LA MUERTE
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LA MUERTE 

Por: Isabel Specia Cabrera*

 Llega justo en el momento en que no la esperamos, sin previo aviso en muchas de las veces y con el fin de separarnos de la vida. La muerte es como el viento, suave, dulce, tormentosa. Para ella, no hay imposibles ni límites siempre logra su objetivo, siempre saldrá de la mano de un ser al que lleva al más allá, al que ha arrancado como pieza de rompecabezas de la vida.

 

La muerte es para unos el alivio, para otros inoportuna y para muchos más, cruel. Su presencia genera llanto, dolor, impotencia y desesperación. Su llegada es siempre inadecuada, quien tiene que partir normalmente ha dejado un sinfín de tareas por cumplir, quizá olvidó o nunca supo cual era su misión en la vida y ahora tendrá que abandonarla con una misión tal vez a medias.

 

Pero, ¿quién nos dice a qué venimos, quién nos explica lo que debemos hacer en la vida, quién es el encargado de informarnos cómo vivir para que en el momento en que la muerte llegue estemos preparados y podamos partir sin ningún temor, o con la idea de haber dejado algo pendiente.

Una tarea clara es la de dejar una huella en esta vida, se dice que quien al mundo llega debe, antes de partir, tener un hijo, sembrar un árbol y escribir un libro, si analizamos cada una de estas encomiendas veremos que van mucho más allá de una simple palabra.

Tener un hijo, continuidad del ser, permanencia en la tierra, será quien culmine lo que hemos iniciado, será quien hable de nosotros en el momento en que no estemos, será quien logre lo que nosotros, por su llegada, no logramos. Un hijo vendrá a ser aquella gota de sangre que dejamos en el mundo.

Sembrar un árbol, nada fácil en este mundo tan despegado de todo aquello lo natural. ¿En dónde sembrar?, ¿qué sembrar? Una gran lista de excusas, no es lo mismo que tener un hijo, eso es simple, es más, lo podemos hacer en cualquier momento, pero sembrar un árbol, ¿cómo? Sólo debemos pensar que la tierra nos ha dada mucho para vivir, y que un árbol no le caería mal. Sembremos no sólo uno, sembremos todos los que podamos, en donde podamos y cuando podamos. Las futuras generaciones nos lo agradecerán.

En cuanto a escribir un libro, es dejar la marca de nuestro sentir, de nuestro pensar, la forma en que vemos al mundo, la manera en que interpretamos la vida. Escribir es viajar, es ir y venir, es estar en contacto con nosotros mismos. No será nada complicado si pensamos que escribir es plasmar nuestros sentimientos y emociones. Un poema, un libro, una tesis, simplemente una carta. Escribir, hay que hacerlo.

Quienes vemos partir a nuestros amigos, familiares o conocidos, vemos a la muerte como cruel, egoísta, sin sentimientos. Ella es la única responsable de nuestro dolor, de ese vacío enorme que queda en nuestra vida, de esa forma desesperada de querer abrir los ojos y sentir todo como un amargo sueño. Ella y sólo ella es la responsable del sufrimiento que invade nuestro cuerpo, nuestros sentimientos.

Y es justo en ese momento, en ese amargo momento que recordamos lo mucho que amamos, lo mucho que nos duele perder. En ese momento es cuando nos llega a la mente una gran cantidad de recuerdos compartidos, una sensación de pérdida irreparable y es en ese momento que, como escribiera en “Elegía” Miguel Hernández “quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero apartar la tierra parte a parte a destelladas secas y calientes. Quiero mirar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble calavera y desamordazarte y regresarte”.

 Y es precisamente en ese momento que nos damos cuenta de que la muerte no se burla como nosotros de ella, que finalmente los burlados fuimos nosotros. En ese instante, en que sentimos a la muerte tan cerca, es cuando reflexionamos sobre lo importante de la vida, es en ese momento que encontramos a la muerte como un ser enorme, contra quien jamás lucharemos, pues llevamos la de perder, y no habrá poder humano que pueda evitar su llegada.

La muerte llega, sigilosa, callada, arrebatando lo que a la vida pertenece, y la muerte no sabe de edades, sexo, deseos, ilusiones o amor, simplemente toma lo que cree le corresponde y así, sin más te lleva o me lleva.

Hacer, hacer ahora, crear ahora, cuando aún tenemos la vida, cuando la muerte aún acecha, cuando aún, a pesar de estar en su lista, estamos vivos. Tomar la vida como una única oportunidad para que a su llegada podamos decirle bienvenida, te estaba esperando.

* Isabel Specia Cabrera es periodista, académica y escritora mexicana radicada en el Distrito Federal. 

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