De ahí, mi
mente saltó a un cuarto de azotea prestado por alguien para llevar a mi novia,
me vi entrando abrazándola para aminorar su miedo. Me habían dicho que una
señorita apretaba más que una puta, creo que en ese entonces yo tenía 16 ó 17
años, ella tendría 15 pero con unos senos muy bien puestos para su edad,
adentro del cuarto comencé a besarla y acariciarla, ella permanecía inmóvil,
impávida, ¡imbécil vieja! parecía que no sabía a lo que iba, la desnudé casi a
fuerza, yo solo me bajé los pantalones y me metí en ella, pegó un grito y
después siguió quieta hasta que acabé. Esa vez tampoco sentí, en mi ignorancia
pensaba que coger era lo mismo que hacer el amor, no sabía que para disfrutar
del sexo había de sentir más amor que pasión; ahí quedó su virginidad y mi
soltería. A los 18 años era un hombre casado con una vieja panzona, creí que el
hijo que esperaba sería el comienzo de la felicidad matrimonial, pero no, ¡ni
madres!, fue el inicio de una vida aburrida, monótona, que todavía hoy sigo
viviendo.
Lunes 9 de
mayo
Inicio de una
nueva semana. Si ahora quisieran sacarme de este cuarto me dolería mucho
abandonarlo, ver a través de mi ventana se ha convertido en una especie de
droga, me paso el día viendo a través de ella un mundo que siéndome ajeno lo
siento como propio, estoy viviendo y disfrutando como nunca antes: Cómo me
hubiera gustado vivir en una vecindad tal como la que mis ojos observan en toda
su magnitud, por lo menos la situación es más variada que en casa o en mi
trabajo.
Hoy la
“Pelucas” llegó en taxi, parece que no le fue tan bien, antes de meterse a su
casa el mecánico salió de la suya, sin perder tiempo se dirigió a ella, metió
la mano en el bolsillo, dijo algo y le enseño unos billetes cuidándose que no
fuera a salir su mujer. La vecina, sin decir palabra, soltó una carcajada, negó
con la cabeza y se metió a su casa, el mecánico le mentó la madre con el brazo,
se guardó su dinero y caminó a la salida rezando groserías, se detuvo en rato
en el zaguán y en lugar de tomar la ruta acostumbrada, tomó la contraria.
Del 3 salió
la muchacha trabajadora, arregladita como siempre, la observé detenidamente y a
la distancia me pareció que cuando madurara sería una mujer muy bella, aún
ahora, a pesar de su juventud era de una hermosura que ya se ve poco, su
cabello lacio, bien recortado, con un brillo natural, daban ganas de tocarlo,
acariciarlo; mis manos temblaron ante la posibilidad de sentirlos entre ellas.
De tez blanca, su piel parecía perfecta, tersa; el cuerpo bien formado, toda
ella se manifestaba ingenua, cándida, virgen. Sólo pude suspirar y acompañarla
con la vista, en la esquina esperaba nuevamente el tipo de la semana pasada,
cuando llegó a él la abordó y comenzó a hablar con ella, al principio ni la
vista le dirigió, pero tampoco lo rechazó, simplemente dejó que la acompañara,
los seguí hasta donde se perdieron. No pude evitar sentir celos y temor, era
demasiado joven para enredarse con un tipo que a leguas se veía ya corrido,
¿qué mentiras iría diciéndole?, ¿de qué manera la estaría envolviendo? Quise
salir corriendo y prevenirla pero ¿qué le iba a decir?, opté por permanecer en
mi sillón, deseando que nada le sucediera.
Volví los
ojos a la vecindad, a los niños que ya se habían apoderado del patio, de su
mundo, del único que podían poseer y manejar a su antojo, entre iguales se
desenvolvían mejor que en el mundo del adulto, al que no entendían todavía.
Pensé que el inválido no saldría hoy, pero su madre lo empujó nuevamente al
patio. El grupo de niños al verlo tan solo lo jalaron hasta un rincón y se
pusieron a hablar, al poco tiempo volvieron a corretearse por el patio, primero
sin el inválido que quedó en el rincón, observándolos, envidiándolos; pero
luego lo volvieron a utilizar para hacerse “cochecito”, empujándolo para jugar
al toro. Igual que antes el niño primero se rió y después lloró, pero ahora no
gritó, tal vez temiendo más a su madre que a los niños, cuando estos se
cansaron volvieron al rincón a platicar, pero ahora el centro de atención era
el inválido, le hablaban y él respondía, le tocaban las piernas, se las
levantaban, yo creo que se preguntaban porqué alguien igual a ellos estaba
pegado a una silla.
Vino la Pérez
a dejarme la mentada pastilla, la tomé rápidamente para regresar a mi lugar
privilegiado, los niños siguieron un rato más con sus juegos, las señoras
fueron al mandado y la niña de secundaria fue al encuentro del novio.
A media tarde
un joven se metió al departamento 1, como no lo había visto antes pensé que a
lo mejor estaba de viaje, al rato salió de su casa y a los quince minutos
estaba de regreso con una mujer de senos exuberantes y pocas nalgas, bien
vestida; se perdieron en la puerta y no salieron hasta pasadas dos horas, el
tipo cerró la puerta y ya no lo volví a ver.
Ya casi al
anochecer llegó el mecánico con unos mariachis, venía borracho, les señaló a
los músicos en que puerta debían tocar y mientras lo hacían él veía la puerta
contraria. Cuando salió su mujer, él todo amor y dulzura, la abrazó y la obligó
a no regañarlo, ni por la borrachera ni por los mariachis; despidieron a los
rascatripas y se metieron a su casa, de donde tres niños, fueron corridos,
entre ellos el de la silla de ruedas, y estuvieron en el patio sin saber que
hacer, hasta que ya muy noche los metió la madre.
La señorita
trabajadora regresó poco después de que los mariachis se fueran, la veía
distinta, algo en su rostro denotaba que un cambio se había dado en ella,
estaba feliz, como si... estuviera enamorada. Ella estaba enamorada. Sentí una
punzada en el corazón, mi mano derecha se dirigió al pecho y me dio un masaje,
cerré los ojos y así estuve hasta la hora de salida.
Martes 10 de
mayo.
Desde que
llegué me apoderé de mi ventana, deseaba descubrir qué había motivado aquel
cambio en Cristal. Hoy la prostituta en lugar de entrar a su casa salió de
ella, se notaba preocupada, probablemente el negocio no funcionaba; al rato
salió el mecánico, vio la puerta de la vecina y con el brazo le volvió a mentar
la madre, precisamente hoy 10 de mayo, día de las madres.
Como un rayo
pasó por mi mente la figura frágil de mi mamá, pero los remordimientos la
borraron inmediatamente, lo que no pude evitar fue pensar en la primera vez que
pasé esta fecha con mi mujer, en mi ingenuidad, creí que ella estaría feliz de
haber sido el vehículo para dar una nueva vida al mundo. Ese día me levanté
temprano y coloqué en el tocadiscos “Las Mañanitas”, saqué del baño la caja que
contenía un suéter, como apenas empezaba a trabajar no tenía dinero, así que
compré el regalo en el mercado, era corriente pero se veía bonito. Con una
sonrisa de oreja a oreja me dirigí a la recamara y mi mujer, con voz pastosa,
me dijo “apaga esa porquería que no pude dormir”, callado le entregué la caja
que sin abrir, dejó a un lado de la cama mascullando unas “gracias” y se volvió
a dormir, no supe que hacer y me fui al trabajo.
A la salida
compré un ramito de violetas y me dirigí a mi casa. Al abrir la puerta vi la
casa desordenada, llame a mi mujer y se asomó del baño pero en lugar de darme
la bienvenida inició una serie de recriminaciones: que si el suéter era
corriente, que a cual pordiosera se lo había robado, que ella no merecía ni el
suéter ni el marido que tenía; para suavizar la situación estiré el brazo para
entregarle las flores, ella las tomó y las aventó a la mesa y siguió con sus
ataques, yo me di la vuelta y la dejé hablando sola, desde entonces no le he
vuelto a regalar nada, pero de todas maneras ella encontraba cualquier pretexto
para echarme en cara el haber perdido mejores pretendientes, fastidiando su
vida.
En esos
pensamientos estaba cuando salió Cristal de su casa, hoy se había esmerado en
su arreglo, se veía más mujer, la acompañé hasta la esquina donde la esperaba
el tipo que la había seguido ayer, se saludaron de mano y él intentó besarle la
mejilla, ella lo esquivó pero siguió contenta, radiante.
De repente
desee borrar mi pasado, romper las paredes que me aprisionaban y salir a su
encuentro, pero no podía hacerlo. El dolor en el pecho volvió a ser patente y
cerré los ojos. ¿Cómo la vida es injusta a veces?
Hoy la
“Pelucas” llegó en taxi nuevamente y se perdió rápidamente en su puerta, al
rato salió el mecánico, el trajeado, unos niños a la escuela y otros al patio a
jugar. Por supuesto también salió Cristal convertida en mujer y en la esquina,
junto a un árbol, el tipo que se había apoderado de sus sueños, hablaron algo
señalando un hueco del árbol y se fueron caminando.
Yo me quedé
sentado pensando sobre este amor que había nacido en mí, si estuviera más joven
mandaría al carajo a mi mujer, a mis hijos, al jefe y me dedicaría a conquistar
a Cristal. Ella se me antojaba para protegerla, para cuidarla hasta del viento
que alborotaba su cabello al caminar, además intentaría ayudarla para que los
peligros de la vida no la tomaran desprevenida. Cristal despertó en mi muchos
sentimientos, el amor platónico, el amante apasionado, el del padre amoroso.
Traté de
recordar si alguna ocasión otra mujer había ocasionado semejantes sentimientos
pero todo pensamiento me volvía a Cristal. En mi corta vida de soltero tuve
pocas novias, en realidad no soy muy guapo pero creo que hay tipos más feos que
yo y andan con mujeres de bastante buen ver, nunca supe como le hacían, las
novias que pude agenciarme eran regularsonas pero me trataban como si me
hicieran el favor, apenas si me permitían que la abrazara y solo una me dejó
besarla en la boca y aunque a mi me pareció muy bonito, ella se le notaba que
no le convencía mucho y más bien lo aceptaba porque los novios “lo hacen”.
A mi mujer le
besé un poco más, sobre todo los primeros años por que después hasta eso le
disgustaba, varias veces me rechazó por mi aliento a tabaco; las ocasiones que
hicimos el amor, entre ellas cuando engendramos a nuestros hijos, no dejaba que
la besara pues decía “ya bastante tengo con soportar tus pujidos como para que
todavía me babosees”. Así, poco a poco, dejamos de tocarnos, de besarnos; si
nos casamos sin amor, con el trato que tuvimos después ni siquiera amigos
pudimos ser. Nunca se interesó por mi vida, por el trabajo, por los problemas,
apenas si empezaba a contarle mis cosas cuando ella salía con otras y no dejaba
que terminara una sola frase. Así me volví mudo.
Recordando
todo esto, Cristal me parecía, y lo era, un sueño inalcanzable; pero era mi
sueño, lo tenía para mi solo, yo podía saborearlo sin necesidad de compartirlo
con nadie.
Lunes 16 de
mayo
El dolor en
el pecho me regresó y más fuerte, tanto que no pude hacer nada, mi aliciente,
la ventana, no existió en estos días; aunque llegaba a sentarme frente de ella
de lo que vi poco llegó al cerebro. La vecindad, mi vecindad, siguió viviendo
sin mi supervisión, recuerdo su movimiento, las entradas y salidas de los
inquilinos pero ahora todo ello perdió significado, la vida ajena dejó de ser
interesante para mí. Me alegraba levemente cuando veía a Cristal pero al
recordar ese cambió de niña a mujer enamorada, al abandono venía a mí. No cabe
duda que el dolor físico llegaba hasta mi alma. Mi sueño se desvanecía, Cristal
se volvía cada vez más inalcanzable, ni siquiera me permitía regocijarme en
recordarla.
Martes 17 de
mayo.
El dolor ha
cedido un poco, hoy pude ser más consciente de lo que pasaba en la vecindad. La
“Pelucas” parece pasa por malos momentos, todos estos días ha llegado en taxi y
desde aquí se nota el cansancio y desesperación que la embarga; el mecánico
sigue intentando acostarse con ella sin lograrlo, los niños siguen
divirtiéndose sin enterarse de lo que pasa a su alrededor, las señoras siguen
barriendo la basura y haciendo el mandado. Todo esta igual excepto Cristal,
cada vez se le nota más distraída, como si viviera en otro mundo; hoy al salir
hacia su trabajo como no vio a su enamorado revisó el árbol de la esquina, de
entre sus ramas extrajo un papel, lo desdobló, lo leyó, una, dos, tres veces,
lo arrugó, lo tiró y emprendió desilusionada su camino.
Me preguntaba
qué habían leído sus ojos que afectó tanto su corazón; esperé a que llegara la
Pérez a dejarme mi pastilla y durante ese tiempo no perdí de vista la bola de
papel, mis ojos la acompañaron entre el viento y las pisadas, afortunadamente
casi permaneció en el mismo lugar. Tan pronto llegó mi pastilla me la tomé y
esperé unos segundos para salir corriendo a la esquina. Fue rápido, con cuidado
para que no me vieran, fui por el papel y regresé a la ventana, nadie se dio
cuenta de mi escapada. Ya más tranquilo desarrugué el papel, era un tesoro para
mí, las manos de Cristal lo habían tocado, quise sentir, a través de él, los
dedos de mi querida niña, tardé mucho tiempo en estirarlo y cuando lo hice
finalmente mis ojos también se sintieron heridos, no podía creer que este
recado fuera para pequeña amada, la indignación me llenó la cabeza, el coraje
se concentró en mis manos y rompí el papel, el dolor volvió a mi pecho pero en
esta ocasión no me importó, yo tenía que hacer algo y no sabía qué.
A pesar de haberlo leído una sola vez tenía grabado el mensaje en la memoria: “Tuve que salir de la ciudad. Piensa lo que te dije. Regreso en ocho días por la respuesta, si es negativa no te molestaré más”. Para mí estaba claro, le pedía algo distinto al noviazgo, yo estaba seguro que no era matrimonio; el salir precipitadamente de la ciudad me parecía un chantaje. La desesperación hizo presa de mí y ahora sí desee ser Dios y poder modificar la vida, sin embargo me veía recluido en estas paredes sin poder hacer nada. Pero tenía ocho días para planear algo.
Miércoles 18 de mayo.








