Nada material nos llevaremos a la tumba (Artículo)
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10 de julio de 2022

 

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La riqueza consiste mucho más en el disfrute que en la posesión.
Aristóteles

Todo lo material se quedará en la tierra cuando tengamos que partir. Nuestra alma abandonará el cuerpo y solo nos quedarán las experiencias que alimentaron nuestro espíritu.

El valor verdadero de las cosas va más allá de su precio. Las posesiones materiales cumplen una función especial en nuestra vida y satisfacen algunas de nuestras necesidades; aportan a nuestro bienestar, pero no depende de ellas nuestra felicidad.

A lo largo de nuestra vida vamos acumulando cosas que son de nuestro agrado, porque nos resultan útiles o porque les otorgamos un valor sentimental. Solo cuando hacemos limpieza en el closet o en la bodega, nos damos cuenta de todo lo que, innecesariamente, hemos guardado por años.

La adquisición de cosas materiales es un proceso que se ha juzgado desde distintas miradas. Hay mujeres que compran bolsos de altísimos costos y otras que juzgan de inútil un gasto de esa magnitud en un objeto que pueden encontrar a un precio mucho más bajo. Algunas personas gastan en zapatos de marca mientras otras prefieren destinar ese dinero en un viaje de placer.

Cada quien tiene su postura al respecto a partir de sus propios gustos e intereses. Yo, en lo personal, creo que toda opinión es respetable en tanto que cada quien tiene sus motivos para decidir en qué gasta sus recursos.

Sin embargo, me parece que todos debemos tener presente esto: la materia pertenece al mundo terrenal y por lo tanto, no vale la pena gastarnos la vida en una carrera por adquirir cosas o propiedades, pues de lo contrario, nos privamos de hermosas experiencias por el afán de conseguir una riqueza material.

Tal como lo dice la frase de Aristóteles con la que he abierto este artículo, la riqueza consiste más en el disfrute. De tal modo que podríamos considerar que tiene mayor riqueza una casa pequeña en la cual sus habitantes gozan, ríen y la pasan bien, que una casa inmensa donde la familia no se tolera ni comparte momentos felices.

Así, el precio de un objeto pasa a segundo plano si nuestro principal objetivo es el disfrute de las experiencias. Bien dicen que mucha gente que posee una gran riqueza material, puede estar viviendo en extrema pobreza espiritual.

Con esto no quiero decir que la carencia nos acerca más a la felicidad. Aquellos que tienen dificultades económicas y juzgan a los “ricos” de malos o insensibles, están reflejando no solo una pobreza económica, sino también una pobreza interior.

Si anhelamos una riqueza espiritual más que una riqueza material, empezaremos a entender el verdadero valor de las cosas. Dejaremos de juzgar la materia por su precio y sobre todo, procuraremos alimentar nuestra alma antes que nuestro bolsillo.

También dejaríamos de juzgar a la gente por lo que posee, entenderíamos que una marca no define el valor de tus cosas y que la decisión de gastar o no en algo de alto precio no determina a las personas.

Una vez arraigada esta forma de mirar las cosas materiales, podremos concentrar nuestra atención en aquello que sí llevaremos con nosotros al momento de partir: las experiencias a las que se expone nuestra alma.

Las experiencias vividas son las que nos dotan del aprendizaje profundo. He conocido historias de personas que, a partir de un suceso trágico, han logrado entender que no vale la pena enfermarse o abandonar su familia solo por conseguir un mejor estatus social.

Tanta gente que pasa la vida trabajando de sol a sol y llega a la vejez sin nadie que lo acompañe, y sin haber tenido tiempo siquiera de gastar su riqueza.

El equilibrio entre trabajo y disfrute, o materia y experiencia, se dan naturalmente cuando se busca enriquecer el alma a través de los buenos momentos.

Parece imposible pero estoy seguro de que una persona de bajos recursos puede llegar a ser tan feliz que la persona más rica del mundo. Así mismo alguien de mucho dinero puede ser tan infeliz como una persona en extrema pobreza de bienes. Lo que hace la diferencia es la forma como asumimos la verdadera riqueza.

Otra situación que he visto con frecuencia es que aquellas personas de pocos recursos que no pueden dar el valor real a las cosas materiales, se vuelcan en contra de todo lo “caro”, juzgan y se pelean con la abundancia financiera y a las personas que gozan de una economía buena o estable, las señalan constantemente. Cuando una persona cae en esta situación, bloquea toda posibilidad de alcanzar un mejor nivel económico pues de lo contrario, estaría convirtiéndose en aquellos a quienes juzgó. Aunque sea difícil de creer, es este el motivo de la pobreza de muchos.

En resumen, las cosas materiales son solo agregados que nos pueden dar algo de comodidad y alegría, puedes o no adquirir un auto costoso, o un celular de alta gama, pero lo que resulta de suma importancia es tener siempre presente que la felicidad puede encontrarse en cualquier estatus social, y ante cualquier nivel económico.

No olvides, querido lector, que la felicidad es un estado, y bien dicen que no se puede comprar.

Con pocas o muchas posesiones materiales, viviremos situaciones trágicas y momentos de inmensa alegría. La materia es una parte importante en nuestra vida pero no determina nuestro valor, ni nuestra felicidad. Las cosas nos acompañan en este breve periodo de tiempo en el que existimos hoy.

Lo único que perdurará a la muerte, son aquellas experiencias vividas, los momentos compartidos y el aprendizaje de nuestro espíritu.

 

Salvador Calva Morales es rector del Sistema Universidad Mesoamericana. 
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