AMOR Y MERCADOTECNIA
Minuto a Minuto

 

 

specia2.jpgAMOR Y MERCADOTECNIA

Por: Isabel Specia Cabrera*

 Una vez que las fiestas decembrinas  y la cuesta de enero quedan atrás, viene como rayo y desencadenando una serie de festividades mercadológicas, el 14 de febrero. Según la historia, el poeta inglés Geoffrey Chaucer (1343-1400) escribió un poema con motivo del primer aniversario del compromiso entre el rey Ricardo II de Inglaterra y Ana de Bohemia por el año de 1382.

 

Normal 0 21 false false false ES X-NONE X-NONE MicrosoftInternetExplorer4

 

 

El poema refiere “Porque esto fue el día de San Valentín, cuando cada ave vino aquí a elegir su pareja”, pues se escribió justo en el mes de mayo, cuando las aves buscan hacer nidos en Inglaterra. Sin embargo y al parecer por errores de lectura, el calendario litúrgico interpretó que Chaucer se refería al 14 de febrero, quizá por ser el día en que se celebran tres de los once San Valentín.

 

Para el siglo XIX, el Día de San Valentín llegó a Estados Unidos, donde la artista y empresaria Esher Howland (1828-1904), vio un gran negocio con lo que inició las primeras postales en masa en 1847. De ahí, a la fecha, la festividad arroja grandes sumas de ganancias a los productores de toda clase de objetos relacionados con la fecha.

 

La historia, al parecer romántica, quedó muy lejos de la conmemoración actual. Si bien es cierto a los humanos nos hace bien el dar y recibir, también es cierto que la mercadotecnia ha aprovechado todo lo que esta a su alcance para poner en manos de millones y millones de enamorados, productos que terminan como basura contaminante del planeta.

 

Es muy común en la actualidad, ver circular por las avenidas autos tapados de papeles con leyendas como te amo, te quiero, me gustas, me encantas… que solo terminan sobre el pavimento y posteriormente dañando la tubería de desagüe de la ciudad.

 

Los ya clásicos muñecos de peluche, que al llegar son recibidos con toda la emoción que un enamorado puede manifestar, terminan normalmente en el montón de cachivaches que no se quieren ir a la basura, por el grato recuerdo.

 

Y qué decir de la gran cantidad de tarjetas con corazones rojos, que al igual no permanecen de por vida al lado de quien la recibe. Debemos agradecer al Internet, la genial idea de permitir que un enamorado o enamorada, o tal vez un amigo o amiga, envíe sin gasto extra, una tarjeta electrónica que alegrará el instante.

 

Celebrar un día, por el simple hecho de hacerlo, es seguir en el mismo camino que nos marcan los que manejan nuestras conciencias a través de mensajes subliminales y no tan subliminales en los medios masivos de comunicación.

 

La obligación de dar un regalo o un simple detalle porque así lo dicen quienes crearon de manera comercial el día, es complicarnos la existencia si un abrazo diario compensa la falta de regalo en un día.

 

Recordar que amamos, sin que nos den la fecha para hacerlo, es simplemente vivir en libertad.

 

* Isabel Specia Cabrera es periodista, académica y escritora mexicana radicada en el Distrito Federal. 

 

Más de la obra de Isabel Specia Cabrera:

next
prev

Hay 899 invitados y ningún miembro en línea