Lo que aquí nos interesa resaltar no son las diferencias que pueden existir dentro de la literatura psicoanalítica en torno a la valoración y caracterización del narcisismo, como el hecho de que el narcisismo no necesariamente debe remitir a un estado propulsor del aislamiento y coadyuvante de la individualización de los sujetos. Nos interesa también señalar el hecho de que, para Caruso, el aspecto diádico del primer narcisismo es una etapa primitiva en el desarrollo de la psique; pero él mismo explica que toda etapa previa en el desarrollo del individuo deja rastros en nosotros en los estadíos posteriores. Y aquí entramos justamente en el aspecto que buscamos resaltar del texto de Caruso: el yo-nosotros (Cf. Ibid., p. 78). Este estado propio del primitivo estado narcisista, que se da entre el niño recién nacido y la madre (estado diádico), es un estado del que queda en nosotros necesariamente algún rastro. Frente a la constitución del Yo, el yo-nosotros sería una regresión. El yo-nosotros, filogenética y socialmente más antiguo, es dominado y reprimido por nuestra cultura con su estructura de poder. (Ibid., p. 79).
En efecto, en nuestra cultura, según aprecia Caruso, domina la estructura del Yo, misma que permite la separación del sí mismo de otros objetos (incluidas las personas) fuera de él. Y lo que nos parece más importante, Caruso asocia la aparición de ciertos fenómenos contemporáneos como [ ] las tendencias autoritarias globales, la inclinación a la mística y la orgiástica [ ] (Ibid.), con otro fenómeno: la regresión desde el Yo hacia el yo-nosotros.
Supongo que la lucha violenta de la organización extremadamente centrada en el yo contra la organización del nosotros está perdida de antemano; sólo queda esperar que la organización centrada en el nosotros se vaya desprendiendo del arcaico ello y acabe por formar una síntesis con la función del yo, crítica y comprometida. (Caruso, 2000, p. 80;)
Esa organización extremadamente centrada en el yo, suponemos, es aquella organización en que se han dado las condiciones sociales del aislamiento e individualización de los sujetos. Éstas los han desvinculado y convertido en individuos narcisistas del tipo secundario del que habla Caruso (autistas). También Caruso observa en las sociedades contemporáneas y sus individuos una clara tendencia segregativa: La soledad característica también de las enfermedades mentales narcisistas- de ninguna manera ataca sólo a los ancianos, sino que es aún más virulenta con la joven generación y sus dificultades de contacto. (Ibid., p. 93).
El peligro del retroceso en la estructura psíquica que va del yo al yo-nosotros en Caruso, introduce, sin embargo, la posibilidad de una nueva forma de comunión entre los individuos y las sociedades de las que forma parte. Algunas condiciones sociales coadyuvan también a la nueva configuración del yo-nosotros, sobre todo la [ ] planetización de nuestro mundo [ ] El hecho de que un indochino o un zulú sea hoy nuestro vecino y que su destino nos afecte rápida y casi directamente puede (no tiene que) favorecer la síntesis progresista del yo-nosotros . (Ibid., p. 81)
Podemos observar ciertas semejanzas entre los planteamientos de Lasch y de Caruso. Ambos, desde la perspectiva de la psicología, concuerdan que en la modernidad tardía (ellos no la llaman así) existe una tendencia a la regresión en las funciones y las estructuras. Esta vuelta a lo primitivo no se da de manera consciente. Esta conjuración de los estadios primitivos se identifica con la aparición del narcisismo. Pero, mientras que en Lasch el narcisismo opera fundamentalmente aislando y desvinculando a los individuos, en Caruso opera de modo contrario: el narcisismo es el origen del amor y el vínculo (a menos que se trate del narcisismo patológico o secundario, el de tipo autista). Hay otra diferencia interesante: En uno, el regreso aparece como algo indeseable pero, paradójicamente, necesario (Lasch). En otro, el regreso puede ser una alternativa contra el narcisismo patológico que ha dominado las estructuras societales modernas occidentales (Caruso).








