LA VENTANA - Jorge Alberto Durán Ramírez
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El pecho me ha dolido y bastante, pero el dolor que me producía saber que Cristal pudiera ser dañada me hacía ignorarlo. No sabía que hacer, ni siquiera estaba seguro de que una intervención mía fuera buena. Cómo podía yo, un desconocido, aconsejar a una mujer en peligro, era probable que me tuviera miedo y que huyera de mí para refugiarse en los brazos del otro.

Cuando la vi salir rumbo a su trabajo tuve la intención de alcanzarla y hablarle pero nada ganaba con ello. La observé llegar a la esquina y buscar en aquel árbol otro recado, sus ojos recorrieron las esquinas pero nunca encontró lo que buscaba. Unas lágrimas salieron de sus ojos, mi adorada Cristal estaba sufriendo y yo con ella.

Jueves 19 de mayo.

En la mañana todavía no se me ocurría nada, el dolor en el pecho cada vez se ha ido haciendo más fuerte, lo mismo que la impotencia.

Con ansia esperé ver salir a Cristal de su casa, vi como abrió la puerta y caminó con desgano hacia el zaguán, al llegar a él sus ojos se dirigieron a la esquina y su rostro se iluminó con una sonrisa que llenó su cara y corrió llena de felicidad, ahí estaba el desgraciado esperándole; esta vez no hubo recato, se colgó a su cuello y lo llenó de besos, se abrazó a él, que permaneció seco y distante, casi llorando lo besó todavía más. Él la separó lentamente y dijo algo, ella primero lo observó callada y así, sin decir palabra, lo besó en la boca.

En ese momento supe que ya nada podía hacer, él había ganado.

Dejé que transcurriera el día, nada me importó ya, ni tomé la pastilla, volví la espalda a la ventana y mi vista se perdió entre los papeles apilados.

Cuando me di cuenta era hora de que Cristal regresara, volví a sentarme frente a la ventana y esperé. Vi salir al joven del 1 y al poco rato regresar con una mujer, distinta a la anterior, esta con poco seno, delgada y un poco temerosa, pero él la rodeaba de la cintura, conduciéndola suave pero firmemente la introdujo en el departamento. Cerré los ojos e imaginé la escena de seducción que en ese momento se estaba efectuando en el departamento y recordé a Cristal, desee que si ella estaba en la misma situación que por lo menos no sufriera y que el tipo aquel no le hiciera daño, ni hoy ni nunca.

Al abrir los ojos nuevamente vi a la “Pelucas” en la puerta de su casa, estaba esperando a alguien, al rato llegó el mecánico y se dirigió a su propio departamento, antes de entrar la “Pelucas” le habló, el se volvió a verla y metió la mano al bolsillo, sacó unos billetes y se los extendió, ella sin contarlos los tomó y los guardo en el seno, lo invitó a pasar y cerraron la puerta. Extraña coincidencia, en este momento dos parejas distintas, tal vez tres, estaban haciendo el amor o cogiendo o algo similar, todos por distintos motivos, para satisfacer necesidades también distintas.

Cristal llegó más tarde que de costumbre, cansada, feliz pero con cierto aire de incertidumbre, su destino estaba marcado.

Viernes 27 de mayo.

Durante estos días el dolor se ha hecho todavía más insoportable, intenso, no sé como he vivido estos días, he perdido las ganas de vivir, pero soy demasiado cobarde para matarme. He visto a través de mi ventana como Cristal ha esperado en vano que lleguen por ella nuevamente, después de ese día en que se entregó a él no lo ha vuelto a ver, sabe que cometió un error pero no se arrepiente y todavía confía en que regresará algún día.

Yo lo espero también.