Sensual en cada célula
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

08 de julio de 2017

Es la facultad que posee el ser humano para expresarse y provocar una reacción erótica de quien o quienes nos perciben. Es una expresión que no se relaciona con el puro instinto. Más bien se desarrolla y se aprende a través de una búsqueda sensorial, de percibir algo a través de todos los sentidos (vista, oído, gusto, tacto y olfato) e incluso de la espiritualidad. Las cosas que nos atraen o satisfacen son la base de nuestros gustos y deleites sensitivos. Son el centro de nuestra vida motora, y animan al ser corpóreo a mejorarse y a formar parte del entorno. No debemos olvidar que nuestra forma de ser desencadena respuestas y atrae la atención de otros.

Tenemos una sensualidad interna que incluso involucra espiritualidad. El equilibrio y la armonía, así como sentirse bien consigo mismo, en confianza, los tenemos también en los pensamientos y sentimientos. Quien entra en contacto con nosotros queda envuelto por nuestro el magnetismo personal. La sensualidad externa es cómo te vistes, cómo hablas, cómo caminas, cómo miras, etc.. Te diré que el vórtice de ella esta más bien adentro, en nuestra cabeza. Depende de cómo nos sentimos respecto de nosotros mismos, la seguridad de ser quienes somos y lo que proyectamos (no ser artificial sino sincero y auténtico, tratar de abatir cualquier grado de inseguridad que tengamos ya sea interna o externa). Significa elevar nuestra autoestima y brillar con nuestro propio sello personal.

El término es muy amplio pues impacta nuestra personalidad y además despierta innovación a nuestro ser; crea curiosidad y deseos de conocer más a las personas, particularmente a estas que han querido trabajar en su interior; alimenta nuestra imaginación y nos conecta con nuestra sexualidad. Entendamos que las dos se complementan, y a través de ellas nos relacionamos con el mundo de una manera mas sana, positiva y dinámica. Todo lo anterior da como resultado un ser único y sumamente interesante. Nunca se acaba de evolucionar mientras queramos trabajar en lo que somos realmente: tenemos un ser inteligente, capaz de cambiar cuantas veces sea necesario pues de acuerdo a nuestra muy personal percepción, nuestros sentidos nos llevarán a la satisfacción de nosotros mismos.

Teniendo claro este punto es más fácil hablar de la continuación de nuestra personalidad que es nuestra parte sexual, donde también nos expresamos abiertamente y sin ninguna mala interpretación ni algún tabú de los que algunas personas llevan como carga. Si hablamos de los sentidos, es esta la parte sublime donde se pone de manifiesto nuestro ser y a la que cada uno maneja de manera diferente. Algunas personas son muy inhibidas y otras muy libres y lo disfrutan Para mí es una de las partes que más me agrada de mi personalidad, pues soy muy sensitiva e intensa. Me gusta ser una persona activa en todo momento, y me renuevo a grado tal que puedo ser una mujer joven en un cuerpo maduro. Siempre es diferente, nunca lo vivo igual pero la intensidad con que lo recibo es como un regalo para mí. Cada vez que lo abro, me lleno de alegría. Siempre es nuevo. El anhelo, el deseo como todo lo que fue hecho para nosotros, tiene una finalidad divina: satisfacer al la persona y hacerla compartir cada célula de su cuerpo en un solo espíritu en un mismo momento. El resultado es indescriptible. Idealizamos y avivamos esos tiempos de compartir, irrepetibles, únicos, trascendentes. Momentos en que queda suspensa la mente y su lugar lo ocupa la sensibilidad en forma más activa. Momentos en que trabaja toda nuestra sensualidad, usando todos nuestros conductos y terminaciones nerviosas que se conectan al unísono para que emanen de nosotros grandes fuentes de calor que favorecen la salud emocional y mental del cuerpo. Sólo así se puede descargar la energía acumulada de una vida estresante y vertiginosa que no permite al ejecutante y al receptor expresar tales proporciones de su ser de otra manera. Es mágico experimentarlo. El amor debe, desde luego, ser el protagonista principal en esta historia para lograr ese grado de respuesta, y no un instinto que no equilibra ni amamanta a nuestro yo interior. Amar con responsabilidad es un derecho, pero también una obligación de todo ser humano para dar y compartir bienestar a quienes nos rodean. Sólo así la experiencia se torna virtuosa.

Pero el sesgo sexual, sin amor, degrada los valores que hacen que la relación perdure y se rejuvenezca. Los que fuimos dotados de tal milagro, del sentimiento y la pasión, nos transformamos en impulsores fuertes de nuestras vidas. Y la relación no la convertimos en costumbre, porque si esto sucede se condena a morir pues no edifica lo que hacemos: debe ser una entrega de amor que propicie acercamiento, crecimiento y afecto a nuestra pareja. Y que la pareja nos admire, y nos despierte deseo y respeto mutuos. Digo todo esto por pleno conocimiento de causa. El amor es para mí la única fuente de vida existente para renovar mi espíritu y mi mente; revitaliza mis relaciones personales. Jamás he tenido que sentirme frustrada ni fracasada porque todos esos logros de comunicación se lograron en destellos de amor que marcaron mi vida, y donde estuvo directamente involucrado mi espíritu, dignificando así tan especiales momentos. Por ello, para mí la sensualidad es efectivamente el centro de mi equilibrio interno, y ha tocado fibras íntimas de mi ser y ha transformado paso a paso lo que soy.

De joven fui una mujer muy intensa, abierta, pero siempre respetándome a mi misma y a los demás. Nunca tome la relación con alguien como un juego. Tardé en darme tiempo para hacerlo con pleno conocimiento de que eso era lo que yo quería tener y experimentar en mi vida. Mi primera relación no fue muy platónica ni casual, fue pensada como se los dije, y no cambió mucho la idea de lo que yo había pensado sobre una relación, de cómo la había considerado. Fue valiosa, rescatable, y la persona que me llevó a este paso era alguien muy especial para mi. Fue bella mi primera vez. La inocencia y la frescura nunca se olvidan. Después de esto, lógico, me volví más responsable y madura. Ahora, en esta etapa de mujer adulta donde el cuerpo no es ni cercanamente lo estético que era, no ha menguado mi deseo ni el carisma que deben rodear estos momentos mágicos. Sin embargo, me expreso –lo creo así– de otras maneras, mezclándolas con experiencia, comunicándome más a nivel intelectual, y más sosegada. Aunque a veces con arranques de pasión, afortunadamente, y gozando los momentos que en esos espacios de luz tan especiales y tan íntimos sigo teniendo. Sea largo o sea corto no es lo que interesa sino la honestidad con que lo trates y como influye en ti y en las personas que amas. Qué me resta por vivir solo Dios lo sabe pero estoy satisfecha de la manera en que he llevado mi vida en esta área tan importante y rectora. Sí algo tengo que agregar me quedo con lo que tengo y lo que he vivido me siento satisfecha, viva y activa. 

Autora:María del Carmen Peña. Escritora y compositora  nacida en Monterrey, Nuevo León. Profesionista licenciado en Derecho con Maestría en Derecho Registral,Notarial y Contractual. María del Carmen radica en Puebla, Puebla desde los 6 años.

 

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