La Ideología del Subdesarrollo
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 16 de mayo de 2014

- La Historia Jamás Contada -

Hace muchos años que no se emplea en los discursos de Gobierno esta palabra, “subdesarrollo”. Data de tiempos de Luis Echeverría y su intención era resaltar el atraso social de las naciones que formaban el “Tercer Mundo” –otra expresión emblemática- en comparación con las incluidas en uno u otro bloque geopolítico: occidental o soviético, como si aquéllas estuvieran dejadas de la mano de Dios y también del Diablo, que el ahora san Juan Pablo II veía en la U.R.S.S. y Europa Oriental.

Tras la desaparición formal del segundo bloque, podría tal vez pensarse que ya todos habitamos en un único y glorioso Primer Mundo, como correspondería a una Era Global… pero no, pues para sorpresa de los más optimistas, seguimos igual: empeorando. Y la muestra es el inesperado retorno de prácticas gubernamentales que ya en esos años 70 dábamos por definitivamente superadas, como convertir en folklore ideológicamente rentable la marginación de la vida moderna que es endémica de la población rural, tanto que algunos mordaces la incluían entre las “mexican curios” por su asociación con las artesanías y el turismo.

De hecho, la década anterior habían tratado de adoctrinarnos a los niños de escuelas públicas –el público cautivo de la clase política priísta- urbanas con idílicas estampas de la vida ranchera y pueblerina, lo mismo en los flamantes libros de texto gratuitos que en actividades simbólicas –mal llamadas “culturales”- como bailables, desfiles, ceremonias, etc., pues el objetivo “oculto” del Plan de Once Años –la reforma educativa de entonces- era forjarnos una identidad nacional cuyo tipo ideal era el “indito” con todos sus atributos: resignado, sumiso, pasivo… como querría cualquier déspota. (Pero llegó 1968 y el resto es Historia.)

La versión “recargada” de aquella situación de principios de los ’60 son los actuales Pueblos Mágicos, extensión o apéndice del concepto publicitario turístico del “Patrimonio de la Humanidad”, que los gobernantes citadinos se disputan como si fuera un blasón de nobleza –allá ellos y su frivolidad-, pero que en un pueblo, más endeble económicamente, puede acarrear consecuencias desastrosas al convertirlo en una especie de tarjeta postal viviente, siempre igual a sí misma, dedicado enteramente al monocultivo del Turismo, por esencia aleatorio y veleidoso, ya que el subdesarrollo no sólo es una consecuencia objetiva de la Historia: también puede ser transmitido y reproducido ideológicamente.

¿Vale la pena seguir esta “mágica” senda, el camino amarillo de la Utopía turística o, como es más razonable, procurar el desarrollo lo más equilibrado posible de todas las áreas, incluso la del goce estético para todos?

Fernando AcostaFernando Acosta Reyes (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es investigador independiente de fenómenos extraños, amante de la música y estudioso de los comportamientos sociales.