De campiñas y monstruos
Minuto a Minuto

Sumisa y silenciosa
Se mecía la hierba;
El rocío la cubría,
Y ella, amorosamente,
Manteniendo equilibrio
Protegía el que las gotas
Continuaran ahí,
Sobre las hojas obedientes.

La brisa, tenuemente
Rosaba,  silenciosa,
Las hojas del ramaje.
Y nada presagiaba
En el campo tranquilo,
Lo que habría de ocurrir.

El sol venía de lejos,
Cansado, perezoso;
Pero  con la intensión
De abarcar con sus rayos
La extensión despejada,
De la campiña alegre,
Campiña que más tarde
Se preñaría de tristeza.

Poco a poco, el rumor
Se fue extendiendo:
¡Ya vienen!, se escuchó
En el sonido bronco
De una voz masculina,
La esencia de la alarma
Que cundió poco a poco,
Y pese a ello, incontenible.

La hierba, igual, humilde,
Se mantenía sumisa.
Después no fue sino rastrojo,
Testigo silencioso del embate
Llevado a cabo  por los monstruos
Metálicos, rugientes;
Los que, de paso, derribaron
Las modestas casuchas,
Algunas de las cuales,
Completaban su humilde arquitectura
Con el  modesto corralito
En el que se movían
Las aves, ignorantes
De que el noble alimento
Producido por ellas,
Quedaría triturado
Como gran enemigo de los monstruos.
Los patos, las gallinas,
Corrieron asustados,
Lanzando su alharaca
Por todos los confines.

Con sus orugas rechinando,
Los monstruos se alejaron.
Resonaron los llantos de mujeres,
Las maldiciones rudas de los hombres.
Y la torva expresión de uno y otros,
Engendrando venganza,
Hizo acto de presencia
Acompañando el gesto
Con  la lágrima viva,
Y el alarido universal
Brotando incontenible
Del pecho de la madre
Cuyo único hijo
De escasos tres abriles,
Triturado quedó.
Al paso delos monstruos.

¿Qué buscaban, que hacían
En esos campos tristes y callados
Los monstruos equipados
Con terribles cañones?   

Buscaban guerrilleros,
Que pensaban, estarían escondidos
Entre el humilde caserío.

¿Por qué habría guerrilleros?

Ni el capitán ni el general
Habrían escuchado
La palabra injusticia.
Para ellos existía
Solamente un principio: el deber

Por eso, maquinales,
Solamente ordenaban.

De corregir y reparar
Los  destrozos causados
Por esos  monstruos
Cuya  tripulación
Como un robot cualquiera
Solo sabía de órdenes,
Se encargarían, como siempre,
Los que  pedían justicia,
Y solo recibían lecciones de deber
Y órdenes de callar.
Porque así lo ordenaba
El supremos gobierno.

Ricardo Montes de Oca, Puebla, Pue., 11-11-2012

Ricardo Montes de Oca

 

Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.