LA VENTANA - Jorge Alberto Durán Ramírez
Minuto a Minuto

Índice del artículo

 

De ahí, mi mente saltó a un cuarto de azotea prestado por alguien para llevar a mi novia, me vi entrando abrazándola para aminorar su miedo. Me habían dicho que una señorita apretaba más que una puta, creo que en ese entonces yo tenía 16 ó 17 años, ella tendría 15 pero con unos senos muy bien puestos para su edad, adentro del cuarto comencé a besarla y acariciarla, ella permanecía inmóvil, impávida, ¡imbécil vieja! parecía que no sabía a lo que iba, la desnudé casi a fuerza, yo solo me bajé los pantalones y me metí en ella, pegó un grito y después siguió quieta hasta que acabé. Esa vez tampoco sentí, en mi ignorancia pensaba que coger era lo mismo que hacer el amor, no sabía que para disfrutar del sexo había de sentir más amor que pasión; ahí quedó su virginidad y mi soltería. A los 18 años era un hombre casado con una vieja panzona, creí que el hijo que esperaba sería el comienzo de la felicidad matrimonial, pero no, ¡ni madres!, fue el inicio de una vida aburrida, monótona, que todavía hoy sigo viviendo.

Lunes 9 de mayo

Inicio de una nueva semana. Si ahora quisieran sacarme de este cuarto me dolería mucho abandonarlo, ver a través de mi ventana se ha convertido en una especie de droga, me paso el día viendo a través de ella un mundo que siéndome ajeno lo siento como propio, estoy viviendo y disfrutando como nunca antes: Cómo me hubiera gustado vivir en una vecindad tal como la que mis ojos observan en toda su magnitud, por lo menos la situación es más variada que en casa o en mi trabajo.

Hoy la “Pelucas” llegó en taxi, parece que no le fue tan bien, antes de meterse a su casa el mecánico salió de la suya, sin perder tiempo se dirigió a ella, metió la mano en el bolsillo, dijo algo y le enseño unos billetes cuidándose que no fuera a salir su mujer. La vecina, sin decir palabra, soltó una carcajada, negó con la cabeza y se metió a su casa, el mecánico le mentó la madre con el brazo, se guardó su dinero y caminó a la salida rezando groserías, se detuvo en rato en el zaguán y en lugar de tomar la ruta acostumbrada, tomó la contraria.

Del 3 salió la muchacha trabajadora, arregladita como siempre, la observé detenidamente y a la distancia me pareció que cuando madurara sería una mujer muy bella, aún ahora, a pesar de su juventud era de una hermosura que ya se ve poco, su cabello lacio, bien recortado, con un brillo natural, daban ganas de tocarlo, acariciarlo; mis manos temblaron ante la posibilidad de sentirlos entre ellas. De tez blanca, su piel parecía perfecta, tersa; el cuerpo bien formado, toda ella se manifestaba ingenua, cándida, virgen. Sólo pude suspirar y acompañarla con la vista, en la esquina esperaba nuevamente el tipo de la semana pasada, cuando llegó a él la abordó y comenzó a hablar con ella, al principio ni la vista le dirigió, pero tampoco lo rechazó, simplemente dejó que la acompañara, los seguí hasta donde se perdieron. No pude evitar sentir celos y temor, era demasiado joven para enredarse con un tipo que a leguas se veía ya corrido, ¿qué mentiras iría diciéndole?, ¿de qué manera la estaría envolviendo? Quise salir corriendo y prevenirla pero ¿qué le iba a decir?, opté por permanecer en mi sillón, deseando que nada le sucediera.

Volví los ojos a la vecindad, a los niños que ya se habían apoderado del patio, de su mundo, del único que podían poseer y manejar a su antojo, entre iguales se desenvolvían mejor que en el mundo del adulto, al que no entendían todavía. Pensé que el inválido no saldría hoy, pero su madre lo empujó nuevamente al patio. El grupo de niños al verlo tan solo lo jalaron hasta un rincón y se pusieron a hablar, al poco tiempo volvieron a corretearse por el patio, primero sin el inválido que quedó en el rincón, observándolos, envidiándolos; pero luego lo volvieron a utilizar para hacerse “cochecito”, empujándolo para jugar al toro. Igual que antes el niño primero se rió y después lloró, pero ahora no gritó, tal vez temiendo más a su madre que a los niños, cuando estos se cansaron volvieron al rincón a platicar, pero ahora el centro de atención era el inválido, le hablaban y él respondía, le tocaban las piernas, se las levantaban, yo creo que se preguntaban porqué alguien igual a ellos estaba pegado a una silla.

Vino la Pérez a dejarme la mentada pastilla, la tomé rápidamente para regresar a mi lugar privilegiado, los niños siguieron un rato más con sus juegos, las señoras fueron al mandado y la niña de secundaria fue al encuentro del novio.

A media tarde un joven se metió al departamento 1, como no lo había visto antes pensé que a lo mejor estaba de viaje, al rato salió de su casa y a los quince minutos estaba de regreso con una mujer de senos exuberantes y pocas nalgas, bien vestida; se perdieron en la puerta y no salieron hasta pasadas dos horas, el tipo cerró la puerta y ya no lo volví a ver.

Ya casi al anochecer llegó el mecánico con unos mariachis, venía borracho, les señaló a los músicos en que puerta debían tocar y mientras lo hacían él veía la puerta contraria. Cuando salió su mujer, él todo amor y dulzura, la abrazó y la obligó a no regañarlo, ni por la borrachera ni por los mariachis; despidieron a los rascatripas y se metieron a su casa, de donde tres niños, fueron corridos, entre ellos el de la silla de ruedas, y estuvieron en el patio sin saber que hacer, hasta que ya muy noche los metió la madre.

La señorita trabajadora regresó poco después de que los mariachis se fueran, la veía distinta, algo en su rostro denotaba que un cambio se había dado en ella, estaba feliz, como si... estuviera enamorada. Ella estaba enamorada. Sentí una punzada en el corazón, mi mano derecha se dirigió al pecho y me dio un masaje, cerré los ojos y así estuve hasta la hora de salida.

Martes 10 de mayo.

 El dolor en el pecho no se me quitó en toda noche y me siguió todo el día, no pude dormir, sólo pensaba dos cosas, mi pecho y la chica trabajadora. Como ignoraba su nombre la llamé Cristal, pues su figura, su andar, su risa, toda ella me parecía de ese material, además me imaginé que cualquier cosa podría hacerle daño, romperla, lastimarla.

Desde que llegué me apoderé de mi ventana, deseaba descubrir qué había motivado aquel cambio en Cristal. Hoy la prostituta en lugar de entrar a su casa salió de ella, se notaba preocupada, probablemente el negocio no funcionaba; al rato salió el mecánico, vio la puerta de la vecina y con el brazo le volvió a mentar la madre, precisamente hoy 10 de mayo, día de las madres.

Como un rayo pasó por mi mente la figura frágil de mi mamá, pero los remordimientos la borraron inmediatamente, lo que no pude evitar fue pensar en la primera vez que pasé esta fecha con mi mujer, en mi ingenuidad, creí que ella estaría feliz de haber sido el vehículo para dar una nueva vida al mundo. Ese día me levanté temprano y coloqué en el tocadiscos “Las Mañanitas”, saqué del baño la caja que contenía un suéter, como apenas empezaba a trabajar no tenía dinero, así que compré el regalo en el mercado, era corriente pero se veía bonito. Con una sonrisa de oreja a oreja me dirigí a la recamara y mi mujer, con voz pastosa, me dijo “apaga esa porquería que no pude dormir”, callado le entregué la caja que sin abrir, dejó a un lado de la cama mascullando unas “gracias” y se volvió a dormir, no supe que hacer y me fui al trabajo.

A la salida compré un ramito de violetas y me dirigí a mi casa. Al abrir la puerta vi la casa desordenada, llame a mi mujer y se asomó del baño pero en lugar de darme la bienvenida inició una serie de recriminaciones: que si el suéter era corriente, que a cual pordiosera se lo había robado, que ella no merecía ni el suéter ni el marido que tenía; para suavizar la situación estiré el brazo para entregarle las flores, ella las tomó y las aventó a la mesa y siguió con sus ataques, yo me di la vuelta y la dejé hablando sola, desde entonces no le he vuelto a regalar nada, pero de todas maneras ella encontraba cualquier pretexto para echarme en cara el haber perdido mejores pretendientes, fastidiando su vida.

En esos pensamientos estaba cuando salió Cristal de su casa, hoy se había esmerado en su arreglo, se veía más mujer, la acompañé hasta la esquina donde la esperaba el tipo que la había seguido ayer, se saludaron de mano y él intentó besarle la mejilla, ella lo esquivó pero siguió contenta, radiante.

De repente desee borrar mi pasado, romper las paredes que me aprisionaban y salir a su encuentro, pero no podía hacerlo. El dolor en el pecho volvió a ser patente y cerré los ojos. ¿Cómo la vida es injusta a veces?

 Miércoles 11 de mayo.

 Hoy el dolor desapareció de repente, amanecí con unos ánimos que nunca había sentido, al levantarme se me ocurrió besar a mi mujer, que de la sorpresa quedó despierta hasta que salí de casa. Al llegar a la oficina intenté no abrir la ventana, quise ahogarme entre tanto papelerío pero la tentación fue mayor y al rato ya estaba sentado frente a ella, poniéndome en contacto nuevamente con mi mundo de vecindad.

Hoy la “Pelucas” llegó en taxi nuevamente y se perdió rápidamente en su puerta, al rato salió el mecánico, el trajeado, unos niños a la escuela y otros al patio a jugar. Por supuesto también salió Cristal convertida en mujer y en la esquina, junto a un árbol, el tipo que se había apoderado de sus sueños, hablaron algo señalando un hueco del árbol y se fueron caminando.

Yo me quedé sentado pensando sobre este amor que había nacido en mí, si estuviera más joven mandaría al carajo a mi mujer, a mis hijos, al jefe y me dedicaría a conquistar a Cristal. Ella se me antojaba para protegerla, para cuidarla hasta del viento que alborotaba su cabello al caminar, además intentaría ayudarla para que los peligros de la vida no la tomaran desprevenida. Cristal despertó en mi muchos sentimientos, el amor platónico, el amante apasionado, el del padre amoroso.

Traté de recordar si alguna ocasión otra mujer había ocasionado semejantes sentimientos pero todo pensamiento me volvía a Cristal. En mi corta vida de soltero tuve pocas novias, en realidad no soy muy guapo pero creo que hay tipos más feos que yo y andan con mujeres de bastante buen ver, nunca supe como le hacían, las novias que pude agenciarme eran regularsonas pero me trataban como si me hicieran el favor, apenas si me permitían que la abrazara y solo una me dejó besarla en la boca y aunque a mi me pareció muy bonito, ella se le notaba que no le convencía mucho y más bien lo aceptaba porque los novios “lo hacen”.

A mi mujer le besé un poco más, sobre todo los primeros años por que después hasta eso le disgustaba, varias veces me rechazó por mi aliento a tabaco; las ocasiones que hicimos el amor, entre ellas cuando engendramos a nuestros hijos, no dejaba que la besara pues decía “ya bastante tengo con soportar tus pujidos como para que todavía me babosees”. Así, poco a poco, dejamos de tocarnos, de besarnos; si nos casamos sin amor, con el trato que tuvimos después ni siquiera amigos pudimos ser. Nunca se interesó por mi vida, por el trabajo, por los problemas, apenas si empezaba a contarle mis cosas cuando ella salía con otras y no dejaba que terminara una sola frase. Así me volví mudo.

Recordando todo esto, Cristal me parecía, y lo era, un sueño inalcanzable; pero era mi sueño, lo tenía para mi solo, yo podía saborearlo sin necesidad de compartirlo con nadie.

 

Lunes 16 de mayo

 

El dolor en el pecho me regresó y más fuerte, tanto que no pude hacer nada, mi aliciente, la ventana, no existió en estos días; aunque llegaba a sentarme frente de ella de lo que vi poco llegó al cerebro. La vecindad, mi vecindad, siguió viviendo sin mi supervisión, recuerdo su movimiento, las entradas y salidas de los inquilinos pero ahora todo ello perdió significado, la vida ajena dejó de ser interesante para mí. Me alegraba levemente cuando veía a Cristal pero al recordar ese cambió de niña a mujer enamorada, al abandono venía a mí. No cabe duda que el dolor físico llegaba hasta mi alma. Mi sueño se desvanecía, Cristal se volvía cada vez más inalcanzable, ni siquiera me permitía regocijarme en recordarla.

 

Martes 17 de mayo.

 

El dolor ha cedido un poco, hoy pude ser más consciente de lo que pasaba en la vecindad. La “Pelucas” parece pasa por malos momentos, todos estos días ha llegado en taxi y desde aquí se nota el cansancio y desesperación que la embarga; el mecánico sigue intentando acostarse con ella sin lograrlo, los niños siguen divirtiéndose sin enterarse de lo que pasa a su alrededor, las señoras siguen barriendo la basura y haciendo el mandado. Todo esta igual excepto Cristal, cada vez se le nota más distraída, como si viviera en otro mundo; hoy al salir hacia su trabajo como no vio a su enamorado revisó el árbol de la esquina, de entre sus ramas extrajo un papel, lo desdobló, lo leyó, una, dos, tres veces, lo arrugó, lo tiró y emprendió desilusionada su camino.

Me preguntaba qué habían leído sus ojos que afectó tanto su corazón; esperé a que llegara la Pérez a dejarme mi pastilla y durante ese tiempo no perdí de vista la bola de papel, mis ojos la acompañaron entre el viento y las pisadas, afortunadamente casi permaneció en el mismo lugar. Tan pronto llegó mi pastilla me la tomé y esperé unos segundos para salir corriendo a la esquina. Fue rápido, con cuidado para que no me vieran, fui por el papel y regresé a la ventana, nadie se dio cuenta de mi escapada. Ya más tranquilo desarrugué el papel, era un tesoro para mí, las manos de Cristal lo habían tocado, quise sentir, a través de él, los dedos de mi querida niña, tardé mucho tiempo en estirarlo y cuando lo hice finalmente mis ojos también se sintieron heridos, no podía creer que este recado fuera para pequeña amada, la indignación me llenó la cabeza, el coraje se concentró en mis manos y rompí el papel, el dolor volvió a mi pecho pero en esta ocasión no me importó, yo tenía que hacer algo y no sabía qué.

A pesar de haberlo leído una sola vez tenía grabado el mensaje en la memoria: “Tuve que salir de la ciudad. Piensa lo que te dije. Regreso en ocho días por la respuesta, si es negativa no te molestaré más”. Para mí estaba claro, le pedía algo distinto al noviazgo, yo estaba seguro que no era matrimonio; el salir precipitadamente de la ciudad me parecía un chantaje. La desesperación hizo presa de mí y ahora sí desee ser Dios y poder modificar la vida, sin embargo me veía recluido en estas paredes sin poder hacer nada. Pero tenía ocho días para planear algo.

Miércoles 18 de mayo.