MÉXICO NECESITA FORMAR EMPRESARIOS
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MÉXICO NECESITA FORMAR EMPRESARIOS

Por: Santos Mercado Reyes[1]


En México casi no hay escuelas para formar empresarios. Entiéndase como empresario a aquél individuo que es capaz de tomar iniciativas propias, riesgos, que detecta oportunidades de negocios, genera bienes y servicios para obtener ganancias.


Las escuelas y universidades públicas que se han construido en nuestro país no fueron diseñadas para formar empresarios. Algunas escuelas del siglo antepasado estaban diseñadas para que los alumnos aprendieran a leer, escribir y “hacer cuentas”. Así los hacendados podían disponer de gente “educada” para llevar la administración de la hacienda. En ese tiempo nunca se pensó en que la educación pudiera servir para formar nuevos hacendados, rancheros o buenos comerciantes.


Con la Revolución Mexicana, el Estado fundó escuelas para formar a los cuadros técnicos que harían realidad el proyecto estatal. En otras palabras, el Estado requería burócratas educados que coadyuvaran al proyecto socialista de la Revolución Mexicana. Por eso es que Lázaro Cárdenas inscribe en 1932, en el artículo tercero, que “la educación que se imparta en México debe ser de carácter socialista”. De esta manera se revelaba la filosofía que habría de orientar a la educación en México, la de formar burócratas; o, para que no se oiga tan peyorativo: empleados o funcionarios.


El burócrata es la antítesis del empresario. Un burócrata no toma decisiones más allá de las que el jefe, el estatuto o la ley le permita. Normalmente, recibe instrucciones de lo que debe hacer y a cambio recibe su sueldo cada quincena. El único riesgo que asume el burócrata se reduce a perder el trabajo si no cumple cabalmente sus tareas. Por supuesto, hay de burócratas a burócratas; por ejemplo, si éste trabaja en el sector público es muy posible que no cumpla sus tareas y no pasa nada, nadie lo despide.


Todas las escuelas y universidades públicas continúan con la filosofía de formar empleados. Basta preguntarle a un egresado de Universidad pública qué hará después de recibir su título y la respuesta es inmediata: “buscaré trabajo”. Bueno, algunos también dirán que quieren estudiar una maestría porque el gobierno les da una beca de cinco mil pesos, es decir, toman a los estudios de posgrado como un trabajo donde recibirán puntualmente sus quincenas.

En los 22 años que llevo de docente en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), casi nunca he escuchado que un alumno diga que al salir va a formar su empresa; que se asociará con otros para fundar un negocio de software, o de construcción de casas. Todos quieren trabajo, todos buscan un patrón que les garantice las quincenas. 


Para darse cuenta de la gravedad de esta filosofía es suficiente pensar en qué pasaría en un país donde todos, absolutamente todos piensan en ser empleados, en ser burócratas. Mi conjetura es que ese país (formado de puros burócratas) irremediablemente se muere. Y no lo digo de manera poética, sino literal. Por ejemplo, hay países donde casi todos son burócratas, empleados del gobierno, piense en Corea del Norte. Bueno, es un país en la miseria, donde a pesar de la enorme cantidad de gente que se dedica a la agricultura, no es posible producir lo suficiente para alimentar al pueblo coreano y sobrevive de limosna internacional. Cuba es otro ejemplo de un país donde todos son empleados y también están en malas condiciones económicas. Por otro lado, se tiene una economía como la de Hong Kong donde hay una cantidad enorme de empresarios y como resultado tienen una economía próspera. Otro buen ejemplo se tiene en Irlanda, donde se ha liberado la conciencia empresarial y ahora están logrando altos niveles de crecimiento económico.


Por desgracia, las escuelas y universidades mexicanas no reconocen el papel fundamental que tienen los empresarios. Más aún, en los centros universitarios existe un estigma contra todo lo que huela a empresa. Consideran que los empresarios son los “explotadores” del pueblo y que el mundo sería más bonito si no hubiera hombres de negocios. Es la educación marxista que impera en todas las universidades públicas.  Con esto quiero decir que las escuelas y universidades públicas están naturalmente incapacitadas para formar a los empresarios que necesita un país. Aún cuando algún rector de universidad pública llegara a comprender la necesidad de formar empresarios se encontraría con que los programas de estudio aprobados por el Estado no sirven para ese propósito; los profesores no están dispuestos a enseñar cultura empresarial pues nunca la aprendieron; los sindicatos verían con malos ojos a un profesor que glorifique el papel del empresario pues, desde su punto de vista, estaría apologizando a “los
burgueses”.


Así pues, la única posibilidad, es que las escuelas y universidades privadas asuman la responsabilidad de formar a los empresarios que México necesita. Algunas universidades privadas han comprendido la necesidad de formar empresarios pero no se atreven a desafiar la vieja línea trazada por la Secretaría de Educación Pública a fin de no perder la licencia para funcionar. Otras universidades privadas se rigen por los planes y programas de la Universidad Nacional Autónoma de México, pero éstos parten de una orientación izquierdista incompatible con la línea empresarial. Luego entonces, deben surgir nuevas universidades privadas que no se sometan a la orientación oficial del Estado.


Hasta hoy en día, sólo he sabido de una única universidad en México que ha declarado su propósito de formar empresarios, es una universidad privada en Torreón, Coahuila. El resto de universidades declara su intención de “formar profesionales para el mercado de trabajo”. Por supuesto, no es un delito ser un “empleado profesional” pero con eso México no podrá alcanzar niveles competitivos ni aprovechar las ventajas del mundo globalizado.

 


[1] Santos Mercado Reyes (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) Estudió matemáticas en la Escuela de Física y Matemáticas del Instituto Politécnico Nacional, Maestría en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y Doctorado en Ciencias en la Universidad Autónoma de  Chapingo. Labora como profesor investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) desde 1984 y es el Coordinador del Seminario de Economía Austriaca. 

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