Artículo de Alicia Flores: La literatura marginal
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22 de enero de 2023

 

La literatura marginal     

                                      

La violencia que vivimos ahora en el país y que invade

las primeras planas de los periódicos es un veneno. El contraveneno, el antídoto, se llama cultura.

Ignacio Solares



Imbuida del fervor que las anteriores palabras despertaron en mí, y por el hecho de haber llegado tarde a la literatura y a la promoción cultural, quise reponer el tiempo perdido y uniéndome a una cruzada en Casa de cultura de mi ciudad natal, Las Choapas Veracruz, hice un proyecto que contemplaba el siguiente algoritmo: convocatoria; taller de creación literaria, reuniones para revisión, corrección y pulido de textos, capacitación de dos días para editar en computadora, curso para manufactura artesanal de libros, búsqueda de patrocinios para insumos, impresión y difusión escolar con programas de Fomento a la Lectura. Una vez completado el ciclo, cada tallerista retomaría el primer paso, crearía su propio grupo y en mi pequeña ciudad los escritores, los lectores y las ediciones de libros crecerían como la hierba (que en ese lugar ubérrimo hay que recortar cada cuatro días, so pena de morir asfixiado).

Después de cinco años de experimentar las consecuencias de ser “Pendeja con iniciativa” y tras peregrinar varios caminos, mis vivencias y conclusiones —pequeñas para llamarlas experiencia— van, porque lo que no se comparte, se pierde.

Las autoridades siempre verán la literatura en el mejor de los casos como un lujo, y en el peor como una banalidad; nunca la contemplan como la más noble de las artes, por barata: así como para jugar fútbol solo se necesita una pelota, para escribir solo se requiere de pluma y papel…todos los demás etcéteras como talento, disciplina, voluntad e inteligencia son capitales humanos gratuitos, y ciertamente, el que alguien cultive un arte es una especie de vacuna: en lugar de destinar cifras estratosféricas a combatir la delincuencia organizada, la drogadicción y el enganchamiento de los adolescentes, se podría hacer con la cultura, una tarea de prevención.

 Empero, los presupuestos siempre se tiñen del color del partido reinante:  los líderes políticos prefieren pasar a la posteridad como constructores de atarjeas y no como mecenas de la cultura; los diálogos acerca de las ideas y necesidades reales para fomentar las disciplinas artísticas son esclerosantes y subjetivas, y se justifican con las necesidades apremiantes de otros sectores; sus delegados culturales con presupuestos de sobrevivencia, tienen que negociar y renegociar constantemente partidas especiales para realizar sus actividades.

 Tal insensibilidad no es unilateral: si el encargado no es una persona comprometida con la comunidad, o carece de una verdadera formación de trincheras, toma el nombramiento como símbolo de prestigio intelectual y social, y se dedica a hacer acto de presencia en eventos públicos, convierte sus ámbitos en foros de amigos que bajo la presunción de “ortodoxos”, excluyen a los que no comulgan con sus ideas.

 Mas estemos tranquilos: estos vaivenes y la crisis económica nacional no afectan a la literatura de provincia, ella hace años está lejos del bien y del mal porque es una enferma terminal, y los que pretendimos ser promotores culturales nos volvemos “jaladores literarios”: jalamos de aquí y jalamos de allá.

En el tránsito al conocimiento, tuve contacto con escritores marginales que crean sus propios espacios alternativos para poder expresarse, personas que ignoran los alcances de su gran talento. Ellos tienen años en la manufactura de periódicos escolares, boletines, magazines, gacetas, revistas literarias y hasta libros, y han ido un paso más allá: hacen la distribución —que es donde más se atora el libro— de casa en casa, en mercados, medios de transporte público, banquetas o centros comerciales. Aportan —aparte de su escritura— algo parecido a una identidad y se autorescatan en ese solitario quehacer. No escriben para concursos,  no están comprometidos  para entregar una obra prefijada, ni cazan el momento histórico o político oportuno; expresan su sentir a través del manejo de lenguajes innovadores, personajes revolucionados, situaciones cotidianas, problemas lacerantes; y además, no se lamentan ni pretenden plantear soluciones: no persiguen una meta, simplemente caminan. Cuando investigué si registraban sus obras en derechos de autor, ante su respuesta negativa, pregunté perpleja: “¿No tienen miedo que los plagien?”, respondieron con auténtico regocijo: “¡Quisiera que me plagiaran!,  eso indicaría que les gusté”.

  Se requiere ajustar el lente, hacer nuevos enfoques, no solamente entre las autoridades o en la sociedad,  sino entre nosotros mismos para adquirir conciencias que nos hagan crecer como escritores, que posibiliten enriquecernos con otras influencias; que revitalicen, reinventen, recreen la fabulación; que nos permitan renacer a partir de antiguos moldes con formas literarias nuevas. El periodista colombiano, Eduardo García Aguilar escribió en 2009:  “La verdadera literatura del mundo está en la voz de los autores desconocidos, de las provincias o barrios marginales de las capitales, aquellos para quienes vivir y escribir es ya un premio, tan extraordinario como el Nobel”.

Tal vez algún día que se pretenda reescribir el Siglo XXV, se estudie la transformación de la sociedad del XXI a partir de los conceptos de aldea global, y de fe el periodismo de la caída de los arquetipos religiosos, sociales, monetarios, políticos, ecológicos, sexuales y de género,  esta literatura sea la que sobreviva, y —en lugar de los premios literarios  o los best sellers— estos autores sean los consultados para averiguar el auténtico sentir del pueblo.

Como dice José Saramago: “La historia fue vida real en el tiempo que todavía no se llamaba historia”.
                                                                                                            

 

 



Alicia Flores Ramírez (Las Choapas, Veracruz, 1946).
Doctora y escritora.
Fue fundadora del taller literario Hi-le-tre-an-do en su ciudad natal y representante en Puebla de Escritores del Golfo (sociedad veracruzana de escritores). Mediadora activa en el programa estatal de Fomento a la Lectura en el estado de Veracruz. Ha sido distinguida con importantes premios.

Algunas publicaciones
 
Poesía
Naufragio. 2005.
Las 1001 emociones. 2006.
Atributos Florales. 2008.

Cuentos
Esperar lo Inesperado. UNAM, 2008.
Cuentos del Sótano I y III. Endora, 2009.Universidad Veracruzana, 2010.
Suave de sur a norte. Gobierno del Estado de Veracruz, 2018.

Novelas
Una retratista en la Corte de Enrique VIII. Planeta, México, 2009.
Lagunas Mentales. Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2011.
Cañita Cuahuzayoly. Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2014.
Un Rescatista en la Corte de Felipe II. Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2015.
El Faro de Sierra Negra. Editorial de Educación y Cultura, 2015.
Pasajeros sin Huellas. 2017 Fomento Editorial de la BUAP, 2017.
Acuérdate de olvidarme. Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2018.