ALGUNAS CONSIDERACIONES ÉTICAS Y MORALES EN TORNO A LA GRATUIDAD DE
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Se podría hacer una encuesta para saber si la gente pobre de México y los contribuyentes cautivos habrían consentido pagar los gastos de los graduados universitarios que ahora son diputados, senadores, asambleístas, dueños de partidos políticos,  asesores de la APPO o miembros del EPR o que simplemente se fueron del país a laborar en una gran empresa privada (lo cual no es del todo criticable)

 

 


Qué pensará el jornalero de Zacatecas cuando se le diga que debe contribuir a los gastos que generan los alumnos de la UNAM, sabiendo que sus propios hijos jamás pisarán un campus universitario pues si acaso, terminarán únicamente la primaria.

 

 
Qué pensarán los albañiles cuando vean que a la UNAM acuden miles de jóvenes vistiendo ropa de marca y con carros nuevos y que, sin embargo, les deben costear sus gastos.

 


Y mirando las frías estadísticas de la UNAM donde de cada cien jóvenes sólo aceptan diez  (se puede demostrar que los aceptados son los que mejores condiciones económicas tienen) y de estos sólo uno se llega a graduar (también se puede demostrar que los graduados pertenecen a los alumnos de las familias en mejor situación económica).


Qué pensará Juan Pueblo cuando vea que éste graduado no es ni lejos, un joven que provenga de las familias en extrema pobreza, sino alguien que no quiso pagar la colegiatura en el Tec. de Monterrey aún cuando podía hacerlo. ¿Votará por que la educación en la UNAM siga siendo “gratuita”, es decir, a costillas de los pobres?

 

 
El sistema de educación gratuita ha creado una fiesta donde unos la pagan y nunca la disfrutan y otros la disfrutan y nunca la pagan.  Este absurdo, hasta Carlos Marx lo previó. En efecto, cuando criticaba a La Salle (quien proponía educación pública y gratuita a  cargo del Estado) Marx le replica airadamente  que lo único que iba a lograr es que los pobres pagaran la educación de los ricos.

 


Hasta hoy día, no conozco a ningún Licenciado, Maestro o Doctor que esté dispuesto a trabajar gratis para el pueblo pobre que le dio educación. Al contrario, tratará de obtener mejores sueldos (lo cual no es criticable) y difícilmente un médico de la UNAM le perdonará el pago de la consulta a un obrero.

 


Una cosa es clara y demostrable: el sistema de educación gratuita no da títulos de Doctor, ni de Maestro ni siquiera de Licenciado a un miembro de ese sector de la extrema pobreza, que son los mayores “donantes” de recursos, por eso están pobres. Para convencernos de ello, recordemos que el petróleo es de todos los mexicanos y ellos, los de pobreza extrema, también son mexicanos. La parte que les correspondería del petróleo, casi todo se va para mantener las escuelas y universidades gratuitas. Quiere decir que realmente aportan una gran cantidad de recursos, aunque nunca se les pregunta si están de acuerdo.

 

 
Con toda esta argumentación se puede sostener que el sistema de educación pública y gratuita que hay en México está asentado sobre transferencias no voluntarias. Es decir,  implican coacción, impuestos. Y como los impuestos se pagan a fuerzas, es semejante cuando el ladrón te pide la cartera a cambio de no agujerearte la panza. Es decir, los impuestos son casi robo, casi delincuencia. Por tanto, la educación pública y gratuita está sostenida en casi delincuencia. Esto tiene graves implicaciones pues significa que la UNAM vive de delincuencia y los que allí enseñamos, laboramos o estudiamos nos convierte en delincuentes (porque usamos recursos mal habidos, forzados, coactivos).