Historia de la turbina dental (Artículo)
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13 de febrero de 2018

Se tiene evidencia que desde las antiguas culturas se realizaban diferentes tipos de arreglos en los órganos dentarios, en la cultura maya, en la odontología se sabe que ellos se incrustaban piedras semipreciosas en los dientes anteriores superiores o inferiores en la que sus cavidades las hacían cuidadosamente preparadas o realizadas, en la cual las hacían con un taladro de cuerda que tenía un tubo duro y redondo parecido a una paja para beber refrescos que lo hacían primero de jade y después de cobre usando como abrasivo una mezcla de polvo de cuarzo y agua, con esto realizaban una cavidad o agujero redondo a través del esmalte dentro de la dentina, aunque a veces perforaban la pulpa.

La odontología preventiva conservadora esperaba el desarrollo de equipos capaces de permitir al profesional tallar dientes con precisión. Desde los días de Fauchard en la cual fabricó un taladro de arco con el que podía cortar o perforar el esmalte de los dientes, también se habían introducido diferentes tipos de tornos, desde el sencillo taladro de anillo de Amos Wescott que se hacían girar entre el dedo índice y pulgar, hasta el elaborado, pero esencialmente ineficaz artilugio mecánico aparecido en Inglaterra en 1860 que consistía en un pesado y tosco mecanismo de relojería.

La máquina de coser con pedal de Issac Singer dio el empuje necesario para salir del atolladero. Charles Merry de San Luis había sacado en 1858 un torno sencillo que se podía usar con una mano, que consistía en un cable corto en espiral que hacia rodar un buril. Accionando de una variante de ese cable con un pedal de pie y una serie de poleas, el ingenioso James Beal Morrison fue capaz de transmitir velocidad suficiente a la fresa para que cortara con suavidad a través del esmalte y la dentina. Recibió su patente en febrero de 1871. Muy pronto la S.S. White Company mejoró el diseño de Morrison introduciendo un cable flexible en el que las líneas de alambre estaban tejidas en ambas direcciones, eliminando el peligro de retrocesos accidentales.

En 1872 la S.S. White Company puso en el mercado el primer torno eléctrico, que había sido inventado por George F. Green, en la cual estaba incorporado directamente en la empuñadura del instrumento, que lo hacía extremadamente pesado e incómodo , de forma que a pesar de las abundantes mejoras introducidas en el torno eléctrico a lo largo de la década siguiente , la mayor parte de los dentistas siguió usando el taladro de pedales, ya que además la mayor parte de los consultorios de campo no estaban electrificados.

A lo largo de la primera mitad de siglo, los dentistas innovadores encontraron que la incomodidad de sus pacientes disminuía con el grado de rotación de la fresa del torno, ya que la vibración se reduce, y se hicieron algunos esfuerzos encaminados a aumentar la velocidad de rotación de los tornos mecánicos a base de complicados sistemas de poleas. El torno manual Page-Chayes, introducido de 1958, fue el primer torno manual movido por correas que rebajaba satisfactoriamente a más de 100 mil r.p.m. En este movimiento se eliminaban todos los engranajes; en su ligar una pequeña correa dentro del torno se desliza sobre poleas con cojinetes de bolas.

El primer torno manual de turbina sin engranes se desarrolló a principios de los cincuenta por el Dr. Robert J. Nelsen mientras trabajaba en la Dental Research Unit del National Bureau Of Standards en Washington. Su máquina accionada por agua. Utilizaba una bomba de agua que movía 1.6 galones por minuto que hacían girar una pequeña turbina en la punta del contra ángulo. Se comercializó en 1954 bajo el nombre comercial de Turbo-jet de 60 mil r.p.m.

Dos años antes en Suecia, Ivor Norlen había patentado un taladro de turbina accionado por aire a presión, este instrumento podía alcanzar 70 mil r.p.m. La fuerza motriz se transmitía por una serie de engranajes por la pieza de mano o contra ángulo hasta la fresa. En 1957 se dio el gran avance por la S.S. White Company del Borden Airotor, el primer torno de aire utilizado clínicamente con éxito, que desarrollaba velocidades de 300 mil r.p.m. y no usaba engranajes.

Colaboración del Museo de Odontología de la BUAP.

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