Una de las actividades más visibles –y vistosas- a la vez que poco comprendida es el Arte. Menos lo que significa para el aspirante y luego el artista profesional permanecer en ella. Es una carrera esforzada, como la cultura física, a la que se asemeja en entrega y dedicación, con la voluntad implícita en ambas. Pero se diferencia de ésta por su refinamiento intrínseco, que requiere un periodo formativo mucho más largo. También, mientras aquélla tiende casi inevitablemente a la competencia, esto es, el Deporte –del que un amigo observó es la “sublimación –en sentido freudiano- de la guerra”-, cuyo objetivo es derrotar al otro, el arte no se resuelve en el marcador de un partido, pues siempre hay un más allá, es una preparación perpetua, como establece el viejo proverbio VITA BREVIS ARS LONGA: la vida es breve, el arte largo.
Pero eso no es todo. La persona “artista” –en ciernes o ya consumada- presenta ciertas cualidades distintivas. Básicamente es más sensible, sensual y emotiva, esto es, percibe sensorialmente más y la afecta más lo percibido, obtiene placer de sus sentidos y vive intensas emociones que expresa libremente. Sus procesos mentales (inteligencia, memoria, imaginación) se nutren de estos insumos y le dan a sus apetencias y producciones intelectuales un tinte característico, que resultan en una visión particular de la realidad no siempre comprendida por la gente común, que suele tildarla de “excéntrica” cuando no de “loca”, pero que entre sus semejantes es lo más natural.
Se trata entonces de entes sociales atípicos, de los que se desconfía en medios convencionales al no encajar su apariencia, comportamiento o ideología en alguna categoría “respetable”, con el consecuente menosprecio y hasta discriminación. (Me sorprendió –y a la vez no- enterarme que los pianistas acompañantes de las escuelas elementales están encuadrados en el “personal de intendencia”, la misma categoría que los encargados del aseo.)
Aún en las Universidades, supuestamente el SUMUM de la Cultura, se ve a los artistas con recelo, siempre con la sospecha de si estarán a la altura de la Institución. ¿Qué esperar entonces de la sociedad “normal”, que sólo los acepta –temporalmente- como panegiristas, entretenedores… o adornos, sin tomar en serio sus opiniones y puntos de vista, como si fueran bufones?
Esto, que suena a visión excesivamente pesimista, casi fantasiosa-negativa del STATUS y papel del artista, describe sin embargo una realidad inadvertida no sólo por los DILETTANTI –los que se deleitan- sino también los estudiantes de Arte –jóvenes casi en su totalidad- que sueñan con una vida de satisfacción –estética, monetaria, afectiva- gracias a su talento, esfuerzo y constancia. De nada valen estas prendas en una sociedad “culturalmente desprotegida” –sarcástica expresión de Monsiváis- que entregará la recompensa del reconocimiento y prestigio a los demagogos del Arte, los que “hacen que hacen” y no los genuinos artistas.
No es para desanimarse, sino tener en cuenta desde el principio que la diferencia entre una y otra “vida de artista”, la real y la posible, se encuentra en la dimensión histórico-política de las cosas, que habrá que modificar para que éstas cambien –para bien: para mal lo hacen solas-.
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.








