a) afirmación del yo, en y con el grupo
b) defensa de valores y territorios propios y exclusivos
A través de la constitución y pertenencia a una tribu, la persona construye identidad. Además, Los elementos tribales son un oportunidad para provocar o distanciarse de las instituciones, tanto como un mecanismo a través de del cual crear una nueva socialidad. (Oriol, Pérez Tornero y Tropea, 1996, pág. 11).
Los miembros de las tribus urbanas presentan ciertos intereses comunes que están dispuestos a defender frente a imposiciones o represiones externas. Desarrollan una conciencia de grupo que les permite configurar un sentido de pertenencia. Frente a las formas oficiales e instituidas de socialidad, el neotribalismo de las tribus urbanas busca el contacto y la fusión, la identificación entre sus miembros. Se trata de un espacio de pertenencia, donde se juega un rol, donde se tiene un papel que desempeñar.
Otra característica que los autores observan dentro del orden de las tribus urbanas es que son profundamente interclasistas. Aunque la neotribalización juvenil, dicen, no existe al margen de las diferencias de clases, su dinámica básica no se encuentra en la división, sino en la comunicabilidad entre clases y grupos. (Oriol, Pérez Tornero y Tropea, 1996, pág. 37). Esto concuerda con la tendencia gregaria y fraternal de la que habla Maffesoli; con la suplantación de las estructuras verticales por las horizontales de poder.
Al interior de muchas tribus urbanas, la tacticidad de las experiencias, las reuniones masivas lúdicas y de fusión interpersonal son frecuentes y características (Cfr. Oriol, Pérez Tornero y Tropea, 1996, pág. 46). La importancia de la apariencia, la libre elección del rol jugado y hasta el cambio permanente de tribu, son todos elementos propios del tribalismo posmoderno. Cobra especial importancia la apariencia el atavío, la conducta y lenguaje corporal.
Una tribu urbana se construye como un conjunto de reglas específicas (Oriol, Pérez Tornero y Tropea, 1996, pág.91), configura una imagen del mundo y una experiencia del mundo desde y con la cual sus miembros dotan de algún sentido la realidad circundante. Las tribus urbanas representas espacios en rebeldía respecto de las normas oficiales de conducta y de las formas de cultura establecidas. Buscan, conciente o inconscientemente, ser un espacio para lo anormal. Constituyen un factor potencial de agitación social, por lo que ponen muy de nervios a las autoridades. Por ello, los miembros de las tribus urbanas y las formas de cultura alternativa que desarrollan al interior de sus sociedades, han sido perseguidas, marginadas, reprimidas y hasta violentadas. El mundo adulto, el mundo inmerso en el discurso oficial, institucionalizado, ordenado, normal, condena dichos movimientos contraculturales regularmente.
Originalmente, las tribus urbanas se gestaban al margen de la oficialidad. Sin embargo, los medios masivos de comunicación, al servicio de dicha oficialidad, se apoderan poco a poco de la formas de cultura alternativa de las tribus urbanas, transformándolas en objetos de consumo a disposición de todos aquellos en buscan de una identidad en el mercado. La rebeldía contenida en su origen se mediatiza y pervierte en objeto consumo. Pero la cultura juvenil también se sirvió de los medios masivos para constituirse como movimiento de amplio alcance internacional. [ ] os medios son los difusores básicos de modelos de conducta y valores en nuestra sociedad [ ] encuentran en las tribus un objeto noticioso [ ]. (Oriol, Pérez Tornero y Tropea, 1996, pág. 14).
Al capturar su estilo, su apariencia, su lenguaje, su música, los medios introducen las culturas alternativas generadas al interior de las tribus urbanas (o bien, conformadoras de las tribus urbanas. El proceso es recíproco) al discurso de la cultura dominante. Lo que se logra con ello es la neutralización de los elementos contestatarios de dichas culturas alternas. La contracultura, paradójicamente, se convierte en un moda, desprovista de cualquier impulso de cambio u objeción contra el statu quo. Los jóvenes son captados por dichas modas, vendidas como contracultura, pero en realidad ya descarnada de sus contenidos más interesantes y rebeldes.
Ahora bien, no toda forma neotribal (tribal posmoderna) de organización o vinculación social constituye una tribu urbana. Como su nombre lo indica, la tribu urbana se genera en las ciudades, aunque después su alcance e influencia se vea extendida incluso al ámbito rural (adquiriendo en este medio rasgos específicos y adaptándose a la vida juvenil de maneras muy diferentes a como lo hace en la urbe). Las tribus urbanas son parte de la cultura juvenil, y generan cultura musical, literaria, política .. Crean movimientos contraculturales a veces de gran importancia. Sin embargo, es también un fenómenos notorio el hecho de que la mayoría de sus miembros, al crecer y entrar a la vida adulta, se instalan dentro de una vida normal, y son captados por los sistemas de vida regulados de las sociedades.
Pero no todas las formas neotribales de asociación juvenil llevan implicados aspectos positivos o contestatarios. El porrismo fenómeno cada vez más violento en las instancias de educación media superior en México, como la UNAM y el IPN-, es un claro ejemplo de organización neotribal que, sin embargo, no constituye una tribu urbana, no genera cultura, y no está conformado por elementos contestatarios. El porrismo está, aunque la mayoría de sus miembros ni siquiera lo sepan - al servicio del discurso oficial. Son tolerados por las autoridades porque sirven como medio de represión y hostigamiento contra grupos estudiantiles politizados y activos (entre otras cosas). Pero éste no es lugar para ahondar en tan vergonzoso y nefasto fenómeno.
No ha sido nuestro interés aquí estudiar el fenómeno de las tribus urbanas en específico, retomando a ésta o aquella tribu. Tampoco hemos querido reducir el rico espectro de movimiento y efervescencia juvenil al estudio de la juventud desde algún punto de vista en específico (sea sociológico, antropológico, psicológico etc.), o al estudio del tribalismo, tal y como Maffesoli lo ha conceptuado en sus diversos elementos.
Como siempre, remitimos al lector a las referencias bibliográficas usadas en este trabajo.
* Ximena Franco Guzmán (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.), es egresada de la Facultad de Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), actualmente es docente en nivel bachillerato.
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Referencias bibliográficas:
Maffesoli, M. [2002] Tribalismo posmoderno. De la identidad a las identificaciones, en Chihu, Aquiles (coord). Sociología de la identidad. UAM Iztapalapa/Porrúa, México, 2002.
El tiempo de las tribus. El ocaso del individualismo en las sociedades posmodernas. S.XXI, México, 2001
Bauman, Z. La sociedad Individualizada. Cátedra, Madrid, 2001.
Costa, P., Pérez T., José M., Tropea, Fabio. [1996] Tribus urbanas. El ansia de identidad juvenil: entre el culto a la imagen y la autoafirmación a través de la violencia. Paidós, Barcelona, 1996.
Feixa, Carles. [1999] De jóvenes, bandas y tribus. Ariel, Barcelona, 1999.
Hay un texto ameno y bien documentado sobre la contracultura urbana en México:
Agustín, José. La contracultura en México (La historia y le significado de los rebeldes sin causa, los jipitecas, los punks y las bandas). Grijalbo, México, 1996.








