El pecho me
ha dolido y bastante, pero el dolor que me producía saber que Cristal pudiera
ser dañada me hacía ignorarlo. No sabía que hacer, ni siquiera estaba seguro de
que una intervención mía fuera buena. Cómo podía yo, un desconocido, aconsejar
a una mujer en peligro, era probable que me tuviera miedo y que huyera de mí
para refugiarse en los brazos del otro.
Cuando la vi
salir rumbo a su trabajo tuve la intención de alcanzarla y hablarle pero nada
ganaba con ello. La observé llegar a la esquina y buscar en aquel árbol otro
recado, sus ojos recorrieron las esquinas pero nunca encontró lo que buscaba.
Unas lágrimas salieron de sus ojos, mi adorada Cristal estaba sufriendo y yo
con ella.
Jueves 19 de
mayo.
En la mañana
todavía no se me ocurría nada, el dolor en el pecho cada vez se ha ido haciendo
más fuerte, lo mismo que la impotencia.
Con ansia
esperé ver salir a Cristal de su casa, vi como abrió la puerta y caminó con
desgano hacia el zaguán, al llegar a él sus ojos se dirigieron a la esquina y
su rostro se iluminó con una sonrisa que llenó su cara y corrió llena de
felicidad, ahí estaba el desgraciado esperándole; esta vez no hubo recato, se
colgó a su cuello y lo llenó de besos, se abrazó a él, que permaneció seco y
distante, casi llorando lo besó todavía más. Él la separó lentamente y dijo algo,
ella primero lo observó callada y así, sin decir palabra, lo besó en la boca.
En ese
momento supe que ya nada podía hacer, él había ganado.
Dejé que
transcurriera el día, nada me importó ya, ni tomé la pastilla, volví la espalda
a la ventana y mi vista se perdió entre los papeles apilados.
Cuando me di
cuenta era hora de que Cristal regresara, volví a sentarme frente a la ventana
y esperé. Vi salir al joven del 1 y al poco rato regresar con una mujer,
distinta a la anterior, esta con poco seno, delgada y un poco temerosa, pero él
la rodeaba de la cintura, conduciéndola suave pero firmemente la introdujo en
el departamento. Cerré los ojos e imaginé la escena de seducción que en ese
momento se estaba efectuando en el departamento y recordé a Cristal, desee que
si ella estaba en la misma situación que por lo menos no sufriera y que el tipo
aquel no le hiciera daño, ni hoy ni nunca.
Al abrir los
ojos nuevamente vi a la “Pelucas” en la puerta de su casa, estaba esperando a
alguien, al rato llegó el mecánico y se dirigió a su propio departamento, antes
de entrar la “Pelucas” le habló, el se volvió a verla y metió la mano al
bolsillo, sacó unos billetes y se los extendió, ella sin contarlos los tomó y
los guardo en el seno, lo invitó a pasar y cerraron la puerta. Extraña
coincidencia, en este momento dos parejas distintas, tal vez tres, estaban
haciendo el amor o cogiendo o algo similar, todos por distintos motivos, para
satisfacer necesidades también distintas.
Cristal llegó
más tarde que de costumbre, cansada, feliz pero con cierto aire de
incertidumbre, su destino estaba marcado.
Viernes 27 de
mayo.
Durante estos
días el dolor se ha hecho todavía más insoportable, intenso, no sé como he
vivido estos días, he perdido las ganas de vivir, pero soy demasiado cobarde
para matarme. He visto a través de mi ventana como Cristal ha esperado en vano
que lleguen por ella nuevamente, después de ese día en que se entregó a él no
lo ha vuelto a ver, sabe que cometió un error pero no se arrepiente y todavía
confía en que regresará algún día.
Yo lo espero también.








