03 de octubre de 2021
Shakespeare, Shylock y el séptimo arte
Referirse a Shakespeare, es hacerlo en relación a uno de los más grandes dramaturgos que hayan existido. Es tocar el alma humana, en sus más altos estándares y de igual forma, en sus más bajas pasiones.
Es vislumbrar tanto la proyección individual y personal como lo universal. Lo temporal, recubierto de intemporalidad. Representando esto, uno de los grandes méritos de la obra de William Shakespeare.
Encontrarse en un teatro, en cualquier parte de este mundo, presenciando conjuntamente el arte de la creación teatral, y su recreación, por una compañía de actores, quienes, con seguridad en su mayoría, anhelan interpretar estos grandes clásicos.
Presenciar los diálogos, el vestuario, la escenografía, y sobre todo la secuencia de la obra, y su interpretación por los actores, resulta en un verdadero deleite para el espectador, amante del sumo arte teatral.
Cito: “todo espacio teatral; es espacio vital”.
Definía el dramaturgo mexicano, Héctor Azar; así es.
La cinematografía ha tenido el acierto de difundir algunas de las grandes obras de la literatura y del teatro de todos los tiempos. Contribuyendo a darlas a conocer a un mayor número de personas.
Es el caso de “El Mercader de Venecia,” llevado a la pantalla, con un reparto de excelentes actores, entre los que se hayan: Al Pacino, Jeremy Irons y Joseph Fiennes.
En dicha obra, la discriminación, la posición, el dinero, la avaricia y la venganza, resultan los elementos principales con los que el “bardo,” como se designa a Shakespeare en Inglaterra; su suelo natal, emplea con maestría para crear esta tragicomedia.
Basada en un texto de Giovanni Fiorentino, el excelso dramaturgo, crea una historia en donde el drama y las pasiones se entretejen para lograr escenas que conllevan fuertes diálogos plenos de la belleza del lenguaje, sello distintivo de Shakespeare.
Shylock, un prestamista judío, que vive en el ghetto de la ciudad de Venecia, en donde sus habitantes, son encerrados bajo llave a determinada hora. Es continuamente humillado y maltratado en público por un rico mercader, dueño de naves comerciales de nombre Antonio. Éste mantiene estrecha amistad con Bassanio, un hombre más joven, quién enamorado de la agraciada Porcia, desea conquistarla. Sucede que ella es una rica heredera, y vive en una isla, en la cual, recibe con frecuencia, eminentes y ricos pretendientes de diferentes puntos geográficos, que llegan con el afán de conquistarla.
Su desaparecido padre, con agudeza diseñó una especie de acertijo, en el cual, el pretendiente, debe escoger una, entre tres cajas. Y aquel que elija la correcta, encontrando en ella el retrato de Porcia, tendrá la suerte de desposarla.
“Hanging and wiving, goes by destiny.” (Act. 2, scene 9)
Bassanio, no es rico, y deseando presentarse frente a su amada, de forma digna para competir con los acaudalados pretendientes, le pide a Antonio una considerable suma de dinero para poder hacerlo así. De momento no la tiene, porque espera el arribo de sus barcos, que le portarán buenas ganancias. Le aconseja a Bassanio, que en su nombre vaya con Shylock, y le solicite el dinero, quedando él en garantía.
Shylock acepta, pero con la condición de que, si no le es entregado de vuelta su dinero más sus intereses, en el tiempo estipulado, entonces él tendrá el derecho de cobrarse con -una onza de carne- del propio Antonio. Resultando así, que el azar, lo coloca en posición de vengarse de quien con feroz discriminación de continuo lo ha menospreciado.
La trama posee sorpresivas vueltas para quien la lee o la ve por primera vez; por supuesto, manteniéndolo con vivo interés en su resolución.
La hermosa y especial ciudad de Venecia es el marco de la obra. Lugar ya de por sí, lleno de altibajos políticos, traiciones, ambiciones y leyendas, dentro de la República Veneciana y sus Dogos.
El llamado “Séptimo Arte,” posee la ventaja y los recursos de desplazarse a escenarios naturales y reflejarlos plenamente. Y en este caso, enriquecido por las excelentes actuaciones de Al Pacino, como Shylock. Irons, en el papel de Antonio, y Fiennes, como Bassanio.
Un deleite visual, conjuntado a un gran deleite actoral, transporta al auditorio a disfrutar de una de las mejores tragicomedias jamás escrita.



Lilia Rivera, Integrante del Círculo de Escritores Sabersinfin






