PRINCIPIO DE MOTIVACIÓN POR EL CONTENIDO TERMINAL DEL APRENDIZAJE
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PRINCIPIO DE MOTIVACIÓN POR EL CONTENIDO TERMINAL DEL APRENDIZAJE

Por: Rafael Flores Fiscal*

 Hace tiempo charlaba con un colega sobre los problemas a los que nos enfrentamos en nuestra profesión de profesores, la charla de forma inadvertida se centró en un problema que inició con la exclamación de mi colega: -¡Si tan sólo los alumnos vinieran motivados a clase...!, acto seguido exclamé: -¡Ah si consiguiéramos motivarles de alguna manera! Pues sí, tener alumnos motivados es siempre un reclamo legítimo de los profesores, pero también, es una gran responsabilidad tener que motivarlos.

 

 

 

 Recuerdo que cuantas veces he tenido la oportunidad no he dudado en afirmar que “no hay alumnos tontos...”, lo que no hay son profesores motivados, claro está, sin el afán de generalizar. Es cierto que muchos profesores hacen encomiables esfuerzos al preparar su clase, al enseñar, al evaluar, pero que nos olvidamos que todos esos esfuerzos deben ser orientados al alumno (persona). En la literatura existente sobre el tema de la motivación escolar infinidad de tratados, teorías, investigaciones, hasta recetas, guías, etc., de las cuales, se rescatan teorías, conceptos y acciones muy importantes, pero también nos encontramos grandes trivialidades que no hacen otra cosa que condenar al fracaso a aquellos profesores que intentan llevar a la práctica las “sesudas recetas de cocina” que nos encontramos por todos lados. En esta época de la inmediatez y de la insensatez, parece que la reflexión sobre lo que hacemos se reduce a “conocer” como aplicar tal o cual método sin más ni más. Conozco de sobra los “sufrimientos” de profesores que aducen haber hecho hasta lo indecible por motivar a los alumnos, intentos que algunas veces son en extremo trivializados.

 La súplica de algunos profesores por recibir en clase “alumnos motivados”, siempre se cumple, por que creo que nadie anda por ahí en la vida sin nada que lo motive para bien o para mal. ¿Cuántos de nosotros no hemos sido testigos o hasta experimentado casos de alumnos o familiares en los que se denota un alto nivel de inteligencia, capacidad para emprender y organizar proyectos, alto nivel de dedicación-esfuerzo y atención para aquellas actividades que emprende por su propia cuenta, una imaginación constructiva y lógica fuera de lo común; pero que, sin embargo, son alumnos de bajo rendimiento académico, considerados incluso en muchos de los casos por algunos profesores como alumnos “problema” y reportados de esa manera a sus superiores? 

  Hace tiempo conocí el caso de un estudiante de bachillerato, que le costaba mucho trabajo estudiar y aprobar las materias, que incluso había sido enviado al departamento de psicología más de una ocasión para que diagnosticarán las causas de su bajo rendimiento académico. La lista de padecimientos psicológicos realmente espantaba, por su parte los maestros no se cansaban de recordarle que era un pésimo estudiante y que estaba condenado a ser una persona mediocre. Pero resulta que un buen día un profesor –que por cierto contagiaba a todo el grupo con su motivación hacia la materia- le pidió que hiciera una presentación de la historia prehispánica, específicamente sobre la cultura azteca y que además que se apoyara en la computadora para presentar ese trabajo y que sólo disponía de 10 minutos para tal efecto. Me consta que este estudiante se dio a la tarea de buscar, escuchar y seleccionar música de grupos autóctonos, de platicar con profesores de Historia, de leer enciclopedias sobre los aztecas, de ver y analizar documentales sobre la cultura azteca, al mismo tiempo que en la computadora ayudado por software de multimedia (que aprendió de forma autodidacta) construía la presentación, misma que incluyo textos haciendo las citas correspondientes, animación, video, música, en fin, produjo y editó un DVD de 10 minutos de duración. El resultado fue la sorpresa del profesor que no le quedó otra que reconocer frente a sus compañeros la calidad del trabajo realizado y por consiguiente el reconocimiento de sus compañeros. Resulta que a partir de ese momento el rendimiento académico se incrementa en todas las asignaturas, su trabajo fue premiado en más de una ocasión en varios concursos, hoy día este estudiante tiene registrados más de 50 poemas en la oficina de derechos de autor de la Secretaría de Educación Pública. Me pregunto: ¿este estudiante estaba o no motivado? Parece ser entonces que la motivación siempre está presente, pero que como profesores debemos conocer la localización del botón que catapulte a los estudiantes hacia los intereses y motivaciones relacionadas con su formación educativa, donde el profesor sea “puente que comunica” al alumno con los contenidos de la asignatura.

 Lo anterior me lleva a proponer una serie de fuentes de motivación, dentro el marco de lo que se ha llamado invariantes metodológicas, es este caso relativo a la motivación. En tal sentido hoy tocaré una de las fuentes de motivación más potentes, se trata de la motivación por el contenido terminal del aprendizaje o motivación intrínseca.

 No hay motivación más potente que la motivación con la que contagiamos a los alumnos. Para nadie es un secreto cómo se dispara el aprendizaje en aquellos alumnos a los que logramos contagiar con nuestra motivación y entusiasmo, en el campo de los conocimientos que nosotros mismos cultivamos con interés y entusiasmo. Un profesor motivado y entusiasmado con los contenidos de su materia y, por supuesto, por la materia en sí, es un elemento que estimula fuertemente a sus alumnos. Por el contrario, profesores faltos de motivación y de interés hacia el campo del conocimiento que él mismo cultiva con desmotivación y desinterés provoca en sus alumnos el mismo efecto, en suma no podemos dar lo que no tenemos.

 La motivación intrínseca es muy rentable pedagógicamente hablando, toda vez que produce más aprendizaje (dimensión cuantitativa de contenidos) y de mejor calidad interna (estructuración de relaciones conceptuales de más alto nivel), más duradero (dimensión temporal) y más transferible a situaciones inéditas (dimensión externa). 

 Una forma de ir impregnando pedagógicamente al alumno, consiste en apoyarnos en los intereses que el alumno trae a la escuela para interesarle por los intereses que la escuela trae al alumno. De tal forma que si un profesor con un poco de imaginación pedagógica, consigue relacionar su materia con algo intrínsecamente motivante para el alumno, no cabe la menor duda que la motivación del alumno hacia el contenido de la materia irá cambiando positivamente.

 

*Rafael Fiscal Flores (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es Maestro en Educación Superior y especialista en informática, actualmente es Coordinador de la Ingeniería en Desarrollo de Software de la Universidad Realística de México.

 

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