PRINCIPIO DE ANTICIPACIÓN (DESFASE ÓPTIMO)
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 El cumplimiento de este principio da a la práctica docente uno de sus alicientes más tenaces, es así que lejos de que los profesores se dediquen sistemáticamente a “darle clase” a las paredes, lo mismo que éstas escucharon el curso pasado, impasibles e indiferentes a lo esta sucediendo en la mente de los estudiantes a medida que van escuchando sus explicaciones. Por el contrario se trata de que el profesor “viva/experimente” la clase como un proceso de eventos imprevistos plagados de interrogantes y desafíos técnicos. 

 

 

 

 Ya en otra intervención (metodología didáctica) afirme que el método didáctico habría que verlo siempre a la luz de una hipótesis sujeta a comprobar, ya que resultaba ingenuo pensar que el método didáctico seleccionado por el profesor, contemple de principio a fin todas las condiciones a que se ve sujeto el proceso de enseñanza-aprendizaje. En tal sentido, es importante rescatar que en el programa del curso ya se prevé de alguna forma una primera hipótesis sobre los componentes distales, cuando se requieren ciertos conocimientos y habilidades para cursar nuestra materia. Sin embargo, más temprano que tarde, no damos cuenta que dichos requisitos no los cumple el alumno, pero que también no hacemos nada por remediarlo. Por tanto, para que este principio (anticipación) pueda ser operacionalizado en el aula, se recomienda que el profesor, primero cuente con una hipótesis del lugar (diferencia distal) en el que se encuentran sus alumnos, si no uno a uno, si, al menos por subgrupos con la mayor precisión posible, es aquí donde cobra su real valía la evaluación (que no-examen) con fines de diagnóstico; en segundo el profesor debe reconocer y, por tanto, obrar en consecuencia que una vez que él conozca donde se encuentran sus alumnos (nivel de desarrollo), genera hipótesis diferenciales sobre la “distancia” del progreso inmediato (longitud del paso a dar) que los alumnos son capaces de recorrer, para alcanzar el desarrollo próximo; y tercero, una vez proporcionado el estímulo didáctico (explicación, análisis de casos, resolución de problemas, etc.) el profesor debe de asegurarse de que los alumnos, gracias a intervención han cambiado de lugar, es decir, progresarán unos más otros menos en el recorrido hacia los objetivos del curso, con lo que el diagnóstico inicial ya no sirve, puesto que los alumnos ya habrán cambiado de lugar (nivel de desarrollo), pero también es justo reconocer que se trata de un cambio diferencial, ya que no todos han recorrido los mismos “metros curriculares”.

 

 

 

 En razón de lo anterior el buen profesor debe de contar con gama amplia de secuencias de pasos que puede ir anticipando como objetivos “próximos” a alcanzar por los alumnos, sin dejar de ser consciente de las diferentes situaciones de tolerancia distal con que puede encontrase en sus alumnos. De la disponibilidad o no de este abanico de alternativas distales estriba que el profesor de pueda adaptar o no a las diferentes posibilidades de anticipación que existen entre los alumnos, después de todo nuestro papel como profesores “no es dejar al alumno donde estaba antes de que le diéramos el curso”. Por otro lado no hay que olvidar que aquel profesor que no tiene en su mente el “mapa” que los alumnos tienen en la suya, no habla con los alumnos, sino con las paredes (lo grave del asunto es que hoy día los profesores recibimos la misma remuneración por dar la clase a los alumnos, que por darla a las paredes).

 

 

 

*Rafael Fiscal Flores (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es Maestro en Educación Superior y especialista en informática, actualmente es Coordinador de la Ingeniería en Desarrollo de Software de la Universidad Realística de México.  

 

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