EL AULA
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  Ante la ingente cantidad de interrogantes es fácil advertir que la enseñanza está por y para el aprendizaje; sin ella, éste no se alcanza en la medida y cualidad requerida; sin embargo, es importante destacar que mediante la enseñanza el aprendizaje se estimula, pero no es su consecuencia. Así, estos dos aspectos integrantes de un mismo proceso (enseñanza-aprendizaje) conservan cada uno por separado sus particularidades y peculiaridades al tiempo que conforman una unidad, entre la función orientadora del profesor y la actividad del educando. Si bien el profesor juega un papel indispensable en este proceso por desarrollar la actividad didáctica, también es importante mencionar al educando el cual refleja esta labor por medio del aprendizaje. El profesor es el orientador de la enseñanza, debe ser fuente de estímulos que lleve a los alumnos a reaccionar para que se cumpla el proceso de aprendizaje. Por otro lado, el deber del profesor es tratar de entender a sus alumnos, distribuir sus estímulos entre los alumnos de una forma adecuada, de modo que los lleve a trabajar de acuerdo con sus peculiaridades y posibilidades. No hay que olvidar que en la medida en que la vida se torna más compleja, el profesor se hace más indispensable en su calidad de orientador y guía para la formación del educando.

 

 

 Conclusión.

 

 

   Las tareas de la profesión de enseñar se van haciendo y descubriendo en ese espacio físico llamado salón de clases o aula. Es en el salón donde nos enfrentamos a nuestra más cruda realidad ya sea la satisfacción de la labor cumplida o el sabor amargo de saber que todo cuanto hicimos no sirvió de mucho para los objetivos que nos propusimos y, que deberemos de concurrir ahí en el mismo lugar el día de mañana con la misma audiencia. Esa audiencia ruidosa llena de alegría que discute sobre los temas vistos y sobre los que verán el día de hoy, que están esperando al profesor para comentar lo que han aprendido, etc. O esa otra audiencia aburrida, apática, sorda y ciega, esa audiencia que mata cualquier intento del profesor por laudable que parezca para sacarlos de la ignorancia, de entender al mundo, pero por sobre todo, de entenderse a sí mismos. Es esa aula crisol del profesor que sufre y goza la educación, no el aula del profesor que vive de la educación para la jubilación. Es ese espacio físico donde nos transformamos en seres humanos o en donde surge nuestro lado más irracional ambos sujetos al mismo objetivo “que el alumno aprenda”, pero la pregunta es ¿para qué debe de aprender?

 

 

 Bibliografía.

 

 

 § Coll, C. (2001). Las comunidades de aprendizaje y el futuro de la educación: el punto de vista del fórum universal de las culturas. Simposio Internacional sobre Comunidades de Aprendizaje. Barcelona, 5-6 de octubre de 2001.

 

 § Freire, P. (1996). Cartas a Cristina. Reflexiones sobre mi vida y mi trabajo, Madrid: Siglo XXI editores.

 § Garza, R. y Leventhal S. (1998). Aprender cómo aprender. México: Trillas (3ª Edición, 2000).

 

  

[1] Rafael Fiscal Flores es Maestro en Educación Superior y especialista en informática. Actualmente es Coordinador de la Ingeniería en Desarrollo de Software de la Universidad Realística de México.  

 

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