LA ETERNA RUTINA DE SIEMPRE ESTARSE YENDO
Minuto a Minuto

RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

LA ETERNA RUTINA DE SIEMPRE ESTARSE YENDO.

 

 

 

 

Por: Alejandro Tamariz Campos[1]

 

 

 

Todavía en la casa resuena tu risa, y esas firmes ganas de molestar y de tomar todo a broma, casi frescas tus pisadas en el corredor, con esa prisa que siempre tenías, como si la vida te fuera correteando y te pusiera a competir con el tiempo, y aún están en la cocina la disposición de los trastes como a ti te gustaba.

 

 

 

La nostalgia hace que en mi recuerdo resuenen tus palabras y tu canto, como si fuese el sonido de la mañana que despierta mi emoción amodorrada, como esa voz que ordena el acto; y sin embargo ya no estas más; y peor aún, ya no vas a regresar, y yo no voy a buscarte.

 

 

 

Otra vez me voy, me voy como siempre me he ido, como una costumbre que sólo entiende mi historia, la de dejar todo, la de irme, la de abandonar lo conseguido, y aventurarme al incierto.

 

 

 

Como esa ocasión en que me fui de casa, sin dinero, hambriento, asustado, y con el frío calándome los huesos, y con el miedo reclamándome el atrevimiento. Mi cama, las sabanas tibias, la comida picosa de mi madre, el café caliente; y así lo dejé todo, y la angustia no me dejó saborear la aventura, ni la lluvia dejó los rastros de mis pasos para regresar corriendo temblando de miedo a buscar un abrazo. No hubo más retorno, jamás me imaginé el regreso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por supuesto que cuando regresé largo tiempo atrás ya no era la casa que había dejado, mis Padres eran otros, y mis hermanos casi no me conocían, era yo un extraño, pero con el mismo apellido; ya ni mis amigos se acordaban de mi, ni esa tierra pedregosa me reconocía, llegué a otro lugar no al que dejé, y me dolió mucho estar en otro tiempo y en otro espacio, y volví a irme de ese otro lugar que ahora era mi casa.

 

 

 

Así hoy que te acabas de ir sospecho, que si alguna vez te vuelvo a ver serás otra, ya no serás mi recuerdo que te retiene en la memoria, como el protagonista de la foto que al andar del tiempo ya no se reconoce, ¿Qué fórmula habrá para adaptar el recuerdo al paso del tiempo? o ¿Acaso estoy condenado a nunca regresar a los lugares y a las personas? ¿Será todo una idea concomitante de mi memoria? ¿Seré solo una idea entre mil de las ideas de Dios?

 

 

 

No se si será la idea acto productor del cambio y de la vida, y no se si serán los recuerdos sólo el engranaje que mueve la memoria del tiempo, pero si sé, que dan vida y movimiento, porque hacen sentir y generan el acto, y producen el cambio en el estado del ser, como en mi caso, el dolor de haberme ido, de haberte dejado ir, de no haberte atado con suficiente fuerza a mi cama, aún sabiendo que eras de la medida exacta de mis brazos.

 

 

 

Y ahora estoy aquí solo, otra vez solo, aunque ahora que lo pienso bien, siempre he estado solo, y esos momentos, esas personas, esas tristezas y esos amores, sólo han sido accidentes, sólo han sido el escenario que transcurre en el cambio del ser, todo ha sido una enorme conspiración del mundo y del universo para tan sólo un poco de experiencia, y para que el dolor de dejarte sólo sirva para guardar tu recuerdo, como un signo más de ese código.

 

 

 

Y ahora que te has ido cómo te recuerdo, recuerdo tus reclamos y tus discusiones, tu gusto por el chocolate y las películas de terror, tu constante frío que te seguía a todas partes, y la sencillez con la que vivías la vida, y me doy cuenta que por eso te quería tanto, que por eso me doblabas el corazón cuando me mirabas, que me gustaba estar contigo. Y que tal vez por eso ahora tengo tanta nostalgia de esas cosas, y cuando sé que no van a regresar más las extraño.

 

 

 

Y es que como ahora te extraño, también extrañé mi niñez, el trabajo fue algo que yo nunca pensé que llegaría, y creo ahora que han sido las horas más largas que me han parecido, pero algún día tuve que irme, y ya no regresaron más esos días de pesca, nunca más volví a robarme los mangos de la huerta de don Hilde, jamás volví a atravesar el arroyo crecido, no volví a levantarme hasta las once de la mañana entre semana, me dolió mucho esa vida aburrida del trabajo, sobre todo cuando no me gustaba lo que hacía, y sólo me esperaba a que las horas largas se diluyeran para que fuera a casa, a donde ya mi niñez se había ido, de donde me acababa de ir sin voluntad alguna.

 

 

 

Y así te dejé a ti como dejé a mi mejor recuerdo de niño, con un dolor profundo y punzante, y ahora me estoy yendo de ese momento hermoso que era el estar contigo, de otra vez salir a lo desconocido, de no tener con quien pelear por cualquier motivo, y sólo estoy aquí otra vez, para irme de nuevo.

 

 

 

Y de nuevo, me estoy yendo. Al eterno viaje de recorrer el mundo de los recuerdos tuyos y del mundo, al incansable recorrido del doloroso camino de lo que llamamos vida. Y la vida…sigue.

 



[1] Alejandro Tamariz Campos (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) egresado de la Facultad de Derecho de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, combina la pasión por la pintura y las letras con el ejercicio profesional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  1. Facebook
  2. Twitter
next
prev
next
prev

Hay 605 invitados y ningún miembro en línea