
18 de diciembre de 2017
Tras la verdad de naturales e inocentes aspavientos
la frágil y endeble crisálida, desgarra vestiduras
sangrando una asfixiante angustia enfurecida
por el susurro del viento que murmura entre las hojas.
Paranoia absoluta, impotente y opresiva,
de una agitada zozobra que no puede frenar
la pestilente bazofia con que la otredad le anega,
haciendo del viaje, lapidaria y cruel tormenta.
Los rumores mismos susurran cuchicheos
y la ansiedad corroe vilmente su capullo.
¡Maligna, cruel y sanguinaria Paradoja!
Huir de la hedionda jungla y sus estruendos
es el único bastión que enarbola por bandera.
Y aún sin alas prefiere, involuntariamente,
arrojarse, de súbito, al vacío de una oquedad,
en un fulminante y drástico vuelo en estampida,
buscando librar la asfixiante atmósfera opresiva,
para transitar caminando la perpleja incertidumbre
que le espera, en la antesala de una expectativa.
¡Justo así y no de otra manera, es el despertar
de quien ya se tiñe de colores y matices diferentes!
Juan Carlos Martínez Parra








