El sistema inutilizó el voto para perpetuarse (Artículo)
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3 de febrero de 2018

Una de las ocupaciones más denostadas y, a la vez, envidiadas en una sociedad, es la de POLÍTICO (profesional), esto es, un individuo que va de un puesto de Gobierno a otro, con las ventajas que esto le da respecto al resto de la población, como son sueldos desproporcionados, poder de decidir por (muchos) otros e incluso -llegado el caso- impunidad, convirtiéndolos a él –o ella- y sus semejantes, en una clase aparte.

Carece de importancia si en tiempo de elecciones algunos condescienden con su “amado” (¿?) Pueblo –así, con mayúscula-, pues en cuanto las cosas regresan a la (a)normalidad de todos los días, ellos lo hacen a donde siempre han estado desde que ascendieron, si no es que ya nacieron ahí, pues como cualquier nobleza, ésta también se hereda. (Como leí hace años en algún lugar: “Tienen más en común Richard Nixon y Fidel Castro entre sí, que cada uno de ellos con sus respectivos pueblos”.)

Estas consideraciones vienen a colación por un comportamiento social en sí mismo de lo más lógico, por mucho que escandalice a los idealistas de la Política, deseosos de verla funcionando “como relojito”, con todos sus elementos actuando en perfecta coordinación en el momento preciso. (Me refiero, por supuesto, a su versión más inocua: el acto de acudir a las urnas y depositar los votos, confiando todo lo que sucede antes, durante y después de ello, a la buena voluntad del Estado, que no desaprovechará oportunidad para hacer los “ajustes” que le favorezcan, recurriendo a sus órganos relevantes, por más ciudadanizado que esté el proceso.)

Funcionamiento que en principio es imposible por la intrínseca falta de sentido de este acto puramente simbólico sin conexión sensible o, cuando menos, factible, con la atemorizante realidad de cada día, que parece haberse salido del control no ya del ciudadano común, sino de los mismos nobles-políticos que fungen -¿con “u” o con “i”?- como gobernantes. (Recuerdo haber notado ya en los ’90, que ni el mismo Marx previó que el lumpen llegaría a estar por encima de la burguesía como clase de facto DOMINANTE.)

Así que ante la crudeza del Presente, este tipo de Política restringida también se ha “desencantado” –Weber-, no ofreciendo ya solución inteligible a los gravísimos problemas sociales, por más que se vote y vuelva a votar. El temido –por esos idealistas- ABSTENCIONISMO, anteriormente una forma de resistencia al control total del Estado, ahora encuentra su principal impulsor en la inoperancia de éste.

Pero con el desencanto llega también la lucidez: tal vez ahora, cuando vemos las cosas como son, podamos –mediante un esfuerzo colectivo, desde luego- imaginar otras formas de construir y sostener una convivencia aceptable, más allá de lineamientos –guidelines- caducos que sólo inhiben la participación objetiva –no simbólica- de los ciudadanos en la conducción del Estado y la sociedad.

De otro modo, a una Política ENAJENADA, es decir, ajena al interés de los CIUDADANOS, éstos responderán, con todo el sentido del Mundo, con su más genuino DESINTERÉS por ella. Suena lógico, ¿verdad?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.

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