LA REFORMA ELECTORAL QUE VIENERaymundo García García*
En el contexto de la celebración de la primera mitad de la administración presidencial, más allá de los balances positivos, negativos balanceados o neutros, que todo ciudadano está obligado a hacer, dentro del ejercicio ciudadano de su libertad personal, sin dejar atrás la crisis financiera mundial; para el segundo trienio del sexenio se vuelve a remarcar la necesidad urgente de hacer reformas estructurales que impacten en los rubros político, económico y social; en este último está la continuidad de la lucha en contra de la pobreza y la marginación; en el económico la necesidad de llevar a cabo la reforma hacendaria total, y en el político dar el salto histórico que sepulte al centenario principio de “la no reelección”, bandera del movimiento revolucionario de 1910.
El primer intento de rompimiento de la bandera anti reeleccionista, se dio en la reforma constitucional de 1928, donde con la acuñación “Revolución versus Reacción”, los reeleccionistas seguidores de Caudillo de la revolución constitucionalista encarnado en Álvaro Obregón, levantaron la bandera revolucionaria no sólo impulsando la reelección del presidente de la república de manera discontinua, sino que además, promovieron la ampliación del periodo gubernamental de cuatrienios a sexenios; a quienes se opusieron, fueron descalificados como reaccionarios y enemigos del caudillo de la revolución, -faltaba más-. Fenómeno que trajo aparejada la ampliación de periodo de duración de los diputados de dos a tres años y de los presidentes municipales de un año, a dos y luego a tres años.
A principio de la década de los noventa, en la administración del presidente Salinas de Gortari, se empieza a cuestionar la temporalidad de las administraciones municipales, los alcaldes reclaman la necesidad de ampliación del periodo o en su defecto la regulación de la reelección de alcaldes, con el pretexto de su urgente necesidad para impulsar proyectos de largo alance que redunden en beneficio del progreso y desarrollo regional de las comunidades. La oposición vino desde el mismo PRI bajo el argumento de que se estaba gestando la reelección desde abajo para que terminara promoviéndose la reelección presidencial como coronación del movimiento, lo cual iba en contra del sentir histórico de México.
Empero, el movimiento reeleccionista no se detuvo, se fue ampliando en el debate académico, social y político nacional. Trascendió al debate interno de los principales partidos políticos, sabedores de que con la creación del nuevo sistema de partidos que apareció por voluntad de la propia sociedad civil allá en las elecciones de 1988, el tema de la reelección más que ser contra-histórico, era un tema que estaba vinculado al proceso de democratización en el cual había entrado México desde finales de los ochenta. La reelección de senadores, diputados federales y locales, y de ayuntamientos, fue cobrando forma de manera civilizada y racional dentro de los tres principales partidos políticos mexicanos: Acción Nacional (PAN); Revolucionario Institucional (PRI); y de la Revolución Democrática (PRD), que de bondadoso lleva el espíritu de la profesionalización del trabajo parlamentario, fenómeno que se justifica por los menos por dos razones estructurales: a) porque el Poder Legislativo, en el Estado Constitucional de derecho, es el Poder Público más importante que resume y encarna la esencia del poder político del pueblo, sin importar sí es régimen de gobierno es parlamentario o presidencial puro o limitado; los acuerdos y consensos se dan en el Legislativo exigiendo parlamentarios experimentados; y b) Porque el Poder Legislativo mexicano tiene una profesionalización sus miembros burocráticos, pero es muy limitada en sus actores ejecutivos- los diputados y los senadores. Y con la reelección de presidentes municipales, la profesionalización de redundará en la concreción por fin de un auténtico sistema de regionalización, de descentralización del poder público, pero sobre todo de combate al analfabetismo de los alcaldes de Municipios semi-urbanos y rurales, donde el Estado de Puebla el ejemplo cotidiano.
*Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.
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