Relato
Antes de mi él ya estaba ahí, sentado, envolviendo con sus manos aquel licor que lo hacía recordar su olvido, licor con el que intentaba anestesiar su dolor. Cada acorde, cada estrofa agregaba una herida más en su piel, la que está cerca del corazón. Sus ojos clavados en el músico, se perdían inevitablemente en esa fotografía de amor, de su amor, en la que no apareció. Acababa de comprarle rosas, para que su llegada sorpresa estuviera impregnada de ese romanticismo que pudiera emanar de sus pétalos rojos. A pocos metros de su casa, en esa banca, bajo ese árbol apenas alumbrado, donde sintió por vez primera la necesidad de apartarse de sus convicciones y entregarse a su amor; la vio. Su corazón se estremeció llenando cada espacio de su cuerpo, por un instante frío, de sangre hirviendo. En el momento siguiente todo quedó inmóvil. Volvió a existir aquella tarde en la que la impresión de los labios de ella en el lienzo enamorado de su boca marcó el principio de su amor. La escena se repetía, pero esta vez, en los labios de otro.
La canción que escuchaba en ese momento, mientras daba otro trago, provoco el nacimiento de una gota de tristeza que fue interrumpida de su camino mejilla abajo por la mano que muchas veces dejó marcas de pasión en su piel desnuda. – Otro por favor. Y sentado ahí, continuaba el suplicio. Quiso ignorar el momento y fingir que nada había pasado. Ahora fue un disco, que puso junto al cenicero lleno de cigarros muertos. Le llamó por teléfono y con respiración fingida argumentó que no se sentía bien y que lo vería otro día. Parado afuera de su casa, la ventana contaba una historia distinta, una historia de sombras que se tocaban y se fundían en pasión, detrás de las cortinas, frente a la luz hasta el fondo de sus pupilas incrédulas y desde ese momento, amargas. – Otro por favor. Y encendió el último de la cajetilla. – La siguiente canción habla de aquella vez cuando al pasar frente a su casa, la vi en brazos de otro. Apretó el vaso y apuró el trago. Esta vez, sus lágrimas lograron llegar hasta el mantel, sus manos a su cabeza y sus recuerdos hasta aquel instante cuando por enésima vez dejé de existir. Otra vez, todo se detuvo. Al abrir los ojos, tomé esta hoja y sin temor a escribir, lleno de miedo, tuve el valor de contar esta historia de cuando al morir, volví a nacer.

Arturo López es fotógrafo y amante de las lenguas. Arturo conduce el programa de radio: El Vórtice en Sabersinfin.com








