DULCES SUEÑOS
Minuto a Minuto

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Víctor no era una persona común y corriente, él era somelier en un prestigiado restaurante de San Diego, de esas personas que te recomiendan un vino según lo que estás comiendo; se había dado un año sabático junto con su pareja para vivir en La Paz, y había aprovechado para tomar el curso de guía y trabajar algunos meses de eso.

De pronto toda mi atención se fue hacia mi snorkel, algo o alguien me daba jalones y no lograba ver nada, de pronto y como si fuera impulsado por dos motores de  trescientos caballos, pasó frente a mí un lobo marino como de unos ochenta o noventa centímetros, era un cachorro de lobo, bastante travieso y muy curioso, como cualquier niño de ocho años, no dejó de observarme ni  tampoco yo  a él… era mi primera vez con esos animales y aun no estaba muy seguro de que fueran cien por ciento inofensivos.

En ese buceo yo creo que vi más rock fish que en ningún otro buceo, no se si fue por la época, o por la profundidad, o por que Víctor me platicara demasiado de ellos  durante el viaje, lo que si se es que es impresionante como se pierden entre las rocas, pues como su nombre lo dice son pez roca, pero mencionaré su nombre en inglés, ya que es como internacionalmente se cataloga el nombre de los peces; vi mi manómetro y marcaba 1,500 libras, nada mal para un buzo novato, llevábamos apenas unos treinta minutos a una profundidad de 60 pies,  unos metros más adelante vi a lo lejos el fin de la piedra y nada más se veía, sólo el azul profundo del mar, lo bueno es que dimos vuelta para pasar por un arco, y no fuimos a ver que misterios escondía el mar.

Logrando pasar por unas piedras bastante amenazantes de cortarnos, o de que algún rock fish lograra escabullirse y nos picara con una de sus púas venenosas, llegamos a una parte bastante baja, pero llena de familias de lobos marinos…salimos a la superficie un poco y los sonidos de los lobos llenaban aquel lugar de alegría, era como si todos siguieran la batuta de algún director de orquesta no identificado.

- Vamos a la embarcación, advirtió Mora, llegamos al cabo del ancla, lugar muy común para detenernos mientras uno a uno van subiendo a la embarcación.

- ¡Qué tal pipope!, ¿Cómo te fue, no viste sirenas? -me saludó machacas.

-¡Cabrón, cuantos plomos le pusiste al cinto!, me gritó al tiempo que le pasaba el cinturón de plomos, ya que es lo primero de lo cual debes desprenderte al salir del agua, y mi cinturón tenía algo así como 20 libras…ya que no quería que me faltara peso, pues había tenido esa experiencia anteriormente y gastas mucho aire y energía para mantenerte sumergido.