Epifanía de madrugada
Minuto a Minuto

(Relato)

Dame algo para dormir
y suprimir el pensamiento,
dame más al despertar
cubre mis ojos con tus pechos.Una balsa para flotar
una vela para el viento,
un intento de llegar
solo por el movimiento.
Rendición, todo el muro se viene abajo,
la presión en cualquier momento estalla.
José Manuel Aguilera.

El sonido del segundero del reloj de pulso que se encuentra encima de la mesa de noche junto a la cama donde yace varado, en la habitación de la casa que es de él pero como si no lo fuera y en la que no quiere estar, que retumba con un peculiar desfase al ritmo de su desasosegado corazón, le recalca el paso lento del tiempo (tic, tac, tic, tac…).

La expectativa que provoca la elasticidad de la siguiente gota que se forma en la nariz del grifo del lavabo del medio baño contiguo a esa primera habitación para nada se encuentra en sincronía con el pulso regular del cuarzo.

La noche es joven aún, y pasan por su mente cosas tan superfluas como el análisis de la causa de que el generador eléctrico del motor del auto estacionado en la cochera de la misma casa, no suministre adecuadamente a la batería o acumulador que se encuentra del lado izquierdo, justo abajo del asiento trasero, exactamente atrás del lugar del copiloto de ese puto auto.

De pronto, el ladrar alternado e insistente de un par de perros que provienen de la casa de al lado, pero que pareciera que pernoctan con él, lo distraen de esa y otras cavilaciones intrascendentes.

La cantidad de pendientes que pasan saltando la verja de madera como ovejas de su conciencia, lejos de regresarlo a los brazos de Morfeo, lo arrastran angustiosamente a los brazos de Tánatos. (¡Que tenates!) Se acordó también de estrepitoso sonido de las monedas de diferente denominación chocando entre ellas, acumuladas en el dispensador de metal que esta junto al volante, justo enfrente del pendejo que conduce el microbús de la ruta que irremediablemente lo lleva del trabajo a su no casa, y que frena como arrojando ancla a babor.

 Entonces, se levanta de la cama pensando en la cantidad de agua que tuvo que tomar previamente, y en el vaso que de seguro permanece en el lugar donde lo dejó, y con la cantidad de agua restante intacta, en la barra que está entre la cocina y el comedor, justo al final del corredor por el que tiene que pasar para deponer esa agua que le atribula la vejiga y demás artefactos urinarios.

Piensa por un momento en el salero con forma de jitomate bola que adorna la mesa justo al lado de la jarra de agua simple que pidió al llegar, del comedor de alguna casa cercana a su trabajo acondicionada para prestar el servicio de fonda y en donde la tarde previa se refinó un trío de enmoladas que aún reverberan en algún lugar de su tracto digestivo.

     Después de deponer esas aguas incomodas, recorre el mismo número de pasos de vuelta a su aposento, se deja caer estrepitosamente en la cama, y piensa en el par de minutos que restan para que cansado, regrese al túnel oscuro de los sueños, refugio de sí mismo y de todas esas cosas que hormiguean en la conciencia y no lo dejan dormir, vivir. De pronto, el reloj, la gota, los perros y demás imágenes se quedan atrás, sonando como radio viejo con eco, cada vez más lejanas.

Hugo Islas 2

 

Hugo Islas (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) radica en Puebla, es amante de la música y las letras.