
Cuando ya no esté aquí,
cuando me marche,
y mis cosas se queden
expectantes y solas.
Sobre el buró de maderas olorosas,
en la fina repisa
de un secretaire cerrado.
Cuando no más mi sombra
en los muros distantes, abovedados,
de mi encierro proyecte.
Cuando atrás el silencio
perdido en calabozos
de un recuerdo privado
quede, de una lágrima.
Atrás quedará mi pena,
mis lamentos ahogados,
mi éxtasis, mis versos.
Atrás los vaporosos
miedos de nuestra infancia,
los amigos lejanos,
los que nunca se fueron.
Y un obelisco natural de arena
quedará brillando:
impronta de mi antigua presencia,
de mi pasión perdida,
y también del quebranto.
Quedarán los arcos estentóreos
de una existencia rota,
de una emanación perenne.
Jardines estériles,
pabellones abiertos,
nutridos, bien cuidados.
Aunque el dueño
no descanse más en sus vergeles.
Sin importar que el sueño de la vida
se haya disipado.
Siempre quedará en sus aposentos
el lujo de lo pertenecido,
el vapor de las cosas privadas,
el ajuar intacto.
Aquello por calzar, por vestir,
los libros apilados,
las perlas alguna vez ungidas,
las palabras quietas
en su cifra de lenguaje prohibido.
Los trazos, el color esparcido,
las siluetas.
Todo en espera, para nunca,
para el instante en que yo,
consumida y perpetua regrese,
del breve respiro de la muerte.
Publicado: 7 de febrero de 2018.
Xóchitl Niezhdanova, Ingeniera Civil con Maestría en Ingeniería Estructural. Poeta, Pintura, Pianista y amante del Arte en General. Escritora, Diletante, Amante de la Vida. Ávida por el conocimiento desde niña e inclinada a la Sabiduría Oriental. Solidaria de todas las causas justas y amante de la Naturaleza.
Imagen: siguemeporaqui.blogspot.mx








