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Por: Gerardo Montero Fueyo[1] 

 

Había una vez un hombre que a lo largo de los años había construido una vida, tenía un trabajo bien remunerado, una relación con su esposa como salida de un cuento, dos hermosos niños y una excelente reputación a donde quiera que él fuera. Tal era el atractivo y la admiración que generaba en su entorno que todos sus amigos le amaban y confiaban plenamente en él.


Nadie sabía que en lo más oscuro de su ser, este buen hombre crecía y maduraba un plan que pronto llevaría a cabo; había luchado durante toda su vida contra estos pensamientos, pero un día se convenció que no tenía caso luchar contra si mismo y como resultado fríamente calculó cada uno de los pasos para realizar con éxito sus deseos, nunca se había sentido tan libre como cuando se deleitaba en el momento en que estos llegarían por fin a ser una dulce realidad.


Una joven pareja, amigos de su infancia, vivían los momentos más felices de su vida. Desde antes de casarse su deseo mas grande era tener un hijo, el decía que soñaba que se iba a parecer a ella y ella decía que sería lo máximo que se pareciera a él. Cuando una preciosa niña llegó por fin a su vida después de varios intentos, los dos sentían que iban a explotar por toda la emoción que sus corazones contenían cuando miraban a la recién nacida que tenía los ojos de mamá y la nariz de papá, con todo el mundo querían compartir su felicidad, por eso pensaron que nadie mejor para compartir con ellos tanta alegría, que el admirado personaje oscuro y amigo íntimo de la nueva familia, por eso le pidieron fuera el padrino de su niña a la cual le pusieron por nombre Pandora.


La primera palabra que Pandora dijo fue “tío” (pues los mismos padres le decían que ese señor tan cariñoso era su tío) y la dijo entres sueños mientras su padrino la cargaba para llevarla a dormir a su recámara en una de esas tantas tardes en las que visitaba a sus amigos y le llevaba regalitos a su ahijada. Los papás no se pusieron celosos de que dijera “tío” y no “mamá” o “papá” porque los padres naturalmente aman especialmente a quienes comparten ese sublime sentimiento con los hijos.


Bastaba ver como le acariciaba sus manitas y su frente mientras le sonreía la besaba o le cantaba alguna canción para ver que este hombre estaba prendado de la niña.


Una noche el matrimonio fue invitado a una boda y no tenían con quien dejar a su niña, por eso pensaron inmediatamente en el “tío-padrino” y cuando le pidieron el favor este respondió:


-    Nada me daría mas gusto que cuidar a mi niña consentida, de todas formas mi familia salió de viaje el día de ayer y estoy libre hasta mañana, no sabía que hacer esta noche, Pandorita y yo nos vamos a divertir mucho.


-    Seguramente con nadie se va a divertir tanto como con su tío consentido, Dijeron los padres.

Cuando recibió a la niña en su propia casa y se despidió de sus amigos ella estaba dormida, la subió y la acostó en su cama, fue a buscar un líquido que tenía escondido en una de las bolsas de dormir que usaba para los días de campo y se lo dio a oler por unos segundos hasta que estuvo seguro de su efecto. Por fin podría llevar a cabo su plan. Por las bocinas del aparato de música sonaba con traviesa armonía un disco de Mozart arreglado de tal forma que todas las melodías parecían canciones de cuna.

Él besó la frente de la niña y desanudó su corbata, sus ojos, que dejaban ver un brillo de locura contemplativa se comenzaron a humedecer al igual que sus labios, las velas que antes había puesto alrededor de la cama, iluminaban tenuemente un rostro que se iba transformando segundo a segundo en el demonio interno que durante años fue alimentando en la oscuridad. Al tiempo que aflojaba su cinturón, la bestia (haciéndose real) emergía y tomaba posesión de sus actos quedando la personalidad del padrino y la vida de su ahijada a su merced. Jamás imagino la fuerza y el alcance de esa semilla siniestra que ahora por fin salía triunfal de su morada, sin cadenas que limitaran ninguno de sus deseos.

No vale la pena hablar de lo que sucedió esa noche, pensar en ello ennegrece el alma…

La niña quedó lastimada violentamente y su vida corría peligro.

Cuando los padres vieron a su pequeña Pandora (después de recibir una extraña llamada por parte del amigo que cuidaba esa noche a su hija) esta parecía ser un enorme moretón, había sangre resbalando por sus piernas y parecía muerta. Caminar por el piso producía resbalones y ver en un rincón al atacante meciéndose lentamente desnudo en el suelo con la cara y las manos ensangrentados y tarareando a Mozart causaba escalofríos y ansias de matar, pero la confusión fue tal que no podían hacer otra cosa mas que llorar y repetirse una y otra vez que eso no estaba pasando.

De pronto, instintivamente el padre se abalanzó contra el causante de tanto dolor, pero dos policías le impidieron el paso, la madre sollozaba y gritaba que salvaran a su bebé que todavía respiraba, y el dolor y la angustia de saber que la criatura estaba viva al borde de la muerte e imaginar lo que había sufrido los llevó casi al borde de la locura.

Pasaron los años y la historia de cada uno de los personajes tomo su camino de acuerdo naturalmente a sus propias decisiones.

El padre de Pandora abandonó a su mujer y a su hija que sobrevivió pero crecía insegura y temerosa, la vida junto a ellas era un infierno, verlas era culparse por todo lo ocurrido esa noche y no haber matado al que una vez fue su amigo lo hacía maldecir su debilidad. Jamás se supo de él.

La madre odió y maldijo al atacante de su hija por haber sido la causa de tanto mal en su naciente familia, este sentimiento la destruía de día y de noche. Soñaba que estaba en esa habitación y contemplaba el ataque a su pequeña niña detrás de las velas pero no podía moverse ni emitir ningún sonido. Durante el día no sólo tenía que lidiar con los problemas psicológicos que Pandora enfrentaba a diario sino también con el hecho de cargar sobre sus hombros toda las responsabilidades de la vida diaria, las cuales pase lo que pase no se pueden evitar y no se detienen ante ningún sufrimiento.

El sacerdote de la parroquia a la que acudía le hablaba del perdón y ella no podía hacerlo, “con todo cumplo con Dios (le decía) menos con eso”, en su interior odiaba también al sacerdote cuando él hablaba del amor hacia los enemigos y jamás aceptó tal doctrina.

Un día pasados los años, supo que este hombre demoníaco cumplió su sentencia y salió de la cárcel.

Pasado el tiempo, a pesar de haber sido abandonado por su familia y haber quedado en la ruina total, se decía que era otro hombre, había sido tocado por la experiencia, que había sido transformado. Caminando en libertad se retiró a vivir en la soledad, de todas partes lo buscaban para ser bendecidos por él, decía que su vergüenza había sido tal que más bajo no supo caer, que la comprensión apareció después de una profunda reflexión en la soledad de su prisión, que su mente después de divagar por los infiernos y haber sido consumida por las llamas emergió triunfal, y que viviría compartiendo y ayudando a todo aquel que quisiera encontrar en su corazón la verdad que el había encontrado. Predicaba que solo el dolor profundo transforma al hombre y lo alienta a la dignidad, ese hombre por extraño que parezca estaba lleno de bondad, algunos se atrevían a decir que era un iluminado, un santo y que ya no sabía vivir de otra forma más que para entregarse a los demás.

Cuando la mujer oyó esto fue a buscarlo y en su mente habitaban malignas intenciones y deseos de venganza, no tenía ya nada que perder, su esposo y su hija la habían dejado sola al igual que sus amistades, cuando llegó y lo vio predicando no lo reconoció, le pasó algo muy extraño, cuando ella abría los ojos lo veía a él radiante y hermoso compartiendo con ella una cálida luz que emanaba por todo el contorno de su cuerpo y en sus ojos se veía ella bañada igualmente por su luz, pero cuando los cerraba se convertía en el tétrico ser que la atormentaba entre sueños. Tal confusión la hizo huir y nunca buscarlo más, sin embargo ahora el odio era más grande pues no solo le fue imposible perdonarlo, ahora también le temía sin saber a ciencia cierta porqué.


Encarándose con Dios una noche, la más negra de todas, renegó de Él y de las bendiciones que según los libros sagrados Dios derrama sobre sus hijos. No era posible que aquel que es amor infinito, aquel que es el creador de la vida, y de quien ha emanado la justicia eternamente, le diera la luz al ladrón de su vida y en cambio la hundiera a ella, la ofendida, poco a poco en aguas pantanosas, tan infernales como el rencor de sus días y la impotencia de sus noches.


Pandora por su parte siguió creciendo, dejó a su madre como se ha dicho, porque ya no era posible vivir a su lado, sin embargo día a día era una lucha para ella, pues todos los obstáculos que en su vida aparecían los iba venciendo gradualmente, descubrió que sólo en su interior superaría todas las confusiones que cargaba a donde quiera que fuera. Pandora hurgó esperanzada en su alma, tratando de encontrar las respuestas que le permitieran vivir con libertad soltando el odio, el rencor y la frustración heredada por las circunstancias de la vida. Algo supo que la mantuvo en pie y le forjó un carácter admirado por la gente que pasaba por su vida… Tenía la certeza de que sólo por sí misma encontraría la paz y transformaría su destino.


Uno a uno  de estos personajes fueron muriendo y perdiéndose en el recuerdo al pasar de los años, sin embargo me han llegado noticias de tres de ellos, primero Murió la madre, cuando llegó a juicio y el martillo tronó en los cielos, la sentencia fue volver a nacer en una hermosa familia, durante ocho años todo fue bien, pero un día corrió el mismo destino que Pandora, sin embargo esta vez hubo un cambio en los detalles, debido a la brutalidad con que fue atacada su cerebro sufrió daños irreparables, le costaba mucho trabajo entender y tuvo que dar mucho de sí, pero siempre fue alentada y custodiada y tal vez si no fuera por eso su siguiente juicio no hubiera sido tan favorable. Pandora también llegó a las salas definitorias e igualmente tronó el martillo, Se le dio la oportunidad de volver a nacer, su vida no fue fácil en un principio, pero todo lo superaba con increíble facilidad, a donde quiera que llegaba lograba sembrar sonrisas y repartir alegría, su vida fue un jardín de rosas de todos los colores e impregnada de deliciosos aromas, se decía (y con razón) que los ángeles custodiaban sus pasos. Del último que supe es del tercer personaje, me costó mucho trabajo saber el resultado de su juicio, ya que se dio la orden de mantenerlo en secreto por mucho tiempo, pero al fin me logré enterar, comenzó como aprendiz en las huestes celestiales y su deber era alentar sutilmente el perdón en los corazones oprimidos y maltratados por sus propios dueños, se le encargó custodiar principalmente a Pandora y a su antigua madre en sus nuevas vidas, y por cierto lo hizo tan bien que un siglo después recibió su primera medalla al mérito angelical.


¡Qué injusta es la vida! he oído decir a quien a sabido de esta historia. Dios debió castigar a este hombre e infundirle amor a las víctimas que confiadas fueron tan profundamente dañadas por este ladrón de vidas. Tal es la justicia de los hombres que solamente son capaces de percibir el exterior de las cosas y de los eventos.


A mí solo me queda pensar que cada quien obtiene lo que es capaz de merecer por méritos propios, que nadie es capaz de dar lo que no tiene y que el infierno y el cielo es una elección independiente de las circunstancias que rodeen al hombre.


¿Cuál sería tu elección si ésta fuera tu historia?


[1]   Gerardo Montero Fueyo  (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es un joven empresario que dedica su tiempo libre a la literatura, la filosofía y la actuación. Sabersinfin.com agradece a Gerardo Montero la autorización para publicar el presente trabajo.

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