REVOLUCIÓN, CAMBIANDO LA VIDA
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REVOLUCIÓN, CAMBIANDO LA VIDA

Por: Isabel Specia Cabrera* 

Revolucionar implica cambiar, iniciar con un nuevo objetivo el camino, buscar un avance en lo ya iniciado, hacer nuevos planes y recomenzar. Revolucionar representa siempre sacrificios, acciones violentas en algunas ocasiones, pérdidas humanas en muchas otras.

Las revoluciones marcan el fin de un momento y el inicio de otro. Las revoluciones se dan día a día, en este ir y venir del mundo, en esta larga historia humana. Las revoluciones suelen ser trágicas, violentas o emotivas. Suelen ser grandes y pequeñas, escandalosas y silenciosas, sociales, grupales o individuales, mundiales, nacionales o locales. Las revoluciones simplemente se dan.

Encontramos revoluciones promovidas por clases sociales sometidas, o bien por imposiciones religiosas o culturales. El mundo está marcado por una gran lista de revoluciones que cambian la forma de visualizar al planeta.

La industria, la economía, la religión, el arte, las comunicaciones, todo se revoluciona, todo cambia paulatina o drásticamente. Todo es parte de un proceso, de un desarrollo humano.

Recordar revoluciones sociales como las registradas en Inglaterra, Estados Unidos, Francia, México, China, o Cuba, nos refleja la actividad humana, la búsqueda generaliza por el bienestar. El logro de la tan anhelada libertad. Todas y cada una de ellas también nos marca un cambio, un cambio que da pauta, quizá, a una nueva revolución.

Revoluciones en la industria, en las artes, o en la economía mundial, nos indican que el hombre es capaz de crear, de hacer con las manos, de transformar la naturaleza, de alegrar la vista o el oído. De hacer la vida fácil y placentera.

El mundo se encuentra inmerso en una gran revolución, una revolución que va más allá del cambio en la estructura social, política o económica. La batalla humana radica ahora en la libertad, en esa libertad de poder crear, de poder hacer, de poder decir lo que pienso y lo que siento sin el menor temor a ser callado. En esa libertad de tránsito que implica conocer el mundo que me rodea.

Pareciera que el hombre está secuestrado, sometido, con una gran carga de acciones que le impiden ser libre. Algunas impuestas por nosotros mismos, como la diaria rutina que abarca el trabajo, la familia, los hijos y hasta la forma de amar. Una rutina que no nos permite ver más allá de lo que estamos acostumbrados a hacer. Esa pequeña palabra: rutina, que impide el cambio, el más mínimo cambio en mi vida.

Hacer lo que nunca hago es romper con mi rutina, es pensar en la posibilidad de perder, pero también de ganar. Dejar de hacer implica un riesgo, pero al final del día, en ocasiones, el dejar de hacer, nos genera una gran satisfacción.

Y así, me viene a la mente la Canción “A Usted”, interpretada por Joan Manuel Serrat en la que cuestiona al ejecutivo, al hombre práctico, al que sabe de números, recuerdan:

“¿No le gustaría no ir mañana a trabajar y no pedirle a nadie excusas, para jugar el juego que mejor juega y que más le gusta. No le gustaría ser capaz de renunciar a todas sus pertenencias, y ganar la libertad y el tiempo que pierde en defenderlas. No le gustaría dejar de mandar al prójimo para exigir que nadie lo mande lo más mínimo. No le gustaría acaso, vencer la tentación sucumbiendo de lleno en sus brazos?”

¿Acaso nunca hemos pensado en dejar de hacer, o en modificar la forma de hacer?, ello también es revolucionar, también implica un cambio, y un disfrutar aún más de mi quehacer cotidiano. Cambiemos la manera en que vivimos, cambiemos nuestra forma de ver y de pensar. Cambiemos nuestra vida. ¡No pasa nada!

* Isabel Specia Cabrera es periodista, académica y escritora mexicana radicada en el Distrito Federal. 

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