AMOR, NO A LA SACRALIZACIÓN DE LA SOLEDAD
Francisco Garzón Céspedes*
¿Qué sabemos de cómo sentían los primeros seres humanos? ¿Qué sabemos de cómo pensaban? ¿Qué sabemos realmente?
Desde luego tenían existencias mucho más breves que las nuestras. Y desde luego estaban más cerca de las bestias que nosotros -y eso que algunos aún en el mundo contemporáneo desde su supuesta racionalidad pueden ser más bestiales que cualquier animal desde su irracionalidad-. Nos comportamos socialmente de modo reiterado como si los humanos hubiéramos alcanzado un estado óptimo en nuestra condición humana. Un estado óptimo de racionalidad. Y es un gravísimo error este comportamiento. Porque tiene puntos de partida irreales. Bases irreales. Ejes irreales. Y analiza, dictamina, exige al otro de maneras irreales. Y espera, examina y concluye a niveles individual y colectivo desde una irrealidad que genera injusticias, frustraciones e impotencias. Que genera valores falsos, dictámenes carentes de objetividad y de lucidez. La defensa de la individualidad -que nunca del individualismo- no debe y no tiene que ser la glorificación de la soledad afectiva en cuanto a la posibilidad de la pareja. Amor, no a la idealización de la soledad. No a la sacralización de la soledad. Me refiero a la auténtica soledad, que es sola. Ya los humanos nos hemos inventado bastante desde los tiempos de los tiempos para asumir menos aterrados nuestros temores, nuestros desconocimientos, nuestras incapacidades, y nuestras deformaciones y malignidades. Y las angustias de todo proceso de crecimiento. No nos reinventemos a la soledad como un valor porque no lo es. Otra cosa es que, mientras continuamos intentando la compañía más completadora posible, tengamos que aprender a seguir acompañados o solos afectivamente y en cuanto a la pareja. Que tengamos que reconocernos y amarnos -exigiéndonos siempre ser mejores-, cada uno a sí mismo -aunque no por encima de nuestro amor por los otros-. Y que la pareja se conciba en amor como una de iguales y como un cauce para el desarrollo más pleno de los dos. Pero el ser humano es para la comunicación. Es en comunicación. Y no hay comunicación más intensa que la del amor. La del amor que lo es. Que es amor con amor. Y la pareja son dos unidades completas en sí y a la vez incompletas que al amar y amarse se completan. Decrétese. Téngase en cuenta.
Francisco Garzón Céspedes (Cuba/España) fundó y dirige la CIINOE (Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica)
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