
08 de febrero de 2020
Afrodita
Ayer vi muerta a Afrodita Urania,
en el lodazal de las alcantarillas.
Su piel, con crueldad, apretaba la osamenta,
Piel transparente ya como el agua.
Su sangre por el desagüe corría.
Llevaba el hedor, de una ciudad
que vierte los vapores del odio por el desagüe.
Y aun la recuerdo,
pidiendo limosna a los párvulos del amor,
los que se sientan en las bancas para ver a las palomas palaciegas.
Y aun la recuerdo,
aferrándose, por la espalda, al cuello
de los ancianos cogidos de la mano.
Y aun la recuerdo,
golpeada por las damas
con cruces hechas de papel moneda.
Y aun la recuerdo,
ignorada por los hombres casados
con desconocido itinerario.
Traidores nocturnos
Y aun la recuerdo,
bajo la luz mercurial.
Escarnio de las siemprevivas
que pisan las colillas con sus tacones de aguja
Y aun la recuerdo,
pidiendo plegaria a la monja
consagrada de la liberación femenina.
Y aun la recuerdo
con el ama de casa llorando en su regazo.
Afrodita Urania,
tú hermana Pandemos,
te ha robado
el corazón del artista y del poeta.
Tus dos amantes milenarios.
¿Y dime?
Por eso caminabas por la calle solitaria
a la luz de la madrugada.
Ayer vi muerta a Afrodita Urania,
en el lodazal de las alcantarillas.


Nicholas Gutiérrez Pulido, integrante del Círculo de Escritores Sabersinfin






