis”, concluyó la investigadora.
Boletín UNAM-DGCS-219/2019

BOGOTÁ D. C., 01 de abril de 2019 — Agencia de Noticias UN-
Así lo estableció una investigación realizada por Lesly Alejandra Colmenares Becerra, especialista en Neurología Clínica de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), en 40 pacientes adultos con diagnóstico de enfermedad de Huntington, con una edad promedio de 46,6 años. De ellos, 55 % eran hombres y 65 % presentaban síntomas motores, que caracterizan a esta afección, como movimientos descontrolados y problemas de equilibrio.
En esta población se aplicaron escalas de impulsividad y capacidad de inhibición, se evaluaron síntomas depresivos y de suicidio, se aplicó un examen cognitivo y motor y se realizó una cuantificación de tripletas CAG en el cromosoma 4 en muestras de sangre para confirmar la presencia de la enfermedad.
El trabajo se realizó desde el grupo de investigación de Neurología de Movimientos Anormales de la U.N., dirigido por el doctor William Fernández, en el cual desde hace cinco años está trabajando para conocer la relación de la impulsividad con la gravedad de los signos motores de la enfermedad y a su vez con la cantidad de expansión de las tripletas CAG en el cromosoma 4.
“Una de las causas de muerte en pacientes con la enfermedad de Huntington es el suicidio. Lo que queríamos averiguar era si los pacientes con esta afección, aparte de ser más hipermotores, es decir, tener movimientos excesivos, también tenían impulsividad y si eso era un factor que propiciaría que esos pacientes lleguen al suicidio”, explica la investigadora.
El trabajo partió de la implementación de unas escalas validadas a nivel internacional para evaluar la impulsividad en pacientes sanos –pero que también se podrían emplear con los enfermos de Huntington– que fueron seleccionadas por la doctora Carolina Rodríguez, coinvestigadora del estudio.
Entre los resultados de la investigación se corroboró que la impulsividad es un síntoma independiente de la carga genética de la enfermedad de Huntington, aunque se encontró que a mayor depresión los puntajes de impulsividad medida por escala de Barrat aumentan. Esto quiere decir que aunque los pacientes con la enfermedad no son más impulsivos por tener la enfermedad, sí pueden serlo por tener depresión.
Por otra parte, aquellos que se declararon asintomáticos también mostraron impulsividad, lo que corrobora los datos previamente conocidos de la presentación temprana de este síntoma en el curso de la enfermedad. Sin embargo no se encontraron diferencias en la impulsividad entre el grupo de sujetos sintomáticos versus asintomáticos.
“Notamos que al aplicar las escalas de impulsividad algunos pacientes que no tenían características clínicas de los síntomas motores típicos de la enfermedad daban puntajes positivos; eso quiere decir que en el curso de la enfermedad la impulsividad puede aparecer muy temprano y podría ser un síntoma a identificar en los pacientes para poder diagnosticarlos más rápido y no esperar a que aparezcan los síntomas motores y buscar la confirmación”, indica la doctora Colmenares.
Pocos casos
“Es una enfermedad rara, realmente la cantidad de pacientes que la padecen en Colombia es muy baja, y en el mundo hablamos de 5 a 7 personas por cada 100.000 habitantes”, explica la neuróloga sobre esta afección ocasionada por la mutación de la proteína conocida como huntingtina y que hasta el momento no tiene cura, por lo que su progresión clínica irremediablemente lleva a la inmovilidad y demencia profundas.
“Por eso fue un poco difícil conseguir los pacientes para el estudio, ya que su prevalencia es muy baja, aunque sabemos que hay sitios donde es más prevalente”, menciona la investigadora, quien se desplazó con su grupo de investigación a varios de estos lugares para tomar las muestras de los pacientes y realizar las evaluaciones.
En el país los nichos poblaciones están, por ejemplo, en la costa Caribe, de los más conocidos en el municipio de Juan de Acosta y El Difícil, sin que hasta el momento se cuente con datos epidemiológicos para conocer la prevalencia nacional. No obstante, la doctora Colmenares señala que actualmente hay estudios en proceso.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

01 de abril de 2019
Para analizar superficies acuáticas como lagunas, pantanos, presas, estanques, ríos y mares de forma remota, sin exponer a personas en lugares con riesgo de toxicidad o de difícil acceso, especialistas del Instituto Politécnico Nacional (IPN) construyeron un Hidro-Dron, embarcación con características deportivas (tipo catamarán), equipada con microsensores, control remoto e instrumentos de telemetría.
En el Laboratorio Central de Instrumentación (LCI) del Departamento de Biofísica, de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (ENCB), se diseñó el Hidro-Dron, el cual está constituido en un 90 por ciento con ingeniería mexicana, para efectuar análisis “in situ” de cuerpos de agua.
Encabezados por la investigadora y responsable del Laboratorio Central de Instrumentación (LCI), María Magdalena Monroy Mendieta, los expertos Jorge Mendoza Pérez, Marco Antonio Sánchez Ruiz y Edwin Sánchez colaboraron en el diseño de los sistemas de esta nave, capaz de tomar muestras y efectuar lecturas de variables fisicoquímicas, biológicas y climáticas.
“El Hidro-Dron puede acceder a lugares como bordes de derrames o de caída de agua como presas o en aguas contaminadas con petróleo o químicos tóxicos (cianuro, metales y arsénico). Tiene la capacidad de hacer tomas a través de sondas, en los núcleos donde se presentó la falla técnica o descuido, sin arriesgar a las personas a los contaminantes”, explicó Monroy Mendieta.
Indicó que el sistema de monitoreo de la embarcación está conformado por microsensores de inmersión para toma de parámetros como temperatura, pH, conductividad, sólidos disueltos totales y oxígeno disuelto en el sitio destinado para estudios de calidad del agua.
La científica enfatizó que las muestras captadas por la nave son analizadas en el Laboratorio Central de Instrumentación, bajo las Normas Oficiales Mexicanas (NOM), Normas Mexicanas (NMX) y Normas Internacionales, incluidas en las evaluaciones del Centro Nacional de Metrología (CENAM) y la entidad Mexicana de Acreditación (EMA).
A su vez, Marco Antonio Sánchez Ruiz comentó que esta embarcación tiene estabilidad en todo tipo de aguas superficiales, consta de un centro de mando, dos motores acoplados a un sistema robótico y telemétrico, para enviarlo al punto de muestreo y su regreso a tierra sin problema.
Abundó que las antenas telemétricas y de posicionamiento global, así como los auxilios electrónicos (sistemas goniométricos, magnetómetros y giróscopos) mantienen en ruta a la embarcación. “La estación de base en tierra tiene un alcance aproximado de mil 500 metros con la nave. Con el instrumento de radio-mando-autónomo (toma de decisión robótica) regresa al Hidro-Dron incluso a mil kilómetros de distancia, gracias a la cadena de programación que lo reposiciona en tierra”, expresó Sánchez Ruiz.
Con el apoyo del Hidro-Dron se fortalecerán las labores de investigación en cuerpos de agua efectuadas por el equipo de especialistas politécnicos, quienes han colaborado en el análisis de agua y sedimentos en el lago de Texcoco, estudios de impacto ambiental solicitados por Petróleos Mexicanos, monitoreo de la calidad del agua potable en algunas regiones del país y en proyectos para empresas farmacéuticas, alimentarias, papeleras, mineras, cosméticas, textiles y metalúrgicas, entre otras.
Fuente: ipn.mx

01 de abril de 2019
La producción en el campo mexicano no es tan solo una actividad económica, es también una serie de problemas complejos. Dos de estos son los altos costos de insumos -los fertilizantes se han disparado en 14.3 por ciento anual en los últimos seis años- y la pérdida de fertilidad del suelo. Problemas que desde la innovación científica generada en los laboratorios de la BUAP hoy es posible solucionar, con productos validados y marcas registradas. Biofertibuap y Biofosfobuap, son un ejemplo de ello.
Se trata de biofertilizantes cuya innovación radica en su contribución a la producción de alimentos de calidad, económicamente viables y menor impacto ambiental, al reducir el uso de agroquímicos, además de incrementar el rendimiento de la cosecha.
La investigación que inició en 1980 el doctor Jesús Caballero Mellado y seis años más tarde tuvieron lugar los primeros experimentos en campo, culminó con el desarrollo de dos fertilizantes biológicos de probada efectividad: Biofertibuap, con cinco marcas registradas: Zea para maíz, Hordeum para cebada, Wheat para trigo, Sorghum para sorgo, y Leg para leguminosas; y Biofosfobuap, para todos los cultivos.
Tras la validación de resultados por parte de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), a través del programa de Bioeconomía, estos biofertilizantes fueron registrados en 2002 y 2010 en el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI). Hoy se aplican a lo largo y ancho de la República Mexicana, en los dos ciclos agrícolas, en cultivos de maíz, trigo, sorgo, cebada, avena, frijol y hortalizas, entre otros.
Elaborados a partir de bacterias que fijan nitrógeno y producen hormonas de crecimiento vegetal, en el caso de Biofertibuap, y de bacterias solubilizadoras de fosfato para todos los cultivos, Biofosfobuap, ambos grupos de microorganismos estimulan el crecimiento de la raíz favoreciendo la absorción de nutrimentos para las plantas.
Una dosis de 350 gramos es suficiente para una hectárea de maíz, sorgo y frijol, y de mil 200 gramos para trigo, cebada y avena, con lo cual se logra incrementar la producción en 30 por ciento y más, incluso duplicarla, según el clima y las condiciones del suelo. Además, una reducción en el uso de agroquímicos de hasta 50 por ciento, así como en los costos de producción.
Ciencia para el desarrollo
La primera etapa de la investigación la inició en 1980 el doctor Jesús Caballero Mellado, con la búsqueda de bacterias benéficas para diferentes cultivos. Seis años más tarde y una vez elaboradas las primeras formulaciones de fertilizantes biológicos, en 1986 se desarrollaron los primeros experimentos en campo: en Tlaxcala, con cultivos de trigo, y en el norte de Veracruz, con maíz.
Debido a las bondades de los microorganismos que contienen, conjuntamente con agricultores, se llevó a cabo la aplicación masiva de Biofertibuap y Biofosfobuap. En su primera etapa fueron parcelas demostrativas de una a dos hectáreas, en dos regiones edafoclimáticas diferentes: Veracruz, semitropical, y Tlaxcala, región templada, para verificar su efectividad en condiciones diferentes.
De 1986 a 1988 se repitieron resultados, explica el maestro en Ciencias Moisés Carcaño Montiel, investigador del Laboratorio de Microbiología de Suelos, del Centro de Investigaciones Microbiológicas del Instituto de Ciencias de la BUAP, quien trabaja las líneas de investigación Fertilización biológica y Biotecnología ambiental y agrícola.
Así, de forma masiva arrancó el programa en 1994, en los estados de Veracruz, Tlaxcala, Guerrero, Puebla y Chiapas, con cultivos de maíz y trigo. “A partir de entonces vino una difusión para darnos a conocer en ferias agropecuarias y foros académicos, así como generar confianza en el agricultor, explicando la fórmula y verificando sus resultados”, señala.
Modelo de negocios
En 2010, Biofertibuap y Biofosfobuap pasaron a ser marcas registradas ante el IMPI y validados por la SAGARPA.
“Esta fue la puerta grande para dar a conocer Biofertibuap y abrir el mercado”, comenta Moisés Carcaño, quien con su equipo de trabajo, la doctora Lucía López Reyes, el maestro en Ciencias Armando Tapia Hernández, la doctora Amparo Mauricio Gutiérrez y la maestra en Ciencias Teresita Jiménez Salgado, así como la bióloga Leticia Gómez Velázquez y la ingeniero agroforestal Elizabeth Portillo Manzano –estas dos últimas se encargan de la investigación, producción y vinculación-, han desarrollado un modelo de negocios que colocan a Biofertibuap y Biofosfobuap en prácticamente todo el territorio nacional, con excepción de Baja California Sur y Quintana Roo.
En la actualidad, los investigadores cuentan con una planta de producción de dichos fertilizantes biológicos, con una capacidad instalada para responder a una demanda de 10 mil hectáreas por semana.
No obstante el éxito de estos productos, sus aportaciones no concluyen aquí. El equipo ha continuado su labor científica, con el propósito de seguir contribuyendo a la mejora en el campo. Esta vez, han desarrollado productos para el control biológico de enfermedades fúngicas, cuyos ingredientes activos se aplican en la semilla para reducir la incidencia de enfermedades que minan los cultivos; así como un control biológico de enfermedades en sistemas forestales, ambos ya probados en campo.
La expectativa para 2019 es la aprobación de estos desarrollos por parte de la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR) y su expansión en municipios con riqueza forestal, como la Sierra Norte de Puebla. Con resultados, los investigadores de la BUAP contribuyen al desarrollo del estado y el país.
fuente: buap.mx

PALMIRA, 27 de marzo de 2019 — Agencia de Noticias UN-
Desde hace nueve años Jaime Bolaños tenía dificultades para realizar estas acciones. El estudiante de la U.N. Sede Palmira sufrió un accidente automovilístico que le generó una hiperextensión de los nervios conectados a la columna vertebral, lo que limitó por completo las capacidades motrices de su brazo y mano derecha.
Alejandro Lozano Castillo, estudiante de Diseño Industrial de la U.N. Sede Palmira, quien desarrolló Tahnos junto con su compañero de carrera John Breitner Porras Rivera, explica que el dispositivo también ayuda a recobrar la fuerza perdida en los dedos y en la muñeca, y además facilita los movimientos que conservan la mano de las personas que han sufrido lesiones por accidentes o daños a nivel nervioso.
“La órtesis aporta un bloqueo –soporte entre el antebrazo y los dedos–, orientando la fuerza de tal forma que la carga se reparte sin comprometer exclusivamente la muñeca”.
El dispositivo está compuesto por cuatro partes que se pueden separar según la necesidad: la “muñequera”; los dedales, que se incorporan a través de ganchos y cauchos elásticos para aportar una fuerza de oposición que sirve de terapia en cada una de las falanges; el ejercitador, que complementa a los dedales; y la maleta de carga, similar a las utilizadas para los guantes de boxeo.
El aporte del diseño emocional
“Cuando él no está utilizando ningún dispositivo y levanta el brazo, su muñeca se cae y sus dedos permanecen totalmente cerrados. La órtesis que él usaba antes era demasiado rígida, como la mayoría de estas, y no le facilitaba abrir y cerrar la mano. Tahnos, por su parte, es dinámica y tiene un diseño deportivo, una particularidad que la diferencia de objetos exclusivamente médicos u ortopédicos”, explica el estudiante.
Uno de los principales aportes de su proyecto es el abordaje del componente emocional, gracias al trabajo continuo con el usuario, la estética del diseño y los materiales. Mientras otras órtesis son demasiado grandes, pesadas y aparatosas para ser usadas en diferentes contextos, Tahnos no aumenta el volumen de la mano y tiene la apariencia dinámica de un accesorio deportivo, ya que está confeccionada con malla y telas transpirables similares a las utilizadas en este tipo de implementos.
“Elegimos el nombre de Tahnos como una resignificación del personaje de Los vengadores, película de Marvel, que utiliza un guante de poder para aniquilar. Nuestro diseño, en contraposición, lo que permite es recuperar la vida en la mano del usuario. Trabajamos con simbología para generar apropiación en los usuarios y evocar valores como la fuerza, buscando motivarlos y optimizar la recuperación”, sostiene el investigador Porras.
La órtesis también se destaca por cubrir la parte exterior de la mano (el dorso) dejando la palma libre, lo que le permite al usuario percibir texturas para recuperar paulatinamente la sensibilidad en esta área, a diferencia de otros diseños. Así entonces, la propuesta permite que la mano respire y se ejercite de manera constante.
“Tahnos reduce la frustración y aumenta la autonomía, seguridad e independencia del usuario, lo que le trae beneficios emocionales en múltiples de niveles porque mejora su calidad de vida y facilita la integración a la sociedad”, declara la profesora Patricia Herrera Saray, de la U.N. Sede Palmira, directora de la investigación.
Diseñando con el usuario
En el primer semestre de 2018, el estudiante Bolaños le manifestó a las profesoras Herrera y Eliana Castro Silva su interés en rediseñar la órtesis que usaba, ya que le estaba ocasionando daños irreversibles en su mano.
Fue así como la atención de esta necesidad se convirtió en el proyecto de grado de los estudiantes Lozano y Porras, quienes empezaron a abordar el diseño emocional y social a partir de la asignatura “Nodo proyectual diseño y uso”, tomando como referencia las investigaciones del profesor de ciencia cognitiva Donald Norman, y de los diseñadores Victor Papanek y Víctor Margolin.
Inicialmente se realizaron análisis antropométricos y biomecánicos para el análisis de movimientos y capacidades residuales. Después se solicitó el historial clínico al usuario y se facilitó una valoración con una fisioterapeuta, quien identificó las principales falencias físicas de la órtesis, además de los daños que esta venía provocando a lo largo de los años. A partir de este estudio preliminar se adelantó una revisión de investigaciones, artículos y productos relacionados con el tema.
“Comparamos las características normalmente asociadas con el hombre joven, con la personalidad de Jaime, para entender sus expectativas específicas. De esta manera también trabajamos el componente social al permitir el acceso a un producto que la salud pública no garantiza de manera personalizada”, afirma el investigador Porras.
Con la información compilada, los estudiantes desarrollaron 12 simuladores hasta llegar al prototipo final, en un trabajo conjunto con profesores, profesionales de la salud y el usuario. Cada una de estas versiones preliminares se sometió a pruebas de usabilidad con el estudiante Bolaños.
“Fue importante involucrarlo en el proceso de diseño (participativo). Algo que resulta importante para él es volver a conducir un automóvil, pues sin el aporte de Tahnos su esposa debía llevarlo a muchos lugares y le resulta más difícil mantener el equilibrio en los buses del MIO. De esta manera, el usuario también puede ganar en autonomía”, asegura el estudiante Lozano.
La órtesis fue desarrollada y apoyada económicamente por el proyecto de Hermes “Diseño universal responsable y ergonomía al servicio de usuarios en situación de discapacidad”. Además la iniciativa participó como ponencia durante el XIII Congreso Internacional de Diseño Industrial que tuvo lugar en Rusia, en 2018.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co