A LOS QUINCE
Minuto a Minuto

 

 

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Por: Isabel Specia Cabrera*

 

Luego de un largo día de trabajo, normalmente llegamos a casa y nos ubicamos en ese espacio cómodo y preferido para descansar y dejar que los minutos transcurran en tanto logramos deshacernos del cansancio. Es en esos instantes, en los que buscamos olvidar todo aquello que nos agobia, es entonces cuando llegan los recuerdos a la mente. Tal vez el tráfico, el accidente en el trayecto, el niño vendiendo Cds en el metro, la charla imprevista con un amigo, en fin recuerdos y recuerdos.

 

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En uno de esos días o más bien instantes de recuerdos busqué la evocación más lejana en mi mente, aquel instante que me llevara a la edad más corta posible y ¡oh sorpresa!, creo que la mente no quiso llevarme más allá del día en que, ya con 15 años, aún jugaba a las muñecas con mis primas Maru y Socorro. Por alguna razón extraña, quizá jugarretas de la memoria no logré mantener en mí algún recuerdo de niña, tal vez de 5, 6 o 7 años, sólo pequeños momentos venían y buscaban permanecer sin lograrlo. Pareciera una pelea entre los recuerdos por querer entrar uno antes que el otro en mi memoria.

 

Sin embargo, recordar que con 15 años jugaba a las muñecas, y eso que estaba por terminar secundaria, me llevó a comparar mi vida con las jovencitas de ésta época. A mis 15 no sabía lo que era un novio, mucho menos un beso. Nada de maquillaje o elegir la ropa que debía comprar papá o mamá. Era una niña y como tal debía comportarme. Recuerdo que en la secundaria tenía un compañero, Javier, me sonrojaba cada vez que me hablaba, no estaba acostumbrada a que un joven me dirigiera la palabra. Bueno, debo reconocer que en ocasiones aún me sonrojo cuando se dirige a mí un caballero.

 

Los 15 fueron para mí la creación de sueños. Me convertí en una fábrica que cada instante generaba un sueño a futuro. Y me imaginé como una gran periodista, lo logré, me visualicé al frente de un micrófono transmitiendo información, este sueño debí desecharlo cuando me dí cuenta que mi pasión era la edición y no el buscar la nota como reportera; pensé que estaría trabajando en una gran oficina, también lo logré y por supuesto, en mis sueños también aparecía el príncipe azul, casi lo logro, pues mi príncipe no es tan azul que digamos, es más bien moreno y ¿qué creen?, su sangre también es roja.

 

Al momento de tener todos estos recuerdos en mi mente no pude evitar recordar los 15 de mis sobrinas, todas se maquillan levemente, hablan de novios, crean sus modas, no se inmutan ante nada, se comunican con soltura y se desenvuelven de una manera tan abierta que parecieran tener el control de su vida en las manos. Son capaces de rebatir cuando algo no les parece, y pelear por sus sueños aguerridamente. Manifiestan su sentir sin el menor menoscabo y planean su futuro con tranquilidad, sin preocupaciones o alteraciones. Ven la vida sencilla y se hacen dueñas de ella.

No se a ciencia cierta si ellas se han convertido también en una fábrica de sueños, pues es muy poco lo que hablamos al respecto. De lo que estoy completamente segura es que Viky, mi nena hermosa, logrará la fiesta de sus sueños y se que desde ahora disfruta cada instante y preparativo para el día en que celebrará sus 15. Felicidades, pequeña.

 

En mi época, la fiesta de 15 años era organizada en su totalidad por papá y mamá y si lograban las quinceañeras incluir en los invitados a una amiga, era lo máximo, pues los organizadores invitaban a sus familiares y amigos. El evento se llevaba a cabo para presentar a la jovencita en sociedad. Los tiempos cambian, bueno las personas cambiamos, y ahora son ellas las pequeñas, quienes organizan un buen porcentaje de la fiesta.

 

A muchos más años y al recordar mis sueños sé que de la gran cantidad que forjé en mis 15, he logrado realizar un buen porcentaje. Gracias vida por ello.

 

* Isabel Specia Cabrera es periodista, académica y escritora mexicana radicada en el Distrito Federal. 

 

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