Ese mundo globalizado que inestabiliza también al individuo que interactúa en él y ayuda a configurarlo, presenta una nueva estructura de poder que, a diferencia de las estructuras de poder del pasado, no está ya basada en los referentes fijos, constantes e inamovibles ni de las fuerzas, ni de los sujetos, ni de las normas y las leyes. El paradigma de la estabilidad, podríamos pensar, ha sido sustituido por el de la dinamicidad[3]. Pero el dinamismo de los centros de poder (que propiamente han dejado de ser centros), su movilidad, evasión, ligereza son, sin embargo, una nueva forma de dominación. Se domina a través de la inseguridad, de la falta de resultados concretos, de la ambigüedad y la falta de regulación.
Todas estas condiciones en el ámbito social mantienen una estrecha correlación con el desarrollo de los individuos. Pero el factor que finalmente determinaría esa amplia red de interrelaciones es la tendencia de individualización actual. [ ] ahora, como antes, la individualización es un sino, no una elección: en la tierra de la libertad individual de elección la opción de escapar a la individualización y negarse a participar en el juego individualizador, no está en el programa [ ]. (Ibid., p. 59) La individualización es casi una condición obligada para los habitantes de las sociedades modernas. Se encuentran aquí la perspectiva de Lasch y Bauman.
Así como las fuerzas que impulsan el movimiento globalizante, las que impulsan el individualizante son ya incontenibles, arrastrando consigo al individuo que tiene cada vez menos armas disponibles para hacer frente a las estructuras de dominación. Ha creado una lógica que él mismo no puede ya detener. Así, aislado, el sujeto individualizado (atomizado, segregado) no consigue en sus relaciones con los demás sino una compañía borrosa, abstracta, que hace resaltar frente a sus ojos la propia soledad. Una de las consecuencias más inquietantes de la modernidad tardía observada por Bauman es el hecho de que a mayor individualización, menor capacidad de participación política real y efectiva, y menores las posibilidades de que los hombres y las mujeres programen luchas o revoluciones a favor de mejores condiciones de vida. El individuo aislado redunda directamente en la pérdida de la efectividad real de las acciones políticas[4].
Bauman converge en muchos puntos con Lasch. Muchas de las características del narcisista son también las del sujeto individualizado de las sociedades posmodernas. Es interesante resaltar que el indiferentismo y la impotencia políticas es uno de los más acuciados rasgos que, desde la perspectiva de estos autores, pueden adscribirse a los individuos contemporáneos. También lo es la pérdida de la identidad y la fabricación de identidades falsas y espontáneas, efímeras y superficiales, que no hacen sino perpetuar el estado de ansiedad y angustia de las personas. Además, uno de los principales efectos de la individualización resulta ser, justamente, la pérdida de los elementos básicos de la comunidad y las relaciones verdaderamente vinculantes. Al perderse dichas formas y vínculos, se pierden también los códigos morales que las sostenían. La falta de referentes fijos y estables genera una ordenación localista que ha hecho emerger un nuevo tipo de ordenamiento caótico: la paradoja del ordenamiento caótico de la globalización; una ordenación si regulación.








