Cambio yo, cambia mi mundo (Artículo)
Minuto a Minuto

20 de enero de 2021

Normalmente transitamos la existencia esperando que los demás cambien, para nosotros tener la intención de cambiar o para que le cambien la vida a uno. Preferimos que ese esfuerzo del cambio lo hagan otros y clamamos que la sociedad tiene que corregir una serie de adicciones o de malos hábitos, que en realidad también son nuestros, pero que no asumimos como propios.

¿Por qué tenemos que cambiar nosotros y no los demás? Porque sencillamente es lo único que está en nuestro alcance, por más frustrante que nos resulte a veces. No tenemos el poder de cambiar a otra persona, sólo el poder de cambiarnos a nosotros mismos. Podemos influir, podemos inspirar a los demás, podemos propiciar situaciones, pero en última instancia cada uno es dueño de lo que piensa, dice y hace. Si quieres mejorar el mundo y mejorar las relaciones con todos los que te rodean, empieza por ti. Conviértete en tu mejor versión, en alguien con quien de gusto estar y conversar.

En nuestras manos está decidir nuestras expectativas y el tipo de relación que establecemos con el mundo, lo cual acaba definiendo en gran parte cómo será nuestra vida. Existen innumerables mensajes de autoboicoteo que condicionan lo que pensamos, decimos y hacemos, por tanto, nos ocasionan resultados negativos; uno de ellos es la queja.

Una queja de vez en cuando no es problema, el inconveniente es cuando esa queja se instaura como un mecanismo habitual y no hacemos otra cosa diferente, por el contrario, seguimos propagando esa idea de que el mal está fuera porque nosotros no tenemos fallas.

Mientras que la queja esporádica nos calma de alguna forma, también nos ayuda a liberar tensiones. Por otro lado la queja constante, en donde sólo vemos los defectos del mundo y no los propios, nos convierte en personas indecisas, irresponsables, resentidas; donde nos sentimos víctimas de las circunstancias, con poco o nulo agradecimiento.

Un viejo refrán popular dice: “Vemos la paja que vuela, mas no la que se nos pega”. En realidad actuamos así, porque proyectamos en los demás nuestros conflictos, carencias y también nuestras grandes virtudes, con el fin de aprender de ellos.
A nivel psicológico, la proyección es un mecanismo de defensa que funciona como un espejo. Como yo no puedo verme a mí mismo, utilizo a los demás para que sean el reflejo de mis oscuros defectos y también de mis cualidades más luminosas. En el primer caso, cuando proyecto sobre los demás sombra negativa, me enfadan conductas que en realidad son mías, pero no las reconozco. En el caso de las proyecciones positivas, admiro en los demás ciertos aspectos que en realidad yo también tengo, pero yacen adormecidos.

Hay dos maneras básicas de encarar nuestra existencia: una es a través de las carencias (aquello que nos falta) o a través de las oportunidades (aquello que se nos ofrece). Según donde fijemos la mirada, estaremos facilitando que suceda una u otra cosa.

Al asumir la responsabilidad individual en todos nuestros ámbitos de interacción: pareja, familia, trabajo, relaciones interpersonales, naturaleza y reino animal, seremos capaces de rescatar el poder sobre nuestra vida y sus circunstancias.

Dany Dharma
Instructor de meditación, coach de vida y escritor