Un día como hoy fue ejecutado Cuauhtémoc, el último Tlatoani (Artículo y videos)
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28 de febrero de 2021

ConoSER Bien

 

Mientras exista el mundo, nunca acabará la fama ni la gloria de México-Tenochtitlán.
Cuauhtémoc

Hace 496 años, un día como hoy, es ejecutado el último emperador azteca, Cuauhtémoc, al que el poeta mexicano Ramón López Velarde lo designara como “el joven abuelo de México”, y lo califica como “único héroe a la altura del arte”. Cuauhtémoc es uno de los personajes más reconocidos por los mexicanos como héroe nacional, es por lo que el 28 de febrero de cada año, la bandera mexicana ondea a media asta en todo el país, recordando su muerte.

A Cuauhtémoc se le atribuye la frase ¿Acaso estoy yo en un lecho de rosas?, pronunciada cuando éste se dirige al señor de Tacuba, Tetlepanquetzaltzin, mientras a ambos los conquistadores españoles les queman los pies y las manos con aceite hirviendo para que confiesen dónde está escondido el tesoro imperial. Esto da a conocer el carácter estoico del guerrero que defendió hasta el final la ciudad de Tenochtitlán.

Cuauhtémoc (de cuauhtli –águila y temoc –descender, caer, bajar) en el momento más difícil de su reinado se destaca por su inteligencia, su intrepidez y su coraje. Fue un encarnizado enemigo de los españoles, especialmente después de la matanza perpetrada en Tenochtitlán. Él se encuentra enclavado entre los naturales que apedrearon a su propio emperador, Moctezuma II, por la sumisión a los españoles, y posteriormente ataca a las tropas de Cortés cuando escapan de la ciudad en la llamada “noche triste”.

Llamado por los españoles Guatemuz o Guatimocín, nacido en 1502, quedó huérfano de padre siendo todavía un niño y recibió una educación aristocrática, como correspondía a un miembro de la realeza, adquiriendo los conocimientos que lo preparaban para la vida adulta en un Calmécac. Aunado a que su madre lo educa con la disciplina y el rigor que se espera de un príncipe azteca.

A la llegada de Cortés ya él es el señor de Tlatelolco. Cuando asciende al trono, en enero de 1521, prepara a su pueblo para la defensa: suspende los pagos tributarios, almacena provisiones, fortifica baluartes, destruye puentes que puedan servirle al enemigo y arma miles de barcas de combate. Entre tanto los conquistadores, reponen fuerzas con sus aliados tlaxcaltecas. Es allí donde Cortés hace construir barcos que transportan luego en partes y terminan de armarlos junto al lago de Texcoco donde saldrán a navegar para atacar a la Gran Tenochtitlán desde adentro.

Los aztecas, liderados por Cuauhtémoc, presentan una fuerte resistencia, pero la superioridad militar y tecnológica de los conquistadores, a los que se suma una plaga de viruelas, los derrotan. El 12 de agosto de 1521, Cuauhtémoc dio a conocer el último mensaje del Consejo de Gobierno antes de la caída de Tenochtitlán; el día 13, México está en poder del conquistador español. Parte del mensaje: “Nuestro Sol se ocultó; Nuestro Sol desapareció su rostro; Y en completa oscuridad nos ha dejado; Pero sabemos que otra vez volverá; Que otra vez saldrá; Y nuevamente nos alumbrará; …”

Con el arresto del emperador, el 13 de agosto de 1521, cesa la resistencia y los españoles se adueñan de la devastada ciudad, algunos cronistas indican que el número de muertos alcanzó la cifra de un cuarto de millón. La derrota no disminuyó el valor del líder azteca pero sí su optimismo. La certeza de que la civilización a que pertenecía había perecido, lo llevó a aceptar el bautismo cristiano y, más tarde, a fungir de funcionario judicial y recaudador de impuestos de los conquistadores entre 1522 y 1524; si bien esta docilidad no impidió que Cortés lo hiciera ahorcar en camino hacia las Hibueras (actual Honduras).

Bernal Díaz del Castillo narra sobre la muerte del último tlatoani mexica de México-Tenochtitlan: “Verdaderamente yo tuve gran lástima de Guatemuz y de su primo, por haberles conocido tan grandes señores, y aun ellos me hacían honra en el camino en cosas que se me ofrecían… Fue esta muerte que les dieron muy injustamente, y pareció mal a todos los que íbamos”. Estas palabras, en boca de un español, ponen en entredicho las verdaderas razones que pudo tener Cortés para matar a los dos señores aztecas.

De acuerdo con el historiador Diego López de Cogolludo, las últimas palabras de Cuauhtémoc: "O capitán Malinche, días ha que yo tenía entendido, él había conocido tus falsas palabras: que esta muerte me habías de dar, pues yo no me la dí, cuando te entregaste en mi ciudad de Méjico; porqué me matas sin justicia”.

Juzgue usted, amable lector.

 

Twitter @jarymorgado
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conoSERbien; sabersinfin

 

 

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