EL CIUDADANO, EL ESCLAVO Y EL FILÓSOFO
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Puesto a reflexionar sobre la educación, nuevamente llego –otra vez- a aquella expresión seminal de Aristóteles, en la Metafísica: El hombre tiene una necesidad natural por conocer. Escribí seminal, pero debí agregar feraz y múltiple; porque cuando el Filósofo dice hombre quiere decir ciudadano, es decir, habitante responsable y obligado de la Polis. 

EL CIUDADANO, EL ESCLAVO Y EL FILÓSOFO

 Por: Roberto Martínez Garcilazo*

Puesto a reflexionar sobre la educación, nuevamente llego –otra vez- a aquella expresión seminal de Aristóteles, en la Metafísica: El hombre tiene una necesidad natural por conocer. Escribí seminal, pero debí agregar feraz y múltiple; porque cuando el Filósofo dice hombre quiere decir ciudadano, es decir, habitante responsable y obligado de la Polis. Por esto, una –entre otras posibles- característica distintiva del ciudadano con respecto al esclavo es el deseo de conocer, por un lado, y, por otro, la polis, esto es, la convivencia política, civilizada de los ciudadanos sólo es posible dentro del marco general de una búsqueda permanente del conocimiento, es decir; dentro del flujo de la corriente de un proceso educativo permanente.

La educación es intrínsecamente ética y su misión es realizar y fortalecer la ciudadanía. Realizar la ciudadanía es realizar cierta ética de la justicia social, del bienestar y de la plenitud humana. Porque la condición humana es un conjunto de posibilidades, de potencialidades. El deber social fundamental es realizar esas posibilidades de ser de los individuos que integran la comunidad.

Un corolario evidente es el siguiente: la educación es el recurso mejor para desarrollar las potencialidades del ser humano. Ahora bien, sumando la inferencia anterior al ámbito específico de la educación para adultos, podría resultar la siguiente proposición: Alfabetizar es el proceso mediante el que decodificamos la realidad –la social y la personal-, es el proceso mediante el cual leemos el mundo, y, entonces, la alfabetización se revela como un proceso permanente constituido por niveles concéntricos de aprendizaje cada vez más amplios.

La educación para la ciudadanía es una tarea esencial para la supervivencia de las sociedades democráticas: Es el corazón mismo de la sociedad comprometida con el desarrollo de los individuos que la componen.

Lectora, lector, que hasta aquí me sigues, termino recuperando y desarrollando una idea del primer párrafo: En la perspectiva aristotélica, cuando el esclavo desea conocer se torna ciudadano; en el enfoque del estoicismo el esclavo conviértese en emperador –recuerden, si no, el caso del filósofo de las Meditaciones, de Marco Aurelio.

 

* Roberto Martínez Garcilazo es director de Literatura, Ediciones y Bibliotecas de la Secretaría de Cultura del Estado de Puebla, México.

 

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