Los medios masivos de realimentación ideológica
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 - La Historia Jamás Contada -

En esta época de feroz competencia por el monopolio de los medios -¿de comunicación?- masivos, surge naturalmente la pregunta de por qué son tan codiciados, al grado de mover, remover –es decir, quitar- o poner funcionarios por parte de las corporaciones que componen la oligarquía (corporativa) gobernante, ya no sólo tras bambalinas sino en la escena misma. Se ha perdido todo decoro y no es para menos, pues el control de los medios se ha vuelto una cuestión de Estado –corporativo, desde luego-.

Pero persiste la pregunta de por qué, si vivimos en un sistema de –más o menos- libre mercado, donde teóricamente tenemos acceso a cualquier mercancía de nuestra elección –gastadísima palabra en estas fechas-. ¿Por qué habrían de pujar –en ambos sentidos- los megamercachifles corporativos por quedarse con ellos? Y más en las actuales condiciones de oferta hiperampliada de información disponible en la bendita -¿o la dejamos en benemérita ¿- Red. Aparentemente no serían negocio, pues cualquiera puede ir por lo suyo con sólo teclearlo o simplemente copiar la clave URL –“Universal Resources Language”- en el buscador más próximo.

La respuesta es sencilla aunque extraña: por la necesidad nietzscheanamente “humana, demasiado humana” de sus consumidores de realimentarse ideológicamente de la misma ubre que lo hicieron de niños, como TV babies -¿o teletubbies?- que fueron. Lo mismo adultos mayores cuyo universo se ha –lo han- reducido a la hipnótica pantalla que los “rescata” (¿?) de su sórdido ambiente familiar, como en otras épocas de ausencia de relaciones sociales significativas, pues la familia podrá ser todo, menos estimulante. Eso o la cantina, bar, antro y lo que sigue…

No es que la televisión sea una droga que se enchufa, como se pensaba, sino los seres humanos que no se sienten vivos si no están enchufados –festgesaugt- a su programación: una MATRIX -¿o tal vez el VIDEODROME de Cronenberg?- nada virtual que recargará enormemente el capital de las corporaciones mediáticas.

Pero no es sólo la avidez de ganancias lo que impulsa la desmedida competencia entre monopolistas y wannabes. También está la no menos tentadora promesa del Poder, poder sobre las masas, que convierte el control de los medios en un asunto político. Para estos nuevos Goebbels, la dependencia afectiva de la gente al contenido de los medios, es la oportunidad de dirigir impunemente sus vidas, más allá de cualquier eleccionismo redentor.

Desde los primeros manipuladores de la información, se hizo evidente la propensión de las masas a ser engañadas confortablemente, y aquéllos y sus descendientes, además de recibir beneficios inmediatos en dinero y status, han contribuido decisivamente a la estasis –no cambio- de las sociedades, retroalimentándolas incesantemente con imágenes autocomplacientes de que todo va bien y continuará así si permanecen “fieles a sí mismas”, visión tranquilizadora pero ajena a la realidad que añora míticas edades de oro mientras deja pasar oportunidades históricas de cambiar para mejorar, instituyendo otros comportamientos sociales.

Sí, el poder real no está en los órganos formales, sino en cosas como éstas.

*Imagen: 1.bp.blogspot.com

Fernando Acosta_ReyesFernando Acosta Reyes (@ferstarey )-es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.

 

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