El sistema más corrupto de México es el judicial
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6 de octubre de 2016

Espantados como estamos de la corrupción política en México, nada más hay que ver la cloaca que resulta el sistema judicial, los jueces toman decisiones con tarifas. Imagine usted el caso de una persona que interpone una denuncia por fraude. El acusador se queja de haber pagado una máquina para su empresa que el acusado nunca entregó. Demanda que se le devuelva el dinero, pues su pequeña empresa se puede ir a la quiebra. El fabricante simplemente se bebió en alcohol todo el dinero y nunca hizo la máquina. Le llega la demanda a domicilio, casa propia con bodega de ensamblaje anexa. No se presenta y el demandante se ha quedado sin dinero ya. El acusado compra la voluntad del juez y, una de dos, o lo exonera del delito de fraude o la hace tan larga que el acusador nunca puede hacer prosperar la demanda.


Como ese caso, real, hay verdaderos dramas en el ambiente judicial de nuestro herido país. Mujeres que son demandadas por sus ex cónyuges y se quedan sin casa. Avales que firmaron hace 3 años y ahora pierden su casa, siendo que los ganadores tienen 70 casas mal habidas de la misma forma. Acusados por el banco de delitos que otros cometieron. Automovilistas que fueron chocados por otros que nunca pudieron cobrar por el daño. La lista es interminable: desaparecidos, asesinados, despojados de sus tierras por el propio gobierno, incumplimiento de contratos, en fin.


Con el 98% de crímenes que no se castigan, rondan por los juzgados cientos de miles de ciudadanos en espera de una respuesta que nunca llega. El dolor pasa por esas oficinas produciendo insensibilidad entre los secretarios, jueces, magistrados, ministros, ministerios públicos y demás ridículos títulos de gente cobrando altos salarios, de los más estratosféricos que se pueda imaginar, siendo ineficientes para erradicar el crimen, la injusticia y el dolor de la gente.


El 41% de los habitantes de las cárceles en nuestro país son inocentes. Es preferible un culpable en la calle que un honesto en la cárcel; así el drama. A diario se cometen 26 homicidios dolosos en nuestro país y cada cuatro días uno encontrará la justicia, los demás, bien gracias.


Los juzgados, además, cobran “cooperaciones” para que procedan las denuncias, o se agilice uno de tantos trámites de calvario. Tan sólo para reportar que se robaron el medidor de la luz hay que levantar actas que jamás revisan. Ni la propia CFE las aprovecha para recuperar el patrimonio de la nación. Eso sí, cada quién debe demostrar que el medidor fue robado, si no, lo cargan al recibo. ¿Qué tal que ahora los tubos de gas natural son de plástico? Así evitan los robos. No, si son bien creativos.


Pero si ya sabemos que quienes más crímenes cometen son los propios “burócratas” –título para generalizar–, porque hoy día se está averiguando –apenas– cómo se calculan las tarifas de luz. Mientras más consume uno, más cara sale. ¿Cómo ve?


Los jueces de la Suprema Corte de Justicia cobran hasta 5 millones de pesos al año. Eso son $1700 por hora. Son $13 mil al día, cuando el salario mínimo está en $71 diarios. La injusticia producida por los jueces ¿no cree? La impunidad, eso sí, galopante.


El nuevo sistema penal acusatorio, no hace más que agilizar los trámites, escuchar a las víctimas directamente por los jueces quienes seguro se estarán durmiendo de tantos casos que atenderán al día. Quizá lo único rescatable es que los inocentes no irán a la cárcel hasta que se pruebe que son culpables. Mientras tanto, los jodidos políticos corruptos tendrán tiempo de huir, a Irlanda o Tombuctú, más bien a paraísos fiscales donde gastarán todo lo saqueado al erario.


Los juzgados en México son lugares no gratos para pasar el día. Ahí ocurren más robos que en la calle. Menosprecio y discriminación en cada pasillo. Abuso de autoridad. Sitios de “mordidas”, moches, convenios mafiosos, prepotencia de servidores públicos o abogados. Si quiere justicia, no la busque ahí. Por eso en diferentes zonas de las ciudades los vecinos se ponen de acuerdo para poner cámaras y en el peor de los casos, linchar a los criminales, aunque, con tal injusticia nacional, se les entiende.

Los más aberrantes crímenes de nuestra sociedad siguen impunes: robo de infantes o violaciones a menores, feminicidios (por los abusos de género principalmente), homicidios, secuestros y desaparecidos. Las grandes mafias nunca pisan las cárceles y tienen a la ciudadanía como rehenes del terror que siembran.


La noble tarea de un abogado, en México no se ve. Muchos de ellos sólo abusan de la gente. Son ellos quienes en realidad tienen el cambio en sus manos. Si ellos se apegaran a su código de ética, tendríamos otro país. La paz sólo llega cuando hay justicia, no la esperen antes.

Imagen: yosiciudadano.wordpress.com

Joe Barcala (@JoeBarcala) es novelista y activista veracruzano y poblano, autor de diversos éxitos editoriales.