PRINCIPIO DE ANTICIPACIÓN (DESFASE ÓPTIMO)
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PRINCIPIO DE ANTICIPACIÓN (DESFASE ÓPTIMO)

 

Por : Rafael Fiscal Flores*

 

 

 

 Cuántas veces como profesores nos damos cuenta (casi siempre tarde) de que la clase que estamos impartiendo –hace rato- que se alejó de los alumnos (de su entendimiento, comprensión e interés), para convertirse en una clase íntima entre profesor, pizarrón y pared, quedando los alumnos como simples espectadores.

 

Los alumnos, por supuesto, igual se dan cuenta (casi siempre antes que nosotros) que lo que está diciendo o haciendo el profesor les resulta ininteligible (incomprensible), pero como se les ha prohibido “preguntar” durante el lapso de tiempo que tarda la sesuda disertación del profesor, el alumno termina por perder el interés cayendo, por tanto, en un estado pasivo aceptante que se caracteriza por expresiones externadas por alumnos, como las siguientes: mejor no entro a clase...total no le entiendo nada, mañana me pasas los apuntes...este profesor no se entiende ni él mismo, este profesor cree que debemos saber todo... de ser así entonces a que venimos a clase, etc. Huelga comentar que para entonces el daño psicodidáctico ya esta hecho.

 

 

 Desgraciadamente lo que acabo de citar en el párrafo anterior, no se trata de una parodia mal intencionada, sino que se trata de una realidad que se vive en muchas aulas de nuestro país. Si impartir clases incomprensibles para los alumnos ya de por sí es grave, no lo es menos cuando la clase queda en el otro extremo de la comprensión (simplificación en extremo trivializada). Resulta paradójico que trivializar las clases, de cómo resultado el mismo estado de no-entendimiento, incomprensión y desinterés por parte de los alumnos.

 

 

 

 El principio o invariante metodológica de anticipación –desfase óptimo en términos del paradigma sociocultural de Lev S. Vigotsky- resume en la práctica la aportación teórica de la Zona de Desarrollo Próximo para el aprendizaje, de Vigotsky. En esencia esta constante metodológica –principio de anticipación- establece que el profesor, al proponerse que los alumnos avancen hacia los objetivos educativos propuestos en los programas de curso, a través de etapas sucesivas (objetivos intermedios o instrumentales), ha de ir estableciendo metas progresivas que vayan ayudando al alumno a avanzar hacia los fines que se han propuesto en el programa del curso. 

 

 

 

 Para la correcta interpretación de la Zona de Desarrollo Próximo (ZDP) no hay que olvidar que en la propuesta de Vigotsky el concepto de la ZDP, es usado en dos perspectivas: la primera establece las relaciones entre el proceso de enseñanza-aprendizaje y el desarrollo psicológico de los alumnos, y la segunda desde la perspectiva de la evaluación de los aprendizajes, focalizando el interés de la evaluación sobre aquellos aprendizajes o productos que están en proceso de evolución y no de los productos acabados del desarrollo del alumno (Hernández,1998:227). Para Vigotsky (1979) la Zona de Desarrollo Próximo es “la distancia entre el nivel real de desarrollo, determinada por la capacidad de resolver independientemente un problema, y el nivel de desarrollo potencial, determinado a través de la resolución de un problema bajo la guía de un adulto o en colaboración con oto compañero más capaz (p. 133: las cursivas son de Vigotsky)” (Hernández, 1998:227).

 

 

 

 Cuando el profesor no está en posibilidades (por la razón que sea) de determinar la distancia en términos psicodidácticos que existe entre el recorrido curricular (programa del curso) que el alumno ya posee (comprensión) y la meta inmediata del proceso de enseñanza-aprendizaje, el profesor tiene una probabilidad muy alta de cometer dos errores graves: (1) situar dicha distancia más allá del alcance actual del alumno, provocando que éste se “pierda” cognitivamente y un estado de desanimo (desmotivación) afectivamente hablando y (2) si, por el contrario, el profesor sitúa la meta inmediata muy cerca o dentro del “territorio” ya “conquistado” por el alumno, se estaría infringiendo los principios o invariantes metodológicas: principio de no-sustitución, puesto que el estudiante podría perfectamente dar ese paso por sí sólo (sin la ayuda del profesor); principio de actividad selectiva, puesto que el profesor estaría seleccionando erróneamente el objeto de la actividad a desarrollar por el alumno, causando desinterés y desanimo (desmotivación) y el principio de individualización pues no se habría adaptado a las necesidades de ayuda didáctica del alumno. Los tipos de errores se presentan cuando el profesor desconoce las zonas de desarrollo próximo de sus alumnos. Siendo, entonces, de vital importancia que el profesor comprenda la importancia que juega el proceso de evaluación ya no de “aprendizajes acabados” sino de aquellos aprendizajes que están en proceso de evolución cognitiva en los alumnos.


 

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