Un crimen en Puebla (Artículo)
Minuto a Minuto

 

 

 

12 de junio de 2022

El mundo iluminado


La inseguridad, en la Puebla de los Ángeles, aumenta peligrosamente. Un ataque mortal ocurrió el 1 de abril cerca de la medianoche en el entrecruce de lo que parecen ser las calles 4 Poniente y 5 de Mayo. Las víctimas fueron dos varones de aproximadamente treinta años de edad, artistas de profesión, que caminaban cantando con un instrumento musical semejante a una guitarra cuando fueron sorprendidos por varios sujetos que, además de robarles cuanto traían consigo mismos, los acuchillaron causándoles heridas letales. Los delincuentes, como es de esperar, escaparon, mientras que las dos víctimas fueron asistidas por un hombre que atestiguó el crimen.

De este par de amigos, uno era músico y el otro, escritor. Del primero, nada se sabe, mientras que del segundo se tiene certeza de que murió, a los pocos días del asalto, en la Ciudad de México, a donde fue trasladado para brindarle una mejor atención. El informe levantado por los médicos que lo atendieron refleja la gravedad de las heridas: «una cuchillada muy grande en la cara que le tomaba desde el canto de la oreja izquierda por lo alto de ella hasta la nariz por debajo del ojo. Y le causaron otra herida de arma blanca en la cabeza, sobre la comisura del lado izquierdo, de las cuales le corría mucha cantidad de sangre».

Debido a su debilidad física, el joven escritor, que aparentemente murió una semana después del ataque, permaneció la mayor parte de su hospitalización inconsciente y en los pocos momentos en los que despertó dijo que ignoraba quiénes fueron los hombres que lo atacaron, pues «la noche era tan obscura que no los pudo ver», además de que tampoco tenía conocimiento de quién podría ser el autor intelectual del crimen ya que «no creía tener enemigos.» Sin embargo, las anteriores declaraciones se contradicen cuando se contrastan con lo asentado en el acta ministerial que indica que: «teníase por poco honroso decir el ofendido a la justicia el nombre del ofensor, y estimábase esperar a poder vengar con la mano propia y no por la de jueces y ministros, la ofensa recibida.» Lo anterior levanta sospechas con respecto a lo declarado en el hospital y las investigaciones arrojan en sus conclusiones que el afectado no solamente conocía al autor intelectual del crimen, sino, además, el motivo: las atenciones de una mujer.

Cierto es también que la muerte del escritor se debió en parte a una cuestión de negligencia médica, pues la misma noche en la que los médicos lo recibieron (Pedro de la Torre y Antón Martín son sus nombres) lo dieron por muerto, a pesar de que mostraba signos vitales, negándose a suturar las heridas de su rostro y conformándose únicamente con ponerle unas cuantas gasas para detener la pérdida de sangre. Esta imperdonable falta médica intentó subsanarse a la mañana siguiente cuando, viendo el personal médico que el herido seguía con vida, fue transferido con otro médico de apellido Cortés que no solamente suturó cada una de las heridas, sino que, además, sacó de entre los mismos restos de hueso que se habían desprendido con el filo de los cuchillos. Considerando lo anterior, pareciera que lo mejor después de sufrir un ataque en la calle es morir en el acto, pues la agonía que los médicos de la Puebla de los Ángeles provocan es terriblemente mayor que la de los asaltantes.

Las investigaciones apuntan a que el autor intelectual del crimen es un hombre de apellido Nava quien, como ya se dijo, se disputaba con el escritor las atenciones de la misma mujer, en este sentido, el crimen es de orden pasional y pareciera que, de alguna manera, el afectado ya presentía el riesgo que corría. Esto se deduce al revisar algunos de sus apuntes en los que menciona que, desesperado, duda poder mantener su buena salud:

«Recibe, ¡oh caro padre!, este cansado cuerpo de un hijo tuyo, deseoso de hallar en tus ondas el reposo que negó la fortuna a mi cuidado. Haz, padre, que estos árboles que oyendo la causa de mi muerte están atentos, la recuenten después de esta manera: Aquí yace un pastor que amó viviendo; murió entregado a Amor con pensamientos tan altos, que aun muriendo, amar espera».

Es muy cuestionable que a pesar de la declaración anterior y de los datos recabados entre testigos, médicos y ministeriales, circulen versiones sobre la muerte del escritor que tratan de esconder el crimen ocurrido la noche del 1 de abril. Leamos, por ejemplo, lo siguiente: «de su muerte hay diferentes opiniones, pero la más cierta es que se acostó bueno y amaneció muerto, sin saber de qué ocasión, a los cuarenta años». Absurdo, indudablemente, pues nadie en su sano juicio creería que un hombre sano de cuarenta años moriría al irse a dormir. Además, el referido texto no menciona nada del desfigurado rostro, lo cual era lo primero que saltaba a la vista.

Revisemos qué es lo que el testimonio escrito de la víctima nos dice. Comienza con una invocación a Dios, pidiéndole que reciba su cansado cuerpo. Este cansancio indudablemente no es físico, sino emocional y seguramente causado por el amor de la mujer que está disputando. La víctima nos hace saber que la fortuna no lo ha favorecido y que su vida no es más que una suma de desgracias, de ahí que le pida a Dios que le conceda un reposo para su alma. Lo siguiente es enigmático:

«Haz, padre, que estos árboles que oyendo la causa de mi muerte están atentos, la recuenten después…»

¿A qué árboles se refiere? ¿Serán, acaso, los del entrecruce de la 4 Poniente y la 5 de Mayo? ¿Es que el escritor ya presentía que moriría en estas calles? El final del texto nos confirma la pasional vida de este escritor que feneció en una reyerta amorosa, que murió entregado al amor y que aún muerto espera seguir amando.

El crimen ocurrido el 1 de abril en la Puebla de los Ángeles no es reciente. Sucedió en el año de 1554 y la víctima fue el poeta Gutierre de Cetina, quien había llegado a esta tierra desde España. De su homicida se sabe que su nombre fue Hernando de Nava, pero se ignora si el crimen fue planeado en contra de Cetina o si lo confundieron con alguien más. La muerte de este poeta es un misterio que sólo comprenden los árboles que fueron testigos del crimen en Puebla.

 

Miguel Ángel Martínez Barradas, académicamente tiene estudios de posgrado en literatura. Profesionalmente se ha dedicado al periodismo, a la edición de textos y a la docencia. Como creador tiene publicaciones en poesía y fotografía. En cuanto a sus intereses investigativos, éstos se centran en la literatura y filosofía grecolatinas; el Siglo de Oro español; el hermetismo; y la poesía hispanoamericana.
next
prev

Hay 1306 invitados y ningún miembro en línea