Se cumple otro aniversario de uno de los más grandes inventores mexicanos (Artículo)
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6 de febrero de 2021

 

ConoSER Bien

 

El secreto de la genialidad es el de conservar el espíritu del niño hasta la vejez,
lo cual quiere decir nunca perder el entusiasmo.
Aldous Huxley

El próximo 11 de febrero se cumplirán 183 años del nacimiento de uno de los científicos mexicanos más olvidados de la Historia, el potosino José Francisco Javier Severiano Adolfo Estrada Murguía, mejor conocido como el Tesla mexicano. Y para seguirlo recordando, al día siguiente, 12 de febrero, se conmemorarán 116 años de su fallecimiento.

José Francisco Estrada Murguía (San Luis Potosí 1838–Ciudad de México 1905), hijo del Dr. Francisco Javier Estrada Zapara y de Luisa Murguía Mojica, es sin duda el científico potosino más grande y prolífico e injustamente el menos conocido en la historia de San Luis Potosí y ni que decir de México y el mundo entero.

Francisco Javier Estrada conoció y se adentró en los estudios de mecánica, hidrodinámica, el movimiento de los gases, estática, cinemática, dinámica, electromagnetismo, termodinámica, acústica, meteorología, electroquímica, óptica y medicina (se tituló en 1861 en farmacia). Es en la Rebotica de la Cruz (o trastienda), donde nuestro estudioso de la física comienza a aplicar sus conocimientos de electromagnetismo, diseñando y elaborando sus primeros inventos.

Uno de sus logros, que pocos conocen, es de hecho un momento fundamental para la humanidad, consiguió el encendido de la primera luz de arco eléctrico en el continente americano. Estrada, junto al regiomontano Pedro Dionisio de la Garza Cepeda (primer mexicano con doctorado en el área de la física). Durante un evento de caridad que se realizó en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí (hoy Edificio Central de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí), era noviembre de 1877 cuando obtuvieron ese logro. Esta fecha cobra relevancia si se considera a Thomas Alva Edison el inventor de la luz eléctrica debido al encendido de su bombilla incandescente el 22 de octubre de 1879, es decir, dos largos años después de los trabajos potosinos.

Este éxito no es el único en el legado de José Francisco Estrada. No obstante, el destino no le favoreció: años antes, entre 1863 y 1865, realizó investigación en regeneración dinámica de la electricidad, que no le fue reconocida a nivel internacional, solo para que posteriormente Wilde presentara una ponencia similar ante la Real Academia de Ciencias en Londres.

En 1871 le declaran una de esas extrañas enfermedades: Ataxia locomotriz que vino a limitar dolorosamente sus movimientos y la pérdida de la visión que terminó de perder en 1874, no obstante, continuó con sus clases en el Instituto Científico; sus alumnos iban por él hasta su casa para llevarlo hasta el centro de estudios y lo regresaban.

José Francisco también hizo investigaciones en energía solar, máquinas de vapor con hielo en lugar de combustible, termómetros, telégrafos, barómetros, pianos eléctricos y hasta equipo para anticiparse a terremotos. Con todas esas aportaciones, José Francisco Estrada debería estar en la Rotonda de las Personas Ilustres, en su lugar, tras haber padecido la prolongada ataxia locomotriz y de prácticamente quedar ciego. Fue justamente en ese periodo donde su creatividad e inventiva resultó más prolífica.

No todo en la carrera de Estrada Munguía es triste. Muy a pesar de los plagios de que fue objeto y de la aparente indiferencia con que fue tratado por el mundo de las ciencias, la academia de Ciencias Físicas de París lo nombró su miembro sin haberlo él solicitado. Además, hoy en día la categoría en ciencias del Premio 20 de noviembre lleva su nombre, igual que una pequeña calle en el barrio de Tequis, aun así, parecen pocos los honores que México y San Luis Potosí le han rendido.

Se le otorgó un diploma de la sección de Ciencias Físicas y Químicas del Ministerio de Fomento de los Estados Unidos. La sociedad de Historia Natural de la Ciudad de México, lo nombra Miembro Honorario, el 11 de septiembre de 1879, dispensándole la postulación que rara vez se concedía.

Además de la Máquina con que produjo la luz eléctrica, Javier Estrada Murguía inventó los siguientes productos: Barómetro de Mínima; termómetro metálico; reproducción indefinida de electricidad estática; instrumento para medir la velocidad de la electricidad; empleo de rayos solares como potencia motriz; máquina de vapor sin fuego empleando hielo en sustitución del combustible; explicación del movimiento del radiómetro de Crookes en gases enrarecidos; nuevo telégrafo; varios sistemas nuevos de transmisión telegráfica dúplex; pequeña lámpara de incandescencia.

También se le atribuye: Nuevo manipulador de teclado para el Alfabeto Morse; reformas hechas al telégrafo de Cooper; sistemas diversos de transmisión dúplex; plano eléctrico inventado y descrito en 1878; nuevo micrófono y transmisor a gran distancia y un nuevo sistema de transmisión telefónica con reformas en los teléfonos; predicción de temblores de tierra y erupciones volcánicas verificadas con el auxilio del teléfono; sismómetro registro y advertidor eléctrico; aparato denominado sismófono; balanza geológica electromagnética; nuevos sistemas de comunicación eléctrica entre los telégrafos de las vías férreas y los trenes en movimiento (telégrafo inalámbrico) y estudio sobre el cólera y las moscas, en específico, la propagación de la cólera por las moscas.

Falta mucho por conocer de este científico potosino, poco se habla de él, tal vez porque no protagonizó escándalos ni dio culto a su persona, fue una vida dedicada al estudio creativo y al servicio, vida que terminó el 12 de febrero de 1905. Al morir sus restos tuvieron un fin indignante, ya que acabaron en una fosa común de la Ciudad de México.

 
Twitter @jarymorgado
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