Un día como hoy, pero de 1968, fue asesinado Martin Luther King Jr.
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4 de abril de 2021

 

ConoSER Bien

 

Lo preocupante no es la perversidad de los malvados sino la indiferencia de los buenos.
Martin Luther King

El día de hoy, 4 de abril, se cumplen 53 años del asesinato de uno de los más grandes líderes sociales, me refiero a Martin Luther King Jr. El cual dedicó su vida a la lucha no violenta por la igualdad racial en Estados Unidos, debido a que la comunidad negra de este país no disfrutaba del reconocimiento merecido y se mantenía el racismo institucionalizado en algunas partes de la nación. Décadas después de su muerte continúa inspirando a todos aquellos que luchan alrededor del mundo por los derechos y la dignidad humanos frente a la opresión, la discriminación y la injusticia.

Luther King nació el 15 de enero de 1929 en Atlanta, Georgia bajo el nombre de Michael King Jr. Pero fue a los 5 años que su padre Michael King cambió su nombre en honor al teólogo del siglo XVI Martin Luther (Martín Lutero). Asistió a la Universidad de Boston y se graduó en 1955 con un doctorado en teología sistemática, obtuvo un diploma de bachillerato en Artes en Sociología del Morehouse College y otro más en Divinidad del Seminario Teológico Crozer.

Martin fue encarcelado al menos 30 veces por alzar la voz en pro de minorías reprimidas. Durante su lucha, el FBI trató de obligar a King a suicidarse para evitar que influyera en la opinión pública y tuviera conexiones con comunistas. Era catalogado como uno de los oradores más grandes de la época, no obstante, el activista obtuvo malas notas en la escuela de teología por sus nulas habilidades en hablar en público.

La “Marcha sobre Washington” representó la unión de muchas organizaciones y movimientos sociales distintos. Al finalizar el acto, Martin Luther King pronunció uno de los discursos más recordados del siglo XX, en el que expresó su ideal de acción política, enumeró las reivindicaciones de la comunidad negra y afirma su convicción de poder llevarlas a cabo. Delante del monumento dedicado a Abraham Lincoln, Luther King inició su discurso haciendo referencia al trascendental Decreto sobre la Emancipación que, hacía 100 años, había firmado el Presidente Lincoln y que significó la llegada de “un precioso amanecer al final de una larga noche de cautiverio”. Sin embargo, añadió, “cien años después, el negro aún no es libre… y se encuentra desterrado en su propia tierra…” Pese a que en la Constitución de los Estados Unidos y en la Declaración de Independencia figuraba explícitamente “la promesa de que a todos los hombres les serían garantizados los inalienables derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

Su célebre discurso “I Have A Dream” (Tengo un sueño), pronunciado ante 200 mil personas en Washington en 1963 y que todo estadounidense, al menos una vez en su vida, lo ha escuchado. Se trató sin duda, de un instante decisivo para la historia, una fecha en la que tuvo lugar uno de los discursos políticos más sublimes y trascendentes de la historia de Estados Unidos y de la lucha pacífica, un momento, además, que no ha perdido su fuerza y poder elocuente. con sus acciones civiles y políticas.

Aquí parte de ese discurso:

“Les digo a ustedes hoy, mis amigos, que, pese a todas las dificultades y frustraciones del momento, yo todavía tengo un sueño. Es un sueño arraigado profundamente en el sueño americano.

Yo tengo un sueño de que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo: 'Creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales'.

Yo tengo el sueño de que un día en las coloradas colinas de Georgia los hijos de los exesclavos y los hijos de los expropietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad.

Yo tengo el sueño de que un día incluso el estado de Mississippi, un estado desierto, sofocado por el calor de la injusticia y la opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia.

Yo tengo el sueño de que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter. ¡Yo tengo un sueño hoy!

Yo tengo el sueño de que un día, allá en Alabama, con sus racistas despiadados, con un gobernador cuyos labios gotean con las palabras de la interposición y la anulación; un día allí mismo en Alabama, pequeños niños negros y pequeñas niñas negras serán capaces de unir sus manos con pequeños niños y niñas blancos como hermanos y hermanas. ¡Yo tengo un sueño hoy!

Yo tengo el sueño de que un día cada valle será exaltado, cada colina y montaña será bajada, los sitios escarpados serán aplanados y los sitios sinuosos serán enderezados, y que la gloria del Señor será revelada y toda la carne la verá al unísono. Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la que regresaré al sur. Con esta fe seremos capaces de esculpir en la montaña de la desesperación una piedra de esperanza. Con esta fe seremos capaces de transformar las discordancias de nuestra nación en una hermosa sinfonía de hermandad. Con esta fe seremos capaces de trabajar juntos, de rezar juntos, de luchar juntos, de ir a prisión juntos, de luchar por nuestra libertad juntos, con la certeza de que un día seremos libres.

El 4 de abril de 1968 un disparo segó la vida del predicador y activista de los derechos civiles. Su muerte, en momentos en que preparaba una gran manifestación para visibilizar la situación de extrema pobreza en la población afroamericana, desató una oleada de manifestaciones, saqueos y enfrentamientos que mantuvieron en jaque por varios días al gobierno de Lyndon Johnson.


Twitter @jarymorgado
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