DULCES SUEÑOS
Minuto a Minuto

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-Ya vas a fumar pipope? -me dijo el machacas  mientras encendía un cigarrillo.

Me sentía pleno, dichoso, feliz de estar ahí en ese lugar, con esas personas, la pareja de italianos había ido a caminar, no platicaban mucho con nosotros y no creo que el idioma fuera el problema, pues había tenido  experiencias con personas que no hablaban español pero aun así buscan expresar algo, más bien pienso que venían en su viaje y nosotros no éramos parte él.

-Conoces la almeja chocolata?

-No machacas

-De lo que te has perdido pipope, es un manjar y aparte hace que se te pare la reata en la noche con tu morra.

-¿Donde la venden?

-¿Cómo donde la venden pipope? a 30 ó 50 metros de donde estamos la puedes sacar, vas a ver, la próxima vez que salgamos sin clientes sacamos almeja, para que se te pare la reata ja, ja, ja, ¡con el chino con quien vives!.

-¡No es chino, es coreano!, y no quisiera que se me parara la reata con él, ja, ja, ja, ja.

Paul era el nombre de un coreano con quien me hospedaba en La Paz mientras durara mi curso de divecon.

-¡Arrivederchi! -gritó Mora para alertar a la pareja que se preparara para el regreso a la marina.

-¡Empuja pipope!…me decía el machacas para lograr desencayar la embarcación del mar.

-¡Súbete pronto!

De un salto ya estaba dentro de la carey.

prrrrrrrrrrrrrrrrrrrr

Aceleró el machacas y giró el timón para perfilarlo hacia La Paz de regreso.

-¡Mira! -me dijo señalando un montón de agua salpicada, como la que saca un clavadista.

-¿Qué era eso? –pregunté.

-¡Mira de nuevo! –dijo.

Ahora sí estaba viendo el lugar correcto, a la hora que me decía, aun así no lograba descifrar lo que era; era algo muy extraño, no le encontraba forma a lo que saltaba en el agua.

-¡Es una manta! salta así dejándose caer de nuevo para chocar con el agua y así lograr quitarse los parásitos que se le pegan, y también son riquísimas con huevo en machaca.

Ahora iba entendiendo el por qué le decían así al capitán Lucero

-¡Mira!

Y de nuevo otra saltó, y una más, era la hora en que les gusta saltar, más de veinte vimos esa tarde.

De regreso volvimos a pasar por la isla Ballena, La Gallina y El Gallo, sólo que ahora unas aves extrañas revoloteaban su cumbre.

-Son tijeretas pipope.