
08 de febrero de 2020
Visión
Abrió el ventanal asomándose conjuntamente también desde el balcón del corazón. -Todo había terminado- En el café de la plazuela las sillas se encuentran amontonadas, los parasoles cerrados. El lugar casi vacío: Se había ido. . . Solo la sutil y pálida luz dorada del ocaso otoñal, inunda abrazando el lugar entero. Cada balcón de la casona antigua donde habita, simbolizaba una entrada al alma. Un acceso o bien una vía de escape según se quisiera ver. En este preciso instante para ella era lo segundo.
Desvió la mirada hacia el local del bar a su derecha: alcanza a mirar desde allí a una pareja sentada en una mesa junto a la ventana oval del edificio. Las luces ambarinas dentro se encuentran ya encendidas. Ve dos copas de cristal a medio llenar con vino blanco, frente a cada uno. Logra casi percibir el bouquet de este. Observa las manos entrelazadas, la mirada sostenida uno en el otro. ¡Si ésa mujer fuese ella!
El reloj de la iglesia ubicada detrás da la hora: se ha terminado el día; inicia la noche. Siente un agudo vacío dentro. La angustia la atenaza. Las luces blancas del alumbrado público van encendiéndose a lo largo de la estrecha calle. Al suceder esto, se esfuma para ella así también toda esperanza. El fin del amor conlleva adioses.


Lilia Rivera, integrante del Círculo de Escritores Sabersinfin






