
6 de octubre de 2015
El año siguiente, se cumplen 100 años de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, promulgada a la conclusión de la Revolución Mexicana en 1917.
En su tiempo rompió paradigmas de las constituciones del mundo, toda vez que agregó a la teoría clásica que las dividía en dos partes: una dogmática o de garantías individuales, y otra orgánica: que regulaba la estructura y funcionamiento de las instituciones. Lo más admirable fue la parte social, que incorporó derechos indispensables para los grupos sociales, particularmente para obreros y campesinos.
¿Qué queda de eso?. Realmente muy poco.
A partir del Presidente Álvaro Obregón, se inician las reformas a la Constitución, pero durante los últimos gobiernos, las reformas dejan un rostro desconocido de la ley: en la época de Miguel de la Madrid Hurtado se reformaron 66 artículos Carlos Salinas de Gortari modificó otros 55 artículos, Ernesto Zedillo Ponce de León cambió 77 artículos, Felipe de Jesús Calderón Hinojosa trastocó otros 110 y para no quedar atrás Enrique Peña Nieto, a dos años de concluir su mandato, se cuentan ya 90 reformas.
Es verdad que toda ley debe funcionar en paralelo a la dinámica de la sociedad y a las diversas circunstancias del entorno en donde se aplique, sin embargo, con más de 570 modificaciones, la Carta Magna que hoy tenemos en México, se ubica dentro de las constituciones del mundo que más cambios ha sufrido.
Un sector importante de juristas, sociólogos, politólogos y académicos en general, sostienen que ha perdido su esencia al quedar solamente en ella un poco más del diez por ciento de su texto original.
Argumentan que al paso del tiempo, la Constitución ha tenido que ajustarse a un número importante de negociaciones políticas quedando un documento confuso, largo y hasta aparentemente contradictorio en algunos artículos, cuando en beneficio de la democracia debería ser un documento sencillo, claro y conciso donde todos los gobernados entendamos nuestros derechos básicos, así como los principales límites de actuación y las obligaciones de las autoridades.
Ante esto, parecería más conveniente, convocar a generar un nuevo texto cabal, plenamente actualizado en armonía al tiempo en que vive la sociedad mexicana.
Quienes opinan que no es conveniente por lo pronto una nueva Constitución, aseguran que las mejores constituciones son aquellas que obedecen a la necesidad y posibilidad real de un nuevo pacto social más democrático, equitativo e incluyente. No obstante, las actuales condiciones de los partidos políticos y el contexto económico y social no son las más favorables. Así, el debate institucional del tema sigue en el tintero.
Imagen: impacto.mx
Juan José Chalico Ruiz, abogado posgraduado, conferencista, excolumnista del Sol de León, Gto. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.








