
4 de febrero de 2021
Los sentidos son nuestra primera línea para percibir el mundo e incorporarlo a la conciencia. Existen cinco: vista, oído, olfato, gusto y tacto, y parecen estar enumerados en orden de importancia. En los asilos de ancianos se menciona que la pérdida de la vista no produce tanto aislamiento como la pérdida del oído. Esta impresión se refuerza con investigaciones que demuestran que más que la miopía o la misma invidencia suele ser la sordera la que hace a los amnésicos o dementes recluirse en sus habitaciones. Incluso se plantea una pregunta: ¿el Alzheimer es reforzado por la pérdida progresiva del oído? ¿Estas personas no hablan porque han olvidado las palabras? De momento, las terapias aplicadas a dichos enfermos es hablarles o ponerles temas musicales, mostrando imágenes que ilustren los conceptos.
Una opinión de primera mano proviene de Helen Keller, la cual pudo superar un triple impedimento sensorial a través de los otros dos sentidos que conservó: el tacto y el olfato. Ella escribió en su autobiografía: “Soy tan sorda como ciega. Los problemas de la sordera son más profundos y complejos que los de la ceguera. Con la sordera pierde uno el estímulo más vital: el sonido de la voz que expresa los pensamientos y nos tiene en compañía intelectual con la humanidad”
En árabe la palabra absurdo se traduce como sordo. En inglés la palabra surd significa imposibilidad matemática. El latín surdus significa sordo o mudo, su etimología proviene de “raíz sorda” que a su vez es traducción del griego alogos que significa “sin habla o irracional”. Esta etimología parece indicar que, si una persona queda ciega, pierde un brazo, o el olfato, puede seguir adelante con sentido del mundo; pero una persona sorda queda privada del lazo crucial que aporta lógica a su vida.
La razón reside en que el oído es el primer sentido que se ejerce y el último que se pierde. El feto sumergido en líquido amniótico es arrullado por el latir del corazón materno: por eso se desasosiega y agita cuando escucha alteraciones de su ritmo y frecuencia. Por la misma razón el recién nacido trémulo y lloroso, es recostado sobre el lado izquierdo de la madre para escuchar su corazón con lo que se calma y duerme.
En los relatos épicos, los juglares -magos de la narración oral- subrayaban con el pie llevando el compás. La Iliada y la Odisea encantaban a propios y extraños, escuchando esa música hablada. Por tal motivo, existían ciertas reglas en la poesía clásica en métrica y consonancia resultando casi una partitura (la palabra “Soneto” proviene de la palabra italiana Canzonetta que quiere decir cancioncita”).
La música, desde las canciones de cuna, pasando por el Rap y llegando a las grandes sinfonías, aprovechan ese ritmo sincopado y arquetípico: el bolero de Ravel consta de dos compases casi idénticos, variando solamente el tiempo orquestal. Desde el advenimiento del sonido en el cine se aprovecha ese ritmo sincopado que llega al galope para subrayar escenas de thrillers o terror.
El habla nos distingue de los animales Los primeros hombres aprendieron a hablar escuchando los sonidos de la naturaleza. La palabra POETA proviene de un término arameo que describe el sonido del correr del agua. Con el transcurso del tiempo el habla se hizo tan importante que se establecieron reglas para sobrevivir, reglas que a la fecha observamos: no debemos hablar cuando comemos porque corremos riesgo de ahogarnos: nuestra laringe se adaptó a una posición muy baja.
Los médicos antiguos enseñaban que al ver una persona en coma agónico no se diagnosticara en voz alta, tanto ahorrarle la angustia de oír tal sentencia, como para evitar que escuchase el llanto y lamentos de sus seres queridos. En suma: el oído es una clave esencial para que el hombre decodifique el mundo y tome parte activa en él.
LENGUAJES NO VERBALES
Las personas que sufren de afasia (una rara enfermedad neurológica que les impide comprender las palabras), escuchan sonidos que no le dan una imagen mental del objeto, pero pueden interpretarlos por el ritmo, el tono de voz, el lenguaje corporal, la actitud. El Dr. Oliver Sacks relata en uno de sus libros, que ponía en el pabellón de los afásicos videos de discursos políticos; por sus carcajadas, enojo o incredulidad se daba cuenta que interpretaban el discurso no verbal como mentira flagrante. El perro es un excelente intérprete del tono, la modulación, y el acento en la voz, aunque es incapaz de identificar palabras.
El habla natural consiste más que en palabras, en expresiones que externan el sentido con todo el propio ser. Esa es la clave de la interpretación de los afásicos, aunque no entiendan en absoluto el significado del lenguaje. Cuando a determinada persona queremos demostrarle nuestra total dedicación, uno dice: “Soy todo oídos”, y convertimos nuestro cuerpo en una antena receptora, inclinando la cabeza, abriendo más los ojos, poniendo las palmas hacia arriba y apuntado con los pies al emisor: pareciera que exponemos toda nuestra piel para escuchar: eso es lenguaje corporal. Pero hasta una persona paralizada puede expresarse con el rostro y decirnos más que las palabras. Y si el lector es muy atento puede leer sus emociones en los ojos. Cómo todos los enamorados saben, hay un rico lenguaje en los silencios.
En las Artes: escritura, pintura, música, canto, danza y todas las combinaciones derivadas de ellas (cine, performance) tratan de provocar emociones. El artista sea con pluma, pincel o su cuerpo nos expresa sentires profundos y busca provocar una respuesta emocional.
Antonio Dámaso, neurólogo que estudia las bases neurobiológicas de la vida humana, dice que “El cerebro puede actuar directamente sobre el objeto mismo que percibe: lo puede hacer modificando el estado del objeto, o alterando la transmisión de señales de este.” Las percepciones se transforman en favorables o desfavorables según el aprendizaje, las emociones o comportamientos, influenciadas por experiencias y pensamientos individuales.
CONCLUSIÓN
La percepción sensorial es herramienta imprescindible para nuestra formación como individuos, únicos y excepcionales. Pero hay otras formas de oír e interpretar los lenguajes no verbales, que involucra las funciones más elevadas del intelecto humano cómo la observación, percepción e interpretación de signos emocionales. Podemos comunicarnos hasta en los silencios. Aún está en proceso la evaluación científica de estas capacidades intelectuales, pero vemos que su desarrollo es muy prometedor.
Las neurociencias han demostrado que el conjunto de cualidades cognoscitivas y su crecimiento en entornos favorables, es el camino para integrarnos al mundo que habitamos de una manera sana. Porque la salud, como lo define la ONU es: “El auténtico equilibrio bio-psico-social y no la mera ausencia de síntomas”.
Segismundo Freud dijo una vez que la solución al 80% de los problemas humanos se cifraba en dos palabras: “Amor y Trabajo”.


Alicia Flores Ramírez, Integrante del Círculo de Escritores Sabersinfin






