14 DE FEBRERO, DÍA DE SAN VALENTÍN
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14 DE FEBRERO, DÍA DE SAN VALENTÍN 

Por: Elizabeth Solano Méndez*

¡Hola mis queridos amigos virtuales! Me parece que literalmente me perdí en el espacio, pero ahora que he vuelto a encontrar la ruta quiero decirles que los extraño y que agradezco a los que se han tomado la molestia de comunicarse con una servidora, esto confirma que en la Internet nunca está alguien solo.

 

 

Y cómo no iba a encontrar el rumbo, si en esta semana se celebró lo que mundialmente se conoce como EL DÍA DE LOS ENAMORADOS, o sea el día de SAN VALENTÍN, para variar inventado por los norteamericanos que son muy duchos (buenos, avanzados) en la mercadotecnia.

Yo sé también que esta costumbre se está difundiendo ya casi por todo el mundo, sin embargo quisiera hablar y comentar un poco, no del día de la amistad que es generalizado en esta fecha,  sino del momento que en México llamamos el ser novios, que tiene características y chispazos que le dan la nota diferente en el día del amor y de la amistad.

En México, país de tradiciones y costumbres, se considera muy valioso el noviazgo, no solamente como el período que necesitan dos enamorados para conocerse y saber si pueden emprender el día de mañana una relación formal llamada casamiento; sino también es el paso a un momento de decisión que es fundamental en el proyecto de vida de cualquier ser y que se formaliza con lo que se llama “petición de mano”, y que es un compromiso ante las familias de los novios que difícilmente se puede desbaratar, pues se entiende como el acto que formaliza el noviazgo y se establece un período de tiempo, que no pasa de un año, para que la pareja se conviertan en esposos.

Esta petición de mano es un acto muy serio y muy típico de las costumbres mexicanas que se hereda desde la colonia, desde esas épocas casi la petición de mano se la dejaban al clérigo de confianza de la familia, para que a nombre del pretendiente formulara la petición de noviazgo, es decir, se autorizara la relación entre los enamorados y se comprometieran llegar al matrimonio. Hoy sigue siendo una tradición y generalmente la hacen los padres del pretendiente, que en una fecha concertada se reúnen en casa de la pretendida y en un acto solemne solicitan la autorización para que los pretendientes formalicen su noviazgo, resaltando las fortalezas de ambos y señalando una que otra debilidad que seguramente con los meses que faltan para llegar al casamiento se irán corrigiendo. Con el propósito de que en el lapso acordado puedan sumarse las dos familias y nazca una nueva que lleve los apellidos de ambos, pues aquí en México se usa el nombre o los nombres de “pila” (el que escogen los padres para llamar así a su hijo o hija), más dos apellidos, primero el del padre y después el de la madre y así se conforman las familias.

Con algunos cambios, todavía esta petición es parte de las costumbres de las familias mexicanas, el compromiso de esa petición se sella con un anillo de compromiso que el novio entrega a la novia, además del el brindis y la cena que puede ser para 15 ó hasta 100 invitados ¡Cuando todo es felicidad! acordándose la fecha probable de la boda, el templo, así como el vestuario y el lugar del banquete, sin faltar que se escojan los padrinos de la boda, la mesa de regalos; según sea el lugar serán las costumbres del número de padrinos, os que les corresponde y el número de invitados.

Así encontramos lugares como la costas mexicanas, en dicha zonas los padrinos son de toda índole: de vestido de la novia, traje del novio, arras, anillos, velación, misa, acompañamiento musical, cojines, ramo, pañuelo, lazo, adornos, recuerdos, invitaciones, pastel, licor, música conjuntos musicales, bandas, orquesta, mariachis, salón de fiesta, de brindis, de fotografía y de video.

 

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